Tratamiento de Adicciones

Los psicólogos distinguimos entre los conceptos de uso, abuso y dependencia de una determinada sustancia o a una determinada actividad, dado que existen adicciones químicas y adicciones no químicas. El uso de una determinada sustancia o de una determinada actividad, implica una relación que por la cantidad, frecuencia o implicaciones, no genera problemas en la persona que lo realiza. El abuso conlleva la presencia de consecuencias negativas del uso de la sustancia o actividad. La dependencia implica que la persona prioriza el consumo de la sustancia o el ejercicio de la actividad a otras cosas o personas importantes y relevantes en su vida. La dependencia puede ser tanto psicológica como física. Las adicciones químicas más frecuentes son: tabaquismo, alcoholismo, adicción a drogas de diseño, cocaína, fármacos, marihuana. Las adicciones no químicas más frecuentes son: nuevas tecnologías, juego patológico, adicción al sexo.

Un psicólogo especializado en adicciones, en ocasiones junto a otros profesionales de la salud, puede ayudar en el proceso de superar una adicción, pues resulta relevante no sólo abandonar el consumo o la práctica de la adicción, sino también entender por qué ha llegado a ocurrir para evitar recaídas en un futuro.

Supera tu adicción y vuelve a ser tú.

Psicología adultos > Adicciones

niño con ansiedad

Cómo se desarrolla la adicción

En el mundo de la psicología, conocer los porqués de las cosas, resulta de utilidad. En el tratamiento de las adicciones, mucho más.

Muchas personas preguntan al psicólogo por qué hay quién se hace adicto, qué es lo que diferencia a las personas para que se genere en ellas una adicción y en otros no.

Muchos adolescentes prueban las drogas, pero no todos se enganchan a ellas. Muchas personas utilizan las nuevas tecnologías o van de compras, pero sus vidas no acaban sometidas a estos hábitos. ¿Por qué en otros sí?

Porqué unas personas son adictas y otras no

Aunque no todo queda explicado por esto, la mayoría de las personas se enganchan a una sustancia (tabaco, cannabis, café, cocaína, etc.) o a una conducta (comprar, jugar, sexo, videojuegos, móvil, etc.) porque, cuando se sumergen en ellas acaban, en algunos casos intencionadamente, en otros por casualidad –es decir, sin buscarlo– sintiendo un alivio para su incomodidad: tal vez estaban aburridos y se liberaban de las sensaciones físicas del aburrimiento cuando tenían citas por internet, o se sentían solos y escaparon de las sensaciones físicas de la soledad acompañándose con un café, o se sentían ansiosos en un grupo social y acabaron relajados el fumarse un porro… en todos los casos, la consecuencia era que acababan por no sentir algo que les incomodaba: ansiedad, enfado, aburrimiento, tristeza…

Una vez se inicia este círculo, las adicciones se mantienen también por otros medios. De lo que intentamos huir entonces es de las sensaciones físicas desagradables de la propia abstinencia: mi mente asocia el café con fumar y siento abstinencia si no lo hago, así que me fumo un cigarrillo con el café y así se alivian mis sensaciones físicas de abstinencia.

Cómo prevenir la adicción

Aunque habrá quién se sorprenda, una de las mejores formas de protegerse de una adicción es invertir tiempo y esfuerzo en llevar una vida gratificante y repleta de proyectos. Preguntarse: ¿qué es lo que me gusta hacer?, ¿qué aspectos hay en mi vida que no me gustan? puede hacer que nos movamos con valentía hacia objetivos enriquecedores y alejemos de nosotros relaciones y entornos que nos hacen daño.

La adicción es siempre el aspecto visible de una insatisfacción más profunda, del dolor que nos generan estilos de vida que nos disgustan. La acumulación de ansiedad, estrés, frustración o decepción que no sabemos cómo gestionar, predispone a ser más vulnerable a la adicción.

Síntomas de la adicción

Imagina que te sientes muy nervioso cuando no puedes hacer o tomar algo que te gusta. Imagina que dedicas una gran cantidad de energía mental o física a ese tema. Imagina que, cuando no puedes hacerlo o tomarlo, te sientes impotente, agresivo, ansioso. Imagínate que cada vez necesitas tomarlo o hacerlo más, que cada vez lo tomas o lo haces en más sitios. Imagina que todo esto acaba alterando alguna parcela de tu vida, ya sea social, laboral, académica, o que te hace sentir muy mal.

Entonces es cuando podemos hablar de adicción.

Tipos de adicciones

Hace años, sobre todo con el auge de las drogas en los años 80, las personas identificaban el término adicción con drogadicción. Se pensaba en la adicción como el consumo progresivo de una sustancia que provocaba síndrome de abstinencia al interrumpir su consumo. Pero muchas de las adicciones que tratamos los psicólogos no tienen nada que ver con una sustancia.

Adicción química

La adicción química es, pues, la que la mayoría de las personas conocen. La persona se inicia en un consumo ya sea alcohol, tabaco, pastillas, cocaína, hachís, marihuana, etc. y, después de un periodo de uso puramente recreativo y esporádico de la sustancia, el consumo comienza a hacerse más frecuente, más ligado a situaciones concretas y se necesita más cantidad para obtener el mismo efecto. Son estos los procesos conocidos como tolerancia (cada vez necesito más para lo mismo) y abstinencia (me encuentro mal si no lo tomo). Poco a poco, la sustancia  comienza a tomarse también para manejar emociones negativas, para olvidarse de los problemas, para desconectar. O para aumentar las emociones positivas que nuestra vida no tiene. Según la sustancia y la persona, puede pasar mucho tiempo desde que uno comienza a consumir hasta que el entorno se da cuenta de que tiene un problema.

Adicción no química

Pero no todas las adicciones están relacionadas con una sustancia. Cuando existen carencias, éstas pueden llenarse también con conductas, con personas, con dispositvos. El patrón es el mismo: comenzamos, por ejemplo, a manejar el móvil por trabajo, por comunicarnos, por distraernos con las redes sociales, pero cada vez nos pone más nerviosos no consultarlo, no responder a alguna notificación, apagarlo. Al final lo usamos como modo de vida para evitar emociones como el aburrimiento, soledad, enfado o tristeza. Lo mismo puede ocurrir con las compras compulsivas, el sexo adictivo o las relaciones tóxicas.

Clasificación de las adicciones

Sin embargo, Cancrini estableció cuatro tipologías en las adicciones, relacionándolas con la estructura familiar. Las que más correlacionan con la estructura familiar con las tipologías B y C, siendo que en la A y la C concurrían también otros factores importantes.

De esta tipología surgió una cuestión muy relevante para los psicólogos: el tipo de terapia variaba en función del tipo de adicción.

Adicción traumática

En ocasiones, se da la situación de que hijos “ejemplares”, en el sentido de exitosos, estudiosos o con buen comportamiento, al llegar a la adolescencia o la vida adulta, no encuentran la manera o la motivación de intercambiar impresiones con su familia sobre cosas que les ocurren en el entorno social, académico o amoroso, porque son reservados o están acostumbrados a guardarse sus problemas para sí.

Si alguno de estos problemas es traumático para ellos, ya sea una ruptura sentimental o un fracaso en los estudios, pueden llegar a derrumbarse y consumir alguna droga para anestesiar su malestar, desarrollando una adicción fuerte en muy poco tiempo. Es lo que los psicólogos conocemos adicción traumática.

Adicción neurótica

Existe otro tipo de situación en la que existe una relación familiar descompensada. En ocasiones se observa que uno de los papás (muchas veces el del sexo opuesto al adolescente-recién adulto que desarrolla la adicción) está muy implicado en la vida de su hijo, manteniendo el otro progenitor un papel periférico en la vida del joven. Esto provoca que uno de los progenitores está acostumbrado a proteger, o encubrir, a su hijo ante el otro, mientras que el otro sólo atiende a comparar a un hijo supuestamente “bueno” con el otro hijo supuestamente “malo”.

Cuando la adicción entra en la vida de esta familia a través del “hijo-problema”, para el psicólogo es crucial desentrañar esta estructura familiar pues, de otro modo, la adicción no hace sino reforzarse por esta dinámica.

Adicción transicional

En estas familias se funciona con mensajes paradójicos e incongruentes y se suele ignorar los mensajes que emiten los otros miembros. La adicción se usa para resolver un problema de liderazgo. En muchos casos los padres están muy involucrados en la adicción y la vida de su hijo, llegando al auto-sacrificio. Aquí la polarización de hermanos está en torno al: exitoso versus fracasado. Aquí, al adicto le suele pasar lo siguiente: el hermano exitoso se independiza pero él fracasa, dándose el caso de que el primero goza de unos privilegios de los que el segundo carece.

Se suelen dar dramatizaciones muy intensas pero de corta duración, aunque con peligro de complicarse con episodios depresivos. Los padres entran en frecuentes conflictos, llegando a separaciones incompletas.

Adicción psicopática

En estas familias se da una desorganización caótica, suelen ser clases sociales marginadas, pero no siempre. Suelen haber características antisociales previas al consumo de drogas y la adicción de asimila muy pronto dentro de un estilo de vida que se adapta a ella. Se suelen comportar con frialdad, desafiantes y muestran dificultades parar amar. Muestran desapego al hablar de su adicción. Carecen de lazos relacionales y el pronóstico es malo.

Lo que mejor puede funcionar es la intervención comunitaria.

Tratamiento de las adicciones

El tratamiento de la adicción, ya sea química o no química, es posible. En ocaciones, no es fácil. Uno de los pasos más importantes es la toma de conciencia, el haberse dado cuenta uno mismo de que se le ha ido de las manos, porque ahí acaba la mistificación, es decir, el autoengaño habitual en la adicción. En ese momento, se está en el punto óptimo para comenzar un tratamiento. Antes de ese punto, en otras fases previas de la toma de conciencia, el tratamiento es muy complicado y normalmente va dirigido simplemente a ayudar a la persona a que avance por esos estadios de cambio que le lleven a darse cuenta de que realmente es posible que tenga un problema serio.

Una vez comenzado el tratamiento, éste no consiste sólamente en dejar de tomar esa sustancia o dejar de realizar determinada conducta. Este es el comienzo del tratamiento, y es muy importante para que el cerebro recupere su funcionamiento normal y pueda valorar las situaciones con más objetividad. Pero luego viene el verdadero trabajo: entender las funciones que la adicción estaba cumpliendo en la vida y diseñar con el psicólogo estrategias alternativas para conseguirlas. Más adelante viene la prueba de fuego: enfrentarse a situaciones potenciales con las herramientas aprendidas. Y, por último, pero importantísimo, diseñar un sólido plan de prevención de recaídas.

La clave en el tratamiento de todas las adicciones es: encontrar un modo de sentirnos confortables con nuestras sensaciones físicas, a veces, sutiles, de dolor, incomodidad o malestar. Si conseguimos ese método, ya no nos sentimos obligados a reaccionar automáticamente para aliviar el malestar, porque ya sabemos cómo dejar que entre, pase y desaparezca dentro de nosotros, es decir, ya sabemos bailar al son natural de una emoción. Convivir con las emociones incómodas o difíciles, es fundamental para superar una adicción y para tener una vida plena y satisfactoria. Un psicólogo te puede enseñar métodos para conseguir esta competencia humana fundamental.

Cuál es la mejor terapia para cada adicción

Como estas adicciones son tan diferentes, tanto respecto a su origen, como respecto a los factores de mantenimiento, aunque las sustancias de adicción puedan ser las mismas, el tipo de terapia será diferente. Es decir, el tratamiento irá también enfocado al tipo de adicción, no sólo al tipo de sustancia del que se depende.

En la adicción traumática, el principal abordaje es la terapia individual, combinado con algo de terapia familiar. En la adicción neurótica, por el contrario, el peso fundamental lo tiene la terapia familiar. En la adicción transicional la medicación es importante, junto con la terapia tanto individual como familiar. En la adicción psicopática, la terapia individual suele ser ineficaz y es muy importante introducir un programa de reducción de daños.

 

Psicólogos en Valencia APAI

Plaça de l´Ajuntament, 8, 3, 46002 València
Teléfono: 963 94 47 95
Email: info@apai-psicologos.com

Gabinete de psicología en Valencia capital

 

Psicólogas Valencia

Somos cinco psicólogas, una nutricionista, una dietista y un coach.

Ocho mentes piensan mejor que una. Creemos en la sinergia de un gran equipo especializado. Pero, sobretodo, ya creemos en ti.

Llámanos
Como llegar