Qué son las terapias de tercera generación
Aunque el término terapias de tercera generación se acuñó en 2004 de la mano del psicólogo Steven Hayes, el concepto hace referencia a una serie de acercamientos terapéuticos que nacieron en los últimos años del s.XX.
Primera y segunda generación de Terapias Psicológicas
La primera generación de terapias psicológicas suele estar referida a la Terapia Conductual. Esta terapia aplicaba a la psicología clínica los principios básicos del aprendizaje que la investigación experimental iba descubriendo en los laboratorios. Se intervenía así con niños, en adultos con fobias y en contextos institucionales.
Al aparecer los métodos cognitivos, la importancia del lenguaje y el pensamiento resultó innegable, surgiendo un conjunto de terapias, las Terapias Cognitivas, que constituyen la segunda generación de terapias psicológicas. Cobraron relevancia los métodos para investigar los pensamientos irracionales y los esquemas cognitivos o estilos desadaptativos, dado que las emociones y las conductas se suponían fuertemente influidas por las cogniciones,
Lo experiencial y lo indirecto
Las terapias de tercera generación son, más que un enfoque terapéutico completamente nuevo, una profunda reflexión sobre aspectos muy importantes del ser humano que habían sido poco explorados en la psicología anterior. Tampoco son un grupo de terapias homogéneas, pero coinciden en prestar gran importancia al contexto de las conductas de las personas y también subrayan la necesidad de reflexionar sobre las funciones que estas conductas cumplen. Esto quiere decir que la función de la conducta puede llegar a ser más importante que la propia conducta en sí, y hacia aquí se debe dirigir la investigación en una psicoterapia.
Si trabajamos sobre una conducta, pero no sobre la función que cumple, podemos corregir esta conducta pero dejar intactas otras, igual de problemáticas, que cumplen la misma función. Por este motivo, el acercamiento terapéutico ha de ser más indirecto que en orientaciones anteriores, y basado en lo experiencial, es decir, en el contexto en que se produce.
El repertorio de habilidades
En las terapias de tercera generación, resulta importante dotar a la persona de habilidades que no van a poder ser utilizadas sólo en una situación, sino en varias, habilidades transversales de regular las propias emociones, manejarse con los pensamientos de modo diferente y gestionar la atención de modo eficiente. Se echa mano, pues, de un gran número de técnicas psicológicas de la primera y la segunda ola, de diversas orientaciones psicológicas.
El objetivo aquí es: quedémonos con todo lo que funciona adecuadamente y utilicémoslo.
El terapeuta, y no sólo el paciente
Un aspecto importantísimo de las terapias de tercera generación es la atención que se presta al propio terapeuta. Aunque, desde todos los modelos anteriores, como no podía ser de otra manera, se señalaba la importancia de que el terapeuta estuviera bien, de que fuera competente con sus propios conflictos y de que supiera construir una buena relación terapéutica con el paciente, en las terapias de tercera generación la atención y los recursos de los que se dota al terapeuta son de distinta índole.
Se señala al terapeuta, en primer lugar, la importancia de explorar él mismo como persona los principios que va a trabajar con el paciente.
Cuales son las Terapias de Tercera Generación
Contestar esta pregunta no es tan fácil como pudiera parecer, debido a que utilizan técnicas de generaciones anteriores, y representan un grupo heterogéneo. De todos modos, suelen considerarse terapias de tercera generación las siguientes terapias, sobre las que realizaremos posts específicos en las próximas semanas:
- la MBSR (reducción del estrés basada en mindfulness),
- la MBCT (terapia cognitiva basada en mindfulness),
- la MBRP (prevención de recaídas basada en mindfulness),
- la MCT (terapia metacognitiva),
- la BA (activación conductual),
- la MI (entrevista motivacional),
- la IBCT (la terapia conductual integrativa de pareja),
- la DBT (terapia dialéctica conductual)
- y la ACT (terapia de aceptación y compromiso).
El papel central del mindfulness
Como es difícil de pasar por alto, el mindfulness es un componente relevante de la mayoría de terapias de tercera generación.
¿Por qué es tan importante el mindfulness?
La gran contribución del mindfulness es que su práctica ayuda a aceptar las experiencias que tienen las personas, ya sean éstas internas o externas, sin que el lenguaje y el pensamiento las distorsionen. Aceptar las experiencias no quiere decir que no persigamos cambiarlas. Todo llegará. Pero aceptarlas en el momento en que se dan supone una enorme ventaja.
Dejar de luchar contra el malestar
Quizás una de las grandes aportaciones del mindfulness a la terapia es quitar el foco de atención en luchar contra el malestar.
El público puede haber sacado una impresión errónea de las anteriores generaciones de terapias: si existen métodos para los pensamientos irracionales, será que éstos son malos y hay que luchar por quitarlos; si existen métodos para eliminar la ansiedad y reducir la tristeza, será porque debemos luchar contra ellas y no dejarnos arrastrar por ellas.
Este enfoque, sin embargo, plantea enormes problemas: uno de ellos es que nos privamos del valor positivo de las emociones negativas (están ahí para algo) y otro es que, cuanto más intentamos suprimirlas, más efecto rebote podemos generar, además de otros problemas nuevos que aparecen cuando intentamos eliminarlas.
Un ejemplo: la ansiedad
Para entender todo lo anterior, imaginemos que una persona tiene ansiedad al hablar en público. Imaginemos que intenta luchar contra ella enfrentándose a la situación, forzándose a cambiar de pensamientos, pero que no lo consigue. Con toda probabilidad, comenzará a sentirse culpable o inadecuada por seguir teniendo esta ansiedad, y desesperanzada por no conseguir que se vaya, se recriminará y se hablará duramente por seguir teniéndola, y probablemente anticipe mucha ansiedad ya que, hablar en público ya no supone para ella sólamante la ansiedad ante la situación, sino también confrontarse a su supuesta incapacidad, a su fracaso: un duro trago para un ser humano.
Imaginemos, por el contrario, un acercamiento basado en Mindfulness: de acuerdo, la ansiedad está aquí, la acepto, tiene una razón de estar aquí, en función de las experiencias que he tenido, no surge de la nada, no es culpa mía. No es cómoda, pero no me puede perjudicar. Seguramente que quiere darme mensajes de alerta que cree que pueden ser buenos para mí, dado lo mal que lo pasé en el pasado en situaciones similares. De acuerdo, la atenderé, la escucharé, me respetaré teniéndola. Este enfoque da un punto de partida completamente diferente al anterior. Así, desde el respeto, desde la ausencia de urgencia, desde la autoestima, podemos trabajar para comenzar a reducir esa ansiedad.
Psicóloga de adultos y especialista en TCA
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