ADICCIONES
26 marzo 2018


Adicciones: lo que hay bajo la superficie

Muchas personas preguntan al psicólogo por qué hay quién se hace adicto, qué es lo que diferencia a las personas para que se genere en ellas una adicción y en otros no.

Cómo prevenir la adicción

Aunque habrá quién se sorprenda, una de las mejores formas de protegerse de una adicción es invertir tiempo y esfuerzo en llevar una vida gratificante y repleta de proyectos. Preguntarse: ¿qué es lo que me gusta hacer?, ¿qué aspectos hay en mi vida que no me gustan? puede hacer que nos movamos con valentía hacia objetivos enriquecedores y alejemos de nosotros relaciones y entornos que nos hacen daño. La adicción es siempre el aspecto visible de una insatisfacción más profunda, del dolor que nos generan estilos de vida que nos disgustan. La acumulación de ansiedad, estrés, frustración o decepción que no sabemos cómo gestionar, predispone a ser más vulnerable a la adicción.

Síntomas de la adicción

Imagina que te sientes muy nervioso cuando no puedes hacer o tomar algo que te gusta. Imagina que dedicas una gran cantidad de energía mental o física a ese tema. Imagina que, cuando no puedes hacerlo o tomarlo, te sientes impotente, agresivo, ansioso. Imagínate que cada vez necesitas tomarlo o hacerlo más, que cada vez lo tomas o lo haces en más sitios. Imagina que todo esto acaba alterando alguna parcela de tu vida, ya sea social, laboral, académica, o que te hace sentir muy mal. Entonces es cuando podemos hablar de adicción.

Tipos de adicciones

Hace años, sobre todo con el auge de las drogas en los años 80, las personas identificaban el término adicción con drogadicción. Se pensaba en la adicción como el consumo progresivo de una sustancai que provocaba síndrome de abstinencia al interrumpir el consumo. Pero muchas de las adicciones que tratamos los psicólogos no tienen nada que ver con una sustancia.

Adicción química

La adicción química es, pues, la que la mayoría de las personas conocen. La persona se inicia en un consumo ya sea al alcohol, el tabaco, las pastillas, la cocaína, el hachís, la marihuana, etc… y, después de un periodo de uso puramente recreativo y esporádico de la sustancia, el consumo comienza a hacerse más frecuente, más ligado a situaciones concretas y se necesita más cantidad para obtener el mismo efecto. Son estos los procesos conocidos como tolerancia ( cada vez necesito más para lo mismo) y abstienencia ( me encuentro mal si no lo tomo). Poco a poco, la sustancia  comienza a tomarse también para manejar las emociones negativas, para olvidarse de los problemas, para desconectar. O para aumentar las emociones positivas que nuestra vida no tiene. Según la sustancia y la persona, puede pasar mucho tiempo desde que uno comienza a consumir hasta que el entorno se da cuenta de que tiene un problema. Él o ella es el último que se da cuenta que lo tiene, pues darse cuenta implica

Adicción no química

Pero no todas las adicciones están relacionadas con una sustancia. Cuando existen carencias, éstas pueden llenarse también con conductas, con personas, con dispositvos. El patrón es el mismo: comenzamos, por ejemplo, a manejar el móvil por trabajo, por comunicarnos, por distraernos con las redes sociales, pero cada vez nos pone más nerviosos no consultarlo, no responder a aguna notificación, apagarlo; al final lo usamos como modo de vida para evitar las emociones como el aburrimiento, la soledad, el enfado o la tristeza. Lo mismo puede ocurrir con las compras compulsivas, el sexo adictivo o las relaciones tóxicas.

Tratamiento de la adicción

El tratamiento de la adicción, ya sea química o no química, es posible. En ocaciones, no es fácil. Uno de los pasos más importantes es la toma de conciencia, el haberse dado cuenta uno mismo de que se le ha ido de las manos, porque ahí acaba la mistificación, es decir, el autoengaño habitual en la adicción. En ese momento, se está en el punto óptimo para comenzar un tratamiento. Antes de ese punto, en otras fases previas de la toma de conciencia, el tratamiento es muy complicado y normalmente va dirigido simplemente a ayudar a la persona a que avance por esos estadios de cambio que le lleven a darse cuenta de que realmente es posible que tenga un problema serio.

Una vez comenzado el tratamiento, éste no consiste sólamente en dejar de tomar esa sustancia o dejar de realizar determinada conducta. Este es el comienzo del tratamiento, y es muy importante para que el cerebro recupere su funcionamiento normal y pueda valorar las situaciones con más objetividad. Pero luego viene el verdadero trabajo: entender las funciones que la adicción estaba cumpliendo en la vida y diseñar con el psicólogo estrategias alternativas para conseguirlas. Más adelante viene la prueba de fuego: enfrentarse a situaciones potenciales con las herramientas aprendidas. Y, por último, pero importantísimo, diseñar un sólido plan de prevención de recaídas.

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