PSICOLOGÍA ADULTOS

3 junio 2019

De inteligencia emocional, ¿cómo vas?

¿Inteligente? Sí, emocionalmente.

Durante mucho tiempo, el concepto de inteligencia y el concepto de emoción fueron separados en el ámbito de la psicología. Cuando se intentaba medir la capacidad intelectual de una persona, el esfuerzo iba dirigido meramente a las capacidades cognitivas y no se contemplaba incluir las capacidades emocionales como parte de la inteligencia. Todo esto cambió a finales del siglo pasado cuando quedó claro que el coeficiente intelectual al uso no predecía ni el éxito en la vida ni el éxito académico. Algo se nos estaba escapando.

El nacimiento de la inteligencia emocional

Aunque durante las décadas de los 70 y 80 el concepto de emoción cobró relevancia, no fue hasta principios de los 90 cuando se produjo la revolución de la inteligencia emocional. Fue una verdadera revolución porque el concepto salió de los círculos académicos para extenderse entre la población general. Goleman dio en el clavo con su libro Inteligencia Emocional, sabiendo hacer atractivo para el gran público un concepto que otros autores estaban estudiando ya en el ámbito científico.

Beneficios de la inteligencia emocional

Las personas con buena inteligencia emocional tienen mejor autoestima y mejor estado de ánimo. Las personas que la tienen suelen vivir con bienestar emocional y suelen tener una mejor perspectiva sobre la vida. Por tanto, los niveles de depresión son menores en personas con buena inteligencia emocional y el nivel de motivación suele ser mayor.

Inconvenientes de no desarrollar la inteligencia emocional

Una menor inteligencia emocional se asocia a mayores niveles de estrés. Esto es así porque las personas con menor inteligencia emocional identifican los problemas como una amenaza. Al identificar los problemas como una amenaza suelen responder impulsivamente o evitan enfrentarse a la situación. También se enredan en pensamientos rumiativos poco objetivos. Como resultado, sus intentos de solución de los conflictos tienen menos probabilidades de éxito, lo cual retroalimenta el estrés. Por este motivo, en nuestro equipo de psicólogos en Valencia, realizamos talleres de inteligencia emocional para niños: aprender estas habilidades en la infancia es garantía de felicidad futura.

¿Qué es exactamente la inteligencia emocional?

Aunque existen muchas definiciones, la inteligencia emocional vendría a ser algo así como un conjunto de habilidades y capacidades relacionadas con las emociones. Una de esas habilidades es la de reconocer las propias emociones, otra la de conocer las de los demás, pero la inteligencia emocional también implica saber regular esas emociones y saber resolver problemas utilizándolas bien.

Reconocer las propias emociones: la auto-conciencia emocional

La auto-conciencia emocional implica reconocer las propias emociones, saber ponerles un nombre preciso, identificar en qué parte del cuerpo se están expresando, etc… pero también conocer los antecedentes, es decir, saber qué sucesos son los que han disparado esa emoción.

Reconocer las emociones de los demás: competencias interpersonales

Las personas con buena inteligencia emocional son buenas leyendo las emociones de los demás, las comprenden e identifican bien. Pero no sólo eso, la inteligencia emocional también implica tener empatía, mostrar interés en dar y recibir afecto y tener capacidad de ser un miembro constructivo de la sociedad.

Saber gestionar las propias emociones: auto-regulación emocional

La regulación de las propias emociones es un punto clave de la inteligencia emocional ya que conocer las emociones propias y ajenas no sirve de nada si no sabemos regularlas para que nos ayuden. La regulación de las emociones busca encontrar el equilibrio emocional. ¿Cómo lograr ese balance? Desde luego no suprimiendo las emociones negativas como algunas personas piensan, sino seleccionando bien las situaciones, modificándolas cuando es conveniente, eligiendo los aspectos más importantes de la situación, seleccionando las interpretaciones de la situación más objetivas y beneficiosas y modulando, finalmente, nuestra propia respuesta emocional.

Resolución de problemas cotidianos

Todas las habilidades anteriores, que son propias de la inteligencia emocional, nos pueden servir para fines prácticos. La inteligencia emocional puede ayudarnos a ser conscientes de los problemas que tenemos pero a sentirnos seguros sobre nuestra capacidad para afrontarlos. Para ello nos puede ayudar hacer un esfuerzo por definir el problema claramente y generar tantas soluciones como sea posible. Una vez llegado a este punto, la inteligencia emocional nos ayudará con la motivación para poner en práctica las herramientas para intentar dar el mejore enfoque al problema.

Mª José Miguel Quilis

Psicóloga de adultos en Valencia

Directora Apai Psicólogos

Psicólogos en Valencia

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