PSICOLOGIA ADULTOS
16 de octubre de 2019


¿Por qué hay gente que no tiene empatía?

Todos hemos asistido en mayor o menor medida a procesos de contagio emocional: el estadio entero rompe a gritar cuando el equipo local se marca un tanto, una multitud se euforiza ante un líder político, grupos enteros de fans se ven dominados por emociones de ilusión… pero también grupos de personas entran en pánico ante la expresión de miedo de un igual provocando histeria colectiva. Estos sentimientos colectivos son reacciones emocionales primitivas.

El contagio emocional también se produce en situaciones más modestas, como cuando sonreímos a otra persona que nos sonríe, o cuando la tristeza de una persona tiñe nuestro propio estado de ánimo.


Las neuronas espejo

Las emociones de otra persona no son directamente visibles, pero sí lo son sus correlatos conductuales, es decir, lo que la otra persona hace cuando las tiene. Algunas de estas pistas son más evidentes que otras, pero las personas estamos preparadas para reconocer las expresiones faciales de los demás; de hecho, de bebés, nos dedicamos a observar la cara que ponen nuestros progenitores para poder interpretar qué es lo que pasa en cada momento. Es un proceso muy primario. Existen unas neuronas en nuestro cerebro, llamadas neuronas espejo, que se activan cuando vemos a otra persona experimentando una determinada emoción, y se activan poniendo en marcha en nuestro propio cerebro los mismos circuitos cerebrales que esa persona emocionada. A partir de ahí, nuestro cuerpo reacciona generando nuestras propias emociones.

La empatía es más emocional que lógica

Hace unas décadas, los psicólogos pensaban que el ser humano, a la hora de interpretar las acciones de otra persona y predecir su conducta, echaba mano de un proceso de pensamiento lógico. Las investigaciones de las últimas décadas parecen apuntar más bien a que estos procesos no son tanto lógicos como emocionales. Al activarse nuestras neuronas espejo ante lo que hace o muestra otra persona, podemos sentir o intuir, de una manera no lógica, las intenciones y las emociones que provocan esas acciones.

Las neuronas espejo ayudan a la empatía

Por esta razón, todo parece apuntar a que las neuronas espejo juegan un papel relevante a la hora de poder ponernos en la piel de otra persona, es decir, a la hora de empatizar con ella. Pero también sobre nuestras habilidades sociales, dado que, cuanto más hábiles seamos a la hora de comprender lo que el otro siente, más datos tenemos para desenvolvermos en la relación con él.

¿Por qué hay personas que no tienen empatía?

De ahí había un paso a ponerse a investigar en trastornos en los que existe una problemática para percibir y comprender estados emocionales ajenos, como es el caso del autismo. Los resultados apuntan a que en el autismo se da una disfunción en el sistema de las neuronas espejo. A mayor severidad de autismo, menor actividad de las neuronas espejo.

No obstante, la empatía es un contínuo. Es decir, hay gente que tiene tanta que puede incluso padeder la llamada sobrecarga empática y gente que no conecta nada con los sentimientos de los demás ni los identifica. Y entre ambos hay un continuo en el que cada uno de nosotros estamos situados, teniendo más o menos empatía. Las pautas de crianza pueden influir también en el uso que le demos a nuestras neuronas espejo, además de la predisposición genética.

Siempre en bueno entrenar a los más pequeños a detectar sus propias emociones así como las de los demás, y a evitar tanto la sobrecarga empática como la frialdad con otros. De este modo tendremos el mejor punto de partida para la inteligencia emocional y el bienestar futuro.

 

 

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