¿Sabías que tu cerebro posee tres sistemas neurológicos que te regulan emocionalmente? Según lo que la vida requiera de ti en cada momento, tu cerebro puede brindarte recursos específicos para afrontarlo.

Cuando estás en amenaza: el sistema de defensa y protección

Enhorabuena, ¡tienes un sistema que vela por tu supervivencia! Cuando tu mente detecta un peligro real o potencial (para tu supervivencia física o psicológica), desencadena una cascada rápida de emociones que se extienden por tu cuerpo y te preparan para actuar. Pero este sistema, como todo en la vida, no es perfecto: al ser tan rápido genera falsas alarmas y es difícil de desactivar. Para desactivarlo necesitamos de los otros dos sistemas: el de búsqueda de recursos y el de calma.

Cuando tienes que ponerte manos a la obra: el sistema de búsqueda de recursos

Felicidades de nuevo, ¡tienes un sistema que te empuja a buscar soluciones para satisfacer necesidades y deseos! Este sistema te aporta energía para actuar y dar pasos que te acerquen a tus objetivos, es decir, se activa con conductas de logro y, si están tienen éxito, te aporta sentimientos de placer y satisfacción. Estas emociones pueden contrarrestar la tristeza o la ansiedad que genera el sistema de amenaza. Pero, con todo, también tiene un “pero”: está tan ligado al placer que puede generar adicción y dificultad para desactivarlo.

Cuando necesitas paz y conexión: el sistema de calma y afiliación

Eres afortunado, ¡también tienes la capacidad de cuidar de ti y proporcionarte calma y conexión emocional! Este es un sistema muy importante para el bienestar emocional y psíquico y por eso vamos a detenernos un poco más en él.

El papel de la infancia en el funcionamiento del sistema de calma

Cuando somos pequeños, nuestros cuidadores son figuras necesarias para activar correctamente nuestro sistema de calma en momentos de malestar, ansiedad o dolor: pueden mirarnos con ternura, abrazarnos, cogernos la mano, apoyarnos con frases de amor y aceptación incondicional. Esto nos hará sentir seguros, reconfortados y reducirá nuestra ansiedad infantil.

Si hemos aprendido que somos merecedores de este apoyo incondicional y si este apoyo se nos ha dado de modo consistente, de adultos -de manera natural- apelaremos a este sistema para confortarnos en momentos de malestar. Si no lo hemos aprendido este sistema queda, de algún modo, dormido o en pausa. La buena noticia es que es nuestro, siempre está ahí, no desaparece y, por tanto, se puede encontrar el modo de ponerlo en marcha de nuevo en cualquier momento de nuestra vida.

Tres en uno: tres sistemas que bailan un baile sólo para nosotros

¿Cuál es la buena noticia? Que estos tres sistemas tienen la capacidad de actuar de forma coordinada y óptima para resolver nuestro complejo mundo vital. Si estamos en peligro, real o percibido, el sistema de amenaza tomará la delantera porque quiere priorizar nuestra supervivencia. Cuando se activa el sistema de logro se reduce la amenaza porque nos encaminamos hacia nuestros objetivos y hacia la resolución de las dificultades. El sistema de calma sería algo así como un consejero o mediador que ayuda a los otros dos sistemas a reestablecer el equilibrio emocional cuando éste se ha visto comprometido por la activación excesiva de alguno de los otros dos sistemas. De hecho, el sistema de calma podría actuar a través del neurotransmisor GABA, un neurotransmisor inhibitorio que reduce la actividad neuronal relacionada con el miedo y la ansiedad. En las últimas décadas se está investigando mucho sobre este neurotransmisor.

¿Cómo activar tu sistema neurológico de calma?

Podemos encontrar dos caminos para poner en marcha a este juez de paz que medie dentro de nosotros y nos ayude a cuidarnos. Una vía es buscar el contacto con otros, acercarse a personas que nos hagan bien, implicarse en relaciones honestas en las que podamos dar y recibir apoyo incondicional, amor y consuelo. Otra vía, complementaria y no excluyente, es darnos todo esto a nosotros mismos desde nosotros mismos. ¿Cómo? Te damos algunas sugerencias.

El tacto tranquilizador

¿Se te ocurren algunos gestos que puedan calmarte? Tal vez puedas coger tus manos, como cuando coges a alguien que lo está pasando mal; quizás puedas poner una mano en tu pecho, como cuando intentas apaciguar a un niño; puedes probar a abrazarte, incluso acunarte; qué tal si coges tus mejillas con tus manos y dejas que tu cabeza repose en ellas… El objetivo no es quitarte el malestar sino apoyarte, acompañarte cuando lo pasas mal y estás estresado, te sientes inseguro, te agobian los problemas, te sientes inadecuado o culpable. El hecho de tomarte unos minutos para probar diferentes formas de atenderte cuando lo pasas mal ya es un gesto de simpatía hacia ti mismo que puede ayudarte a activar tu sistema de calma.

Frases de bondad y simpatía

¿Qué le dices a una persona que sufre? ¿aprovechas para hacer leña del árbol caído o procuras mostrarle apoyo y simpatía? Esta segunda opción activará su sistema de calma, la primera puede activar su sistema de amenaza. Cuando hablamos con nosotros mismos muchas veces somos exigentes, duros, hipercríticos… lo que también activará nuestro sistema de alerta. Prueba a activar tu sistema de bienestar también desde el diálogo interno con frases de este tipo: ojalá que yo esté bien, que tenga calma, que pueda permitirme fallar y aprender, ojalá que yo tenga paz interior, serenidad. ¿Qué necesito escuchar en estos momentos desde lo más profundo de mí mismo? Responder a esta pregunta te ayudará a acertar.

Hacerte las preguntas apropiadas

Preguntarte por lo que necesitas hacer o darte en ese momento que sufres es importante. Si haces la pregunta, puede venir la respuesta en forma de: necesito tomarme algo calentito, necesito echarme una siesta, necesito llamar a alguien y charlar, necesito desconectar ahora de este dolor porque es demasiado fuerte y distraerme con algo… Igual que atenderías a un invitado en tu casa que estuviera pasando por un mal momento y procurarías que tuviera todo lo que necesita, así te puedes atender a ti mismo cuando pasas un mal momento. El ¿qué puedo hacer por ti? se traduce en un ¿qué puedo hacer por mí? Así activas tu sistema de calma.

El mindfulness como solución para relajarse

Las anteriores sugerencias son propuestas de bondad y compasión (esas palabras tan en desuso y que tenemos que recuperar). También las prácticas de mindfulness ayudan a activar el circuito de calma: aceptar lo que está ocurriendo dentro de nosotros, aunque sea doloroso. Para profundizar más en este último recurso podéis leer nuestros artículos sobre mindfulness.

¿Te gustan nuestros artículos?

María José Miguel

Psicóloga de adultos

¿Qué tipos de ansiedad existen?

Si salimos a la calle y preguntamos, al azar, a las personas que circulan por ella, si alguna vez han tenido ansiedad, seguramente una gran mayoría nos responderán afirmativamente. Esto es así porque la ansiedad, como cualquier otra emoción de las comúnmente etiquetadas como negativas, es un patrimonio humano universal. Pero no todas son iguales, existen diversos tipos de ansiedad.

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