DEPRESIÓN

22 enero 2017

La activación conductual para tratar la depresión

Los orígenes de la activación conductual

Hace ya décadas, algunos autores se dieron cuenta de que, cuando las personas buscaban estar contentas, gratificadas, entretenidas… y emprendían acciones para lograrlo pero no lo conseguían, ocurría que su mente comenzaba a fijarse precisamente en esos alicientes que, por los motivos que fueran en cada caso, no acababan de estar a su disposición. Al fijarse sólo en ellos y no atender a otras posibilidades que sí estaban a su disposición, dejaban de esforzarse en estas. Resultado: la persona no tenía gratificaciones en su vida, se alejaban socialmente, dejaban de hacer cosas. Se instauraba entonces un círculo vicioso de pasividad general y abatimiento que dirigía hacia una depresión.

Al darse cuenta de este patrón, propusieron terapias orientadas a reducir la evitación generalizada en la que la persona deprimida estaba instalada: se le ayudaba a hacer listas de potenciales actividades agradables, por pequeñas que fueran, y se le animaba a reactivar alguna interacción social.

La influencia del modelo cognitivo

En paralelo, otras investigaciones también hablaban de la importancia de los pensamientos que predisponían y agravaban la depresión. Ambos enfoques acabaron complementándose y, en muchas de las terapias psicológicas se aplicaban ambos enfoques integrados. Según los casos, se empezaba por uno o por otro, en función de lo que el psicólogo observaba en la persona o según su planteamiento teórico de origen.

La aportación farmacológica

Junto a estos tratamientos, la industria farmacológica también avanzaba en elaborar y mejorar fármacos antidepresivos con la doble intención de potenciar sus efectos antidepresivos y reducir sus efectos secundarios desagradables. Los inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina, y luego también de noradrenalina, comenzaron a aplicarse conjuntamente con las dos terapias psicológicas anteriores combinadas.

Sin embargo, la investigación parecía encaminarse hacia que, de entre todas las estrategias, las más potentes para predecir el cambio terapéutico eran las conductuales, sobre todo en depresiones severas donde la intervención en pensamientos puede resultar muy dificultosa. Es ahí donde nacen los esfuerzos por implementar la terapia de activación conductual para la depresión.

La programación de actividades

Uno de los componentes más importantes en la terapia de activación conductual para la depresión, la programación de actividades, parece ser el más relevante y efectivo. Dado el bajo coste para llevarlo a cabo es uno de los aspectos a tener siempre en cuenta. Aunque no siempre es fácil llevarlo a cabo.

El problema de la motivación en la activación conductual

Uno de los escollos fundamentales para que una persona deprimida se comprometa con un programa de actividades es la falta de motivación. Por este motivo, es de fundamental importancia la explicación que el psicólogo le proporcione sobre el objetivo de la planificación de actividades dado que, si no se hace adecuadamente, puede provocar que la persona sienta que su psicólogo no entiende la profundidad de su sufrimiento.

Es importante comprometerse con el tratamiento

La persona deprimida debe comprender, pero también estar de acuerdo con esta explicación para comprometerse en el tratamiento y colaborar activamente con él. Así, el cambio podrá venir de fuera hacia dentro: mejorando las actividades externas, planificando objetivos progresivos y avanzando, mejora la autoestima, se reactiva la activación, como un motor poniéndose en marcha que comienza a ser capaz de ver y experimentar que pasa algunos ratos agradables.

La rumiación

La terapia de activación conductual observa, no obstante, también, que las personas deprimidas muchas veces pasan horas rumiando ideas negativas y por eso plantea que es importante actuar sobre ella pues, en muchas ocasiones la rumiación no es sino otra de las conductas problemáticas, tratándose de nuevo de una evitación. Una evitación que, además, puede interferir seriamente con la eficacia de las actividades reforzantes que tanto está costando implementar a la persona deprimida.

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