Hipocondría

Todas las personas nos preocupamos, en un momento y otro, por nuestra salud. Sin embargo, la hipocondría no se refiere a esto.

Por regla general, nuestra ansiedad ante un síntoma físico extraño o una mala noticia médica es proporcionada a la situación, nos permite llevar a cabo las visitas médicas adecuadas y, pese a la inquietud, la afrontamos de un modo que no es perjudicial para nosotros.

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niño con ansiedad

¿Qué entendemos por hipocondría?

La hipocondría es la preocupación o la convicción de padecer una enfermedad grave a partir de la interpretación personal de síntomas somáticos. La preocupación persiste a pesar de las exploraciones y explicaciones médicas apropiadas, y provoca un intenso malestar que interfiere con nuestra vida cotidiana.

Hipocondría: trastorno de ansiedad a la enfermedad

Recientemente la hipocondría ha sido renombrada como trastorno de ansiedad a la enfermedad, pero como la mayoría de las personas la conocéis por el anterior término, más corto, nos referiremos a él de este manera.

La persona hipocondríaca

Pero, en la hipocondría, un dolor físico o un signo en el cuerpo que no se comprende o malinterpreta, acaba despertando en la mente una certeza absoluta de que el estado de salud es grave. A partir de ese momento, todos los síntomas cuadran, todo lo que la persona lee y siente parece cuadrar con el peor de los pronósticos y se inicia uno de dos siguientes crículos viciosos.

Las interminables visitas médicas

Muchos hipocondríacos buscan la salida de su ansiedad acudiendo a médicos y especialistas para que despejen su incertidumbre. En un primer momento, si el médico o las pruebas descartan que haya algún problema médico serio, la persona se relaja y se reduce mucho la ansiedad. Pero, al poco tiempo, o al próximo síntoma, la espiral de miedo recomienza con fuerza y sienten que tal vez no hayan sido correctamente diagnosticados, que al médico se le ha pasado algo… y las visitas médicas vuelven a empezar, introduciéndose en un círculo vicioso de ansiedad, visitas al médico, alivio a corto plazo y empeoramiento de la hipocondría a medio y largo plazo. Es importante saber que algunas personas que padecen hipocondría acaban siendo intervenidas de patologías que no padecen, lo cual es un dato significativo.

La fobia a ir al médico

Pero la hipocondría también puede provocar un rechazo fóbico a acudir al médico, un miedo intenso a que se confirmen los peores temores. Esta situación es complicada, tanto a nivel psicológico como a nivel médico. En términos psicológicosporque, a mayor evitación de la visita al médico, mayor incremento de la ansiedad a las enfermedades y los médicos a medio plazo, pese al alivio momentáneo de no acudir. A nivel médico porque, caso de existir algún problema de salud, éste no es diagnosticado y, por tanto, tampoco tratado.

Evolución de la hipocondría

Cuando tienes miedo de morir, cuando crees que te pasa algo, lo primero que haces es observar tu cuerpo, compararlo, preguntar a otros, buscar información e ir al médico. Si el problema es real, estas conductas han sido adecuadas y beneficiosas. Pero cuando el síntoma sólo es funcional (es decir, un síntoma transitorio por estrés, tensión muscular, cansancio, falta de sueño, etc.), lógicamente las pruebas médicas no van a arrojar resultados concretos, y es entonces cuando nos van a decir, “todo lo que te pasa es ansiedad”.

Como no comprendes cómo la ansiedad puede provocar, mantener y agravar todos estos síntomas, pasas a no creer esa hipótesis y a pensar que tienes algo que no ven, con lo cual tu angustia se acrecienta y pueden tomar uno de los dos caminos de los que hemos hablado anteriormente, a cada cual peor. Puedes recrudecer tus visitas a médicos, tus insistencias a familiares y auto-observaciones. El miedo hace que estas conductas se vuelvan compulsivas y que tus miedos se hagan obsesivos, una espiral de la que por tus propios medios, sin ayuda de psicólogos, es difícil salir porque sientes la necesidad de mirar en internet, de tomarte el pulso, de mirar tu piel, o de controlar sea cual sea el síntoma que tienes; se vuelve un monotema del que no puedes dejar de preguntar, hablar o investigar.

Por el otro lado, también es posible que te genera un miedo tan elevado que no seas capaz de ponerte en contacto con tu miedo, y entonces no quieras hablar del tema, ni ir al médico, no tomar una medicación, ni ver programas relacionados con la medicina, es decir, tomas el camino de la evitación. Ambos caminos son círculos viciosos que agravan el problema y que dificultan mucho la intervención psicológica, por lo que es importante detectarlos y tratarlos cuanto antes.

Síntomas de la hipocondría

El principal síntoma de este trastorno de ansiedad a la enfermedad es, lógicamente, que la persona está tan angustiada por el temor a padecer una enfermedad que no es capaz de funcionar con normalidad en la vida diaria Es frecuente que las relaciones sociales se deterioren y que el rendimiento escolar o laborar se resienta.

El segundo grupo de síntomas viene relacionado con si hay visitas médicas, auto-exploraciones y búsqueda de información sobre la enfermedad obsesivas, o bien rechazo frontal a acudir al médico, explorarse o informarse sobre la enfermedad. Sea como sea, ya sea por comprobaciones compulsivas como por evitaciones fóbicas, la enfermedad real o imaginaria cobra un papel relevante dentro de la propia vida y acaba engullendo otras facetas, si no todas.

Tratamiento de la hipocondría

La hipocondría que ya está establecida ha de recibir una atención integral, tanto con psicoterapia como con tratamiento farmacológico. Éste último es importante para reducir rápidamente el nivel de alerta y poder trabajar en profundidad y con eficacia con el psicólogo.

El psicólogo enseñará técnicas de reestructuración cognitiva, métodos para reducir la activación ansiosa y conductas adecuadas que no refuercen el círculo vicioso.

El entorno social de la persona con hipocondría

Para el entorno, que tal vez se relacione con los temas de salud de otra manera, resulta muy difícil comprender lo que la persona con hipocondría hace, piensa y siente. La familia, probablemente pasa por todas las fases y estrategias en un intento de calmar y ayudar a esa persona que quieren. Normalmente primero escuchan su miedos, preguntan por los síntomas, aconsejan que vayan al médico, le acompañan a las visitas… pero cuando los resultados son normales y la persona sigue preocupándose o salta a un nuevo miedo sobre su salud, puede que le sermoneen e intenten quitar importancia o convencerle de que no pasa nada, para pasar de ahí al enfado, la riña y la desesperación si la situación persiste.

El papel de los psicólogos con la familia será también fundamental, asesorándoles sobre cómo actuar, qué decir y qué no decir en función de la etapa de la terapia.

 

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