Tratamiento psicológico del dolor crónico

El dolor es una experiencia habitual y desagradable de nuestra vida. Como pasa con la ansiedad, las personas suelen comentar al psicólogo que viven el dolor como algo esencialmente negativo. Sin embargo, el dolor, sobre todo el agudo, tiene una importante función protectora para nuestro organismo: nos avisa de cuando algo va mal en nuestro cuerpo o de situaciones potencialmente peligrosas para él.
El dolor crónico, por contra, carece de ese valor adaptativo y supone un verdadero problema para la persona, derivando con frecuencia en ansiedad y depresión.

La labor del psicólogo en el tratamiento del dolor crónico consiste en ayudar a convivir con la percepción de dolor mediante el entrenamiento en diversas técnicas psicológicas. La intervención del psicólogo también va dirigida a dialogar con nuestro dolor de otra manera y a retomar las actividades que estamos abandonando por su causa.

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niño con ansiedad

Lo cierto es que la llegada de las terapias de tercera generación a la psicología ha tenido una gran repercusión en el tratamiento del dolor crónico. Aunque muchas de las técnicas psicológicas anteriores se mantienen, se incorporan a nuestras consultas de psicología técnicas nuevas que mejoran ostensiblemente el pronóstico.

En el tratamiento del dolor crónico sigue siendo importante el enfoque tradicional de reducir la tensión muscular asociada a la lesión, detectar los pensamientos sobre el dolor que interfieren en nuestra vida, retomar actividades placenteras para mejorar el estado de ánimo, realizar ejercicio físico adaptado a los objetivos particulares y trabajar con la familia.

Lo que han venido a aportar las terapias de tercera generación al tratamiento del dolor crónico es el concepto de aceptación mindfulness y compasión. Promover una aceptación activa de la vivencia actual del dolor (“vamos a ver si puedo estar ahora, en este momento, con este dolor”) y saber darnos apoyo, compasión y alivio emocional a nosotros mismos (es decir, activar el sistema genético de tranquilización con el que venimos equipados) puede marcar una diferencia en el tratamiento del dolor crónico. Para el tratamiento del dolor crónico ayudan técnicas mindfulness como el escáner corporal, que produce una reconexión con el cuerpo más allá de las rigideces de atender sólo a las experiencias de dolor que no envía.

Qué es el dolor

El dolor es una experiencia que tiene el ser humano, una experiencia que consta tanto un componente sensorial como un componente subjetivo, y esta experiencia puede darse tanto cuando hay una lesión física como cuando no la hay. Por este motivo, no es sólo el médico el que atiende el dolor, sino también el psicólogo.

Dolor agudo

El dolor agudo es un dolor actual, es decir, un dolor que lo percibimos justo cuando el estímulo que nos ha provocado el dolor está actuando ahora en nuestro cuerpo o acaba de actuar. Por ejemplo: nos acabamos de quemar y sentimos dolor y escozor en la zona que ha estado en contacto con la fuente de calor; o nos hemos dado un golpe en el codo con la punta de la mesa y sentimos un dolor punzante en esa zona; o la espalda nos avisa de la contractura que tenemos en uno de los músculos cuando nos sentamos de una manera inadecuada. El dolor agudo tiene una importante función protectora porque nos avisa de que algo ha provocado una lesión en nuestro cuerpo que debemos atender para curar.

Dolor crónico

El dolor crónico es una experiencia mucho más compleja dado que puede persistir aún después de que la lesión haya desparecido o incluso puede aparecer en ausencia de lesión alguna. Esto no quiere decir que la persona sea una exagerada o se esté inventando el dolor, sino todo lo contrario: su cuerpo le está enviando señales de dolor como si hubiera una lesión, y sufre como tal. En este caso, el dolor deja de tener una función protectora y pasa a ser un problema en sí mismo. Por este motivo, el dolor crónico es importante que sea atendido también por psicólogos.

Procesos relacionados con el dolor crónico

En algunos casos, después de una lesión corporal, el dolor queda cronificado, conviertiéndose en dolor crónico, en virtud de alguno de los siguientes procesos.

Alodinia

El primero de ellos es la alodinia: en la alodinia se produce una reducción en el umbral del dolor, trayendo como consecuencia que se despierte una percepción dolorosa con estímulos de baja intensidad como presión, calor, estiramiento, contracción, frío, etc.

Hiperalgesia

El segundo de los efectos es la hiperalgesia, que consiste en que el cuerpo reacciona de una manera aumentada a un estímulo que sí era nocivo, ya sea un corte, un golpe, etc.

Dolor persistente

El tercero es denominado dolor persistente y consiste en que el dolor persiste más rato del habitual después de que el estímulo que lo ha provocado ha desaparecido.

Dolor referido

El último proceso es el llamado dolor referido, y consiste en que el dolor se extiende a tejidos no lesionados

Por qué persiste el dolor cuando la lesión ha desaparecido

En ocasiones, de producen cambios en las funciones de nuestro sistema nervioso central después de una lesión. Estos cambios pueden producirse en virtud de la plasticidad neuronal o neuroplasticidad, pues es sabido que las neuronas pueden cambiar no sólo su función, sino incluso su estructura o su perfil químico. Esto es así porque los seres humanos tenemos la capacidad de anticipar los peligros, es decir, tenemos la capacidad de ponernos en guardia aún cuando el peligro no se ha producido porque hemos sacado conclusiones de anteriores situaciones de dolor o peligro; digamos que hemos intentado “aprender” de esas situaciones para protegernos.

Esta función, protectora en muchos casos, puede convertirse en un problema serio en el dolor crónico, pues el miedo a cualquier situación, actividad o conflicto en el que pensemos que puede reactivarse el dolor puede hacer que abandonemos esas actividades y debilitar así nuestra musculatura y flexibilidad, además de empeorar nuestro estado de ánimo y ponernos en un estado de estrés permanente que, paradojicamente, genera más dolor por la tensión muscular. Los psicólogos estudiamos estas conductas para ver que función están cumpliendo en la persona y desactivarlas si fuera necesario.

Formas de afrontar el dolor crónico

La persona con dolor crónico hace lo que humanamente puede. Sus actitudes son la mejor forma que ha encontrado para elaborar lo que le ocurre. Con todo, algunas de estas formas de afrontar el dolor crónico le van a traer más problemas, por ello es importante analizarlas y ofrecer la posibilidad de que pueda entrenar la estrategia que mejor funcione con un psicólogo.
Entre las de peor pronóstico están las actitudes de catastrofismo y desamparo, ya que correlacionan con más dolor. La estrategia de aceptación activa, por contra, se ha asociado con menos dolor, menor sufrimiento emocional y mayor bienestar psicológico.

Esta función, protectora en muchos casos, puede convertirse en un problema serio en el dolor crónico, pues el miedo a cualquier situación, actividad o conflicto en el que pensemos que puede reactivarse el dolor puede hacer que abandonemos esas actividades y debilitar así nuestra musculatura y flexibilidad, además de empeorar nuestro estado de ánimo y ponernos en un estado de estrés permanente que, paradojicamente, genera más dolor por la tensión muscular. Los psicólogos estudiamos estas conductas para ver que función están cumpliendo en la persona y desactivarlas si fuera necesario.

La aceptación activa se puede entrenar

La buena noticia es que los psicólogos han desarrollado entrenamientos para favorecer la aceptación activa de un dolor crónico. Las personas con dolor crónico muchas veces luchan contra él, se enfadan con él, intentan constantemente reducirlo o distraerse de él, o bien alternan entre focalizarse en él y evitarlo, trayendo consigo una espiral de mayor dolor y mayor sufrimiento emocional. El tratamiento del dolor crónico ha de ser necesariamente multidisciplinar, pues en muchos casos es necesaria la medicación, el ejercicio físico y el cambio en alimentación.

El psicólogo es el responsable de ayudar al paciente a adherirse a estos tratamientos y a promover estrategias de aceptación activa.  Estas estrategias ayudan a que la persona comprenda y sienta de manera integral cómo su propio cuerpo está sosteniendo la tensión y el dolor. Para ello son interesantes las técnicas del escaner corporal, las lecturas de los vaivenes del dolor, la observación terapéutica de las emociones relacionadas con el dolor crónico y otras muchas.

El papel de la familia

El dolor crónico no es sólo una experiencia íntima, en muchos casos también es una experiencia que implica a la gente que nos rodea. Por ello es importante que los familiares tengan conocimientos adecuados sobre el dolor crónico y el tratamiento, para que sepan dar respuestas adecuadas al malestar del paciente.

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