¿Lo que dicen nuestros padres va a misa?

Nuestros progenitores, aún en nuestra edad adulta, pueden seguir ejerciendo una autoridad moral que rige algunas de nuestras acciones.

Cuando éramos niños, nuestra inmadurez evolutiva necesitaba de una guía clara y firme que nos informara sobre las reglas del mundo y de nuestra conducta, y que nos diera un patrón para movernos con seguridad en un entorno que nosotros no conocíamos.

Las limitaciones de nuestros padres

Pero nuestro padres son humanos y, por tanto, pueden tener ideas sesgadas o inadecuadas sobre algunas realidades. Por lo tanto: no, lo que dicen nuestros padres no tiene por qué ir a misa. Sin embargo, de modo poco consciente o automatizado, algunas de las reglas no escritas de nuestra familia pueden seguir afectándonos durante la edad adulta, generando sentimientos de culpa o inadecuación cuando no las cumplimos.

Los padres pueden estar equivocados

¿Qué pasaría si tus padres estuvieran desactualizados? ¿ o si tuvieran una creencia errónea sobre un tema de salud? En este caso, por ejemplo, como adultos tendríamos que defender nuestra forma de actuar más actualizada y acorde con los nuevos descubrimientos tanto sociales como sanitarios. Por ejemplo, algunas personas mayores pueden tener ideas equivocadas como que la homosexualidad es una enfermedad mental ( porque en su día así estaba catalogada) o como que hay que forzar a un bebé a comerse toda la papilla. Para algunas personas puede ser duro contradecir a unos padres mayores que están defendiendo a capa y espada aquella autoridad que tuvieron y que no saben relajar, pero es saludable expresar las propias opiniones y defender una postura aunque no coincida con la de ellos.

Los padres pueden tener conflictos psicológicos

En otras ocasiones, los padres actúan de modo que nos daña porque tienen conflictos psicológicos. Pueden tener miedo al abandono, problemas de autoestima que no les permitan que se les cuestione, creencias irracionales sobre la dedicación que los hijos deben prestarles cuando se hacen mayores. Fruto de las vivencias con sus propios padres y de las experiencias vitales que han tenido, pueden haber desarrollado desajustes que no les permitan adaptarse a una situación en la que otras personas sepan más que ellos de algunas cosas, o quieran hacer las cosas de manera diferente. Es posible que a ellos no se les permitiera en su día y ahora, de modo poco consciente, esperen lo mismo. En este caso pueden llegar a manipular emocionalmente a hijos ya adultos, exigiendo una atención, dedicación o sacrificio desemedidos.

La adolescencia como inicio de la emancipación

Pasar de niño a adulto sano implica cuestionarse qué ideas aprendidas durante la infancia son válidas o compatibles con nuestra visión del mundo, y cuáles no. Las primeras podemos guardarlas como uno de los tesoros más importantes de la dedicación y la enseñanza que nuestros padres, con tanto esfuerzo y sacrificio, hicieron por nosotros. Pero las segundas nos harán crecer y hacernos adultos independientes, seguros, con caminos elegidos voluntariamente y, por lo tanto, plenos. Esta transición es larga, se inicia en la adolescencia y continúa durante gran parte de la adultez temprana.

¿Qué pasa si la transición no ha funcionado?

En ocasiones, la adolescencia y la primera edad adulta no acaban de traer consigo una redefinición adecuada y actualizada de los roles de la familia. En ocasiones porque no hay ruptura y el recién estrenado adulto se ha amoldado a los valores y expectativas de sus padres a costa de su propia identidad; en otras ocasiones, porque la ruptura ha sido total y se ha producido un distanciamiento como forma de solución temporal (o definitiva) para poder crecer.

El amoldamiento

Someterse y replegarse a los valores, expectativas y exigencias de nuestros progenitores sólo funciona si compartimos de modo pleno su forma de ver el mundo y no genera fricción ni tensa nuestras necesidades emocionales. Si hay un acuerdo profundo y compartido, puede no haber sufrimiento emocional. Pero si el amoldamiento se ha hecho a base de someterse para reducir la fricción o las discusiones a costa de las necesidades personales… la insatisfacción o la frustración llegarán antes o después.

El distanciamiento

Determinados adultos en crecimiento no encuentran otra opción que alejarse y hacer su vida. Con esto experimentan alivio y libertad de actuación, pudiendo ser ellos mismos. Sin embargo, muchas veces la situación no resuelta se destapa cuando tienen hijos y se produce el acercamiento: las reglas de la relación no se han revisado y surgen los conflictos.

La asertividad es la solución

Mostrarse asertivos, es decir, seguros de nosotros mismos a la hora de expresar un desacuerdo, de pedir un cambio de conducta a otro o de afrontar una crítica o reproche, suele ser la mejor opción para generar el cambio necesario en la relación.

Tienes derecho a decir no

Si lo que te piden o exigen tus padres no te parece bien, te genera malestar o es abusivo, siéntete libre de decirle que no. Decir que no es posible dentro de una relación de afecto, no tiene nada que ver con querer. No se quiere más por decir sí ni se quiere menos por decir no.

Tienes derecho a tomar tus propias decisiones

Si tus padres esperan de ti que sigas un camino que no quieres seguir, que te sobrecarga, enferma emocionalmente o hace daño, siéntete libre de seguir tu propio camino y tomar tus propias decisiones, ya sean referidas a un negocio familiar, a un cambio profesional, o a cualquier otro aspecto.

Puedes estar bien aunque tus padres se sientan decepcionados

Tomar tus propias decisiones, decir que no, seguir tu propio camino, contravenir a tus padres… puede provocar que ellos se sientan defraudados, enfadados o decepcionados. Estas emociones son legítimas, pero son suyas. Tienen derecho a ver lo como quieren. Pero esas emociones no son las tuyas y, siempre que actúes con educación, respeto y cariño, puedes dejar que busquen recursos para gestionarlas. Si tú sientes culpabilidad, inseguridad o tensión, puedes buscar recursos también para lidiar con esas emociones, recursos diferentes a anularte y someterte a dinámicas que no te hacen feliz. Si no encuentras el modo de hacerlo, nosotras te ayudamos.

Mª José Miguel Quilis

Psicóloga de adultos en Valencia

Directora Apai Psicólogos

Psicólogos en Valencia

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