Misofonía

¡No soporto el sonido de gente comiendo o roncando!

Aunque los manuales diagnósticos actuales de clasificación de problemas psicológicos no incluyen la misofonía como uno de ellos, es un fenómeno que desde la década de los 90 está recibiendo cierta atención.

Esta condición parece tener una base neurológica y resulta importante que continúe la investigación y clasificación para poder consensuar abordajes terapéuticos eficaces. Lo cierto es que, tanto lo etiquetemos como misofonía como no, los psicólogos de todo el mundo han recibido en sus consultas con toda seguridad a personas que mostraban reacciones de ira e irritabilidad desmesurada ante los sonidos de comer, respirar o roncar, sobre todo de familiares y en entornos domésticos. En ocasiones como motivo principal de consulta por la interferencia familiar que este problema puede ocasionar; la mayoría de las veces, sin embargo, nombrándola de refilón como una “manía con la que conviven mucho tiempo” en personas que están en el psicólogo tratando otra cosa.

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niño con ansiedad

¿Qué es la misofonía?

Existen varias condiciones que la gente confunde con la misofonía, principalmente la hiperacusia y la fonofobia. Como veremos a continuación estamos ante cosas diferentes.

La hiperacusia

Las molestias en la hiperacusia están relacionadas exclusivamente con la intensidad, el nivel o el volumen con el que la persona percibe los sonidos. Su percepción de los sonidos es diferente al resto de las personas y puede llegar a provocar dolor. Por supuesto, el primer lugar de referencia para este problema es la consulta del otorrino.

La fonofobia

Así como en la hiperacusia el problema está en el volumen percibido, que causa molestia en el oído o incluso dolor, en la fonofobia la situación es muy diferente. La persona con fonofobia (fono -sonido- + fobia-miedo extremo-) siente miedo ante determinados sonidos, aunque su intensidad sea moderada o leve. Estamos ante un trastorno de ansiedad, probablemente una fobia específica, que puede evaluar y tratar el psicólogo.

Características de la misofonía

Para las personas con misofonía es habitual rechazar  sonidos relacionados con la comida o la respiración.

Sonidos relacionados con la comida

Los sonidos relacionados con las situaciones de comer son estímulos típicos que desencadenan ira y enojo en las personas con misofonía: masticar, sorber, hacer ruido con los cubiertos, comer pipas, mascar chicle…

Sonidos relacionados con la respiración

Los sonidos relacionados con la respiración, tales como respirar fuerte, suspirar o roncar, también pueden generar emociones de irritabilidad extrema o ira.

Otros sonidos

También se dan con frecuencia reacciones misofónicas ante toses, gárgaras, carraspeos, sonarse la nariz, taconeos, rascadas, etc…

No solo sonidos

En algunos casos, los estímulos visuales también pueden desencadenar reacciones misofónicas, como por ejemplo ver a alguien masticar.

Diagnóstico de la misofonía: la importancia del contexto

En la misofonía juega un papel importante la variable contexto: dónde ocurre el sonido o quién lo realiza puede marcar diferencias respecto a nivel de ira y ofuscación que provoca. Suelen provocar más enfado las personas más cercanas y los lugares más íntimos, típicamente la casa y la familia. También, en ciertos casos, entornos laborales donde se convive mucho y se pasan muchas horas.

Inicio y evolución de la misofonía

La misofonía, en la mayoría de los casos, se inicia en la infancia, alrededor de los 7-10 años, aunque también hay inicios posteriores. Al principio parece desencadenarse por una reacción de ira a un sonido, y luego va generalizándose a otros. No se sabe por qué se provoca esa primera reacción misofónica. Las siguientes pueden reforzarse por asociación: el cerebro recuerda haber sentido intensa ira, irritabilidad, odio y malestar desmesurado hacia un sonido, lo que aumenta la probabilidad de sentirlo cuando se repita, al igual que puede generalizarse a sonidos relacionados.

Niveles de misofonía

Las personas con misofonía no reaccionan todas con la misma intensidad, las hay desde las que pueden convivir, aunque con ligero malestar, con ciertos sonidos, hasta las que muestran reacciones violentas intensas, con toda la gama posible entre estos dos puntos. Son frecuentes las evitaciones tanto acústicas (llevar tapones, ponerse música, subir el volumen de la TV, hacer ruido a propósito), como visuales ( interponer algún objeto entre la persona que hace el ruido y la persona con misofonía, para no verla), también las evitaciones totales de la situación (no ir al lugar o no juntarse con las personas).

Tratamiento de la misofonía

No existe consenso sobre el tratamiento para la misofonía. Dada la falta de investigación sobre las causas y los factores implicados, los otorrinos, psicólogos y psiquiatras pueden ensayar diversas estrategias que parecen haber ayudado a algunas personas, pero que no ayudan a todas. Desde nuestro campo, el de la psicología, se han observado mejorías en personas que han recibido tratamiento cognitivo conductual del tipo aplicado en el trastorno obsesivo compulsivo, también las terapias narrativas parecen ayudar en algunos casos. Los otorrinos pueden ofrecer otras opciones que complementen o ayuden a mejorar los síntomas. De momento, el objetivo más realista es aprender a convivir con los síntomas y experimentar menos molestia.

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