ADICCIONES

16 DE JUNIO DE 2020

Whatsapp, Instagram, Facebook, Twitter… han formado parte importante de nuestras vidas en los últimos meses aportando múltiples ventajas, pero ¿cómo desescalar ahora de tanta tecnología?

¿Cómo nos han ayudado las redes sociales durante el confinamiento?

Las redes sociales nos han permitido conectarnos socialmente cuando la distancia física era necesaria. En estos meses nos hemos sentido acompañados y estimulados a través la pantalla del móvil, la tablet o el ordenador. Nos han hecho sentir que formábamos parte de un reto común, que muchas personas tenían las mismas inquietudes que nosotros, y esto ha reducido la soledad emocional. Las redes sociales nos han permitido estar informados al instante de las nuevas normativas, de la evolución de la pandemia y nos han aportado datos útiles para cuidarnos. También han ayudado a difundir retos sociales como los aplausos sanitarios, los carteles en los balcones o los conciertos en las ventanas. Y, por supuesto, han abierto una ventana para hablar con familiares y amigos a los que amamos y no podíamos ver. ¿Cómo no vamos a darles las gracias por todo lo que han hecho por nosotros?

El mundo vuelve a abrirse ante nosotros, poco a poco, tímida pero firmemente, retornándonos oportunidades de movernos y socializar pero… ¿como desescalar de tanta tecnología? El uso tan masivo de las redes sociales, junto a las características de sus dispositivos pueden desembocar en conductas adictivas.

¿Por qué pueden engancharnos las redes sociales?

Las redes sociales nos aportan muchas ventajas inmediatas y de bajo coste inicial, y ahí está el quid de la cuestión. Conectarse a una red es fácil, rápido y estimulante, es decir, nos aporta refuerzo inmediato. Conectarse con otra persona de modo “no virtual” supone un esfuerzo mayor a corto plazo: hay que quedar, hay que desplazarse, hay que usar los recursos sociales… A largo plazo el encuentro con otra persona puede que sea más profundo y nutritivo, pero el ser humano tiene un sesgo hacia las ventajas a corto plazo. Si unimos esto a falta de habilidades sociales, estrés, insatisfacción personal o vital… puede generarse fácilmente un enganche. En estos momentos en los que hemos pasado tanto tiempo en casa y las incercias de salir cuestan debido al coste en tiempo y esfuerzo por las normas de seguridad, unido al miedo al contagio, el refugio en las redes sociales puede cronificarse.

¿Cuáles son las señales de alerta de que estoy enganchado a las redes sociales?

La mayoría de nosotros estamos usando a diario las redes sociales: nos conectamos a Linkedin, mandamos Whatsapp o compartimos una imagen en Instagram. Este uso no supone un problema en sí mismo. Pero, ¿cómo puedo saber si me estoy enganchando o si me he enganchado durante la cuarentena?

Duermo menos de lo que quisiera porque pierdo el tiempo online

Es habitual llevarse el teléfono móvil a la cama y dar un vistazo a las redes sociales antes de acostarse. Si te das cuenta de que, antes de dormir, pierdes mucho el tiempo navegando por las redes sociales y, aunque te lo propones de vez en cuando, acabas acostándote siempre más tarde de lo que querrías y te levantas con cansancio, piensa que estás pasando del uso de redes sociales al abuso de las mismas.

Estoy dejando de lado otras actividades o responsabilidades

Otra señal de alerta es tomar conciencia de que acabas prefiriendo navegar por Facebook, Whatsapp o Instagram antes que realizar actividades que hacías antes como deporte, manualidades, juegos… o en lugar de completar tareas que te habías propuesto hacer como estudiar, cumplir con tus responsabilidades en casa o realizar gestiones.

Me da pereza quedar con gente cara a cara

Las redes sociales pueden darnos la falsa impresión de conexión a nuestro día a día. Si tus relaciones sociales, cuando vayan pasando las semanas y sea seguro retomar tu vida social. siguen reduciéndose a compartir emojis o likes en las publicaciones, dándote una falsa sensación de estar conectado, las redes sociales te estarán privando de una parte importante de tu parcela como ser humano: la social.

La gente de mi alrededor se queja de que siempre estoy cara al móvil

Si se quejan, casi seguro que tienen razón. Probablemente estás dedicando un tiempo que les quitas a ellos y la pantalla está siempre entre tú y ellos. Es el denominado phubbing​: el acto de ignorar a una persona y al propio entorno por concentrarse en la tecnología móvil. Es una señal importante de alerta, sobre todo si reaccionas con excusas o agresividad cuando te lo dicen.

Me pongo a cien cuando pierdo la conexión o va lenta

Cuando estamos enganchados tenemos dependencia y, por ello, experimentamos irritación y frustración cuando no podemos obtener aquello de lo que dependemos. Si al fallar la conexión te pones muy nervioso o incluso frustrado, puede ser una señal de que estás más enganchado a las redes sociales de lo que quieres admitir

Me propongo limitar su uso pero acabo perdiendo la noción del tiempo

Si te propones limitar el tiempo de uso de las redes sociales probablemente es porque tú mismo ya piensas que es demasiado. Si te cuesta apagar cuando te lo has propuesto o se te va el santo al cielo constantemente y no te das cuenta de cuánto tiempo has estado conectado puede que estés perdiendo el control sobre esta conducta.

¿Cómo afectan las redes a mis habilidades sociales?

Parece existir una tendencia en varios grupos de edad, pero sobre todo en adolescentes, hacia un empeoramiento de las habilidades sociales en función del grado de enganche a las redes sociales. Hay un grupo de habilidades sociales que están particularmente afectadas y son las siguientes.

Nos comunicamos peor cara a cara

La adicción a redes sociales puede redundar en que seamos menos hábiles a la hora de expresarnos de forma espontánea y sin ansiedad en situaciones sociales que requieren cara a cara como: entrevistas de trabajo, reuniones, encuentros con amigos, lugares oficiales, etc..

Nos defendemos menos como consumidores

También puede provocar que gestionemos peor situaciones en las que debamos defender asertivamente nuestros derechos en una cola o en un establecimiento (devolver un producto, realizar un reclamación, etc…)

Expresamos peor nuestro enfado o disconformidad

Podemos ser menos hábiles y tener dificultades para encontrar la mejor forma de expresar enfado, decepción o malestar, ya sea callándonos o exaltándonos demasiado.

Tenemos más dificultad para decir que no y cortar interacciones

Pueden provocarse déficits a la hora de emplear la asertividad para comunicarle a otra persona cara a cara que no se desea seguir hablando o quedando.

Se nos da peor hacer peticiones de modo asertivo

Niveles altos de enganche a redes también correlacionan con más dificultades para solicitar ayuda o favores a otras personas de modo adecuado.

Nos cuesta más interactuar con el sexo opuesto

Pedir una cita, iniciar una conversación, hacer un halago al sexo opuesto también cuestan más cuando el abuso a las redes sociales se generaliza.

Dado que las habilidades sociales y la autoestima van de la mano, es interesante plantearnos una relación sana con la tecnología, una relación que nos brinde todos los beneficios que ésta puede darnos sin perjudicarnos en el uso de las herramientas sociales que tan importantes son para nuestro bienestar.

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María José Miguel

Psicóloga de adultos

Eva Monteagudo

Psicóloga de adultos y parejas

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