Abuso sexual infantil: esa dolorosa realidad

Abuso sexual infantil

El abuso sexual infantil, pese a no ser un problema reciente, es uno de los tipos de maltrato que más ha tardado en estudiarse. Esto es debido a múltiples factores: la ausencia de síntomas físicos visibles en muchos casos, la heterogeneidad de los síntomas psicológicos que presentas los niños que lo sufren y, por supuesto, la dificultad que tiene la sociedad para admitir y reconocer que esto es algo que pueda sucederle a un niño o una niña. Sin embargo, es prioritario que se investiguen y aíslen indicadores de este tipo de abuso, dado que las secuelas psicológicas a las que puede dar lugar son, en muchas ocasiones, perdurables en el tiempo.

Cómo definir el abuso sexual infantil:

la coerción y la asimetría de edad

Llegar a una definición consensuada de lo que es el abuso sexual infantil es una de las cuestiones que más está ocupando a los profesionales en las últimas décadas, ya sea del ámbito social, educativo, sanitario o jurídico. Sin esta definición, podrían quedar fuera o no detectados, casos efectivos de abuso sexual en la infancia, sobre todo en los casos en los que haya discrepancia entre el concepto clínico y el concepto jurídico del mismo; este problema podría redundar en una desprotección de las víctimas.

En España, para considerar si existe o no existe abuso sexual infantil, suele recurrirse a determinar si existe coerción de algún tipo, así como a tener en consideración la asimetría o no de edad. Cuando hablamos de coerción, no hablamos siempre de fuerza física, aunque también. Coerción puede ser amenazar con la ocurrencia de algo inquietante para el niño (“si lo cuentas tú mamá ya nunca más te querrá”, por ejemplo), la presión, la autoridad (ser familiar, parte del profesorado o personal sanitario, por ejemplo), o el engaño (“si te gustan los perritos, ven y te regalaré uno”), y el uso de este tipo de coerciones para mantener algún tipo de contacto sexual con los niños implica ya abuso sexual infantil aunque no haya diferencia de edad.

Respecto a la diferencia de edad, deja en evidencia que el menor no tiene plena libertad para decidir qué significa lo que está ocurriendo, por lo tanto queda fuera de una actividad sexual libre y compartida: el de más edad tiene una información sobre la sexualidad que el de menor de edad no tiene y, por lo tanto, lo involucra en una situación que no comprende.

Cómo es de frecuente el abuso sexual infantil

No sabemos a ciencia cierta cómo de frecuente es el abuso sexual infantil, dado que muchos casos no son detectados o puestos en conocimiento de las autoridades oficiales, motivo por el que es difícil establecer estadísticas. Sí sabemos que los casos detectados son la punta del iceberg por muchos motivos: el menor tiende a callar por miedo y, en el caso de que atreva a contarlo, son muchos los tabúes que se interponen en las propias familias a la hora de aceptar que eso que está contando el niño es verdad. Muchos familiares piensan: “no puede ser, es imposible”, sobre todo si el abuso aparece dentro de la propia familia, tendiendo a convertirse en un tabú en el que, aun separando al niño del agresor y evitando que estén juntos, muchas veces no se denuncia por miedo a generar un cisma familiar.

En los casos de abuso de alguna otra figura de autoridad, como un profesor o profesora, el miedo a que no pueda demostrarse, las implicaciones escolares del abuso, tampoco favorecen que la revelación sea, en ocasiones, tenida en cuenta.

Qué tipos de abuso sexual infantil hay

Dentro de las diferentes tipologías de abuso sexual infantil podríamos distinguir entre aquellas en las que se lleva a cabo un contacto físico y aquellas en las que este contacto no existe pero siguen siendo abuso sexual. El contacto puede implicar tanto caricias, como masturbaciones en ambas direcciones, así como penetración del tipo que sea: oral, vaginal o anal.

Los abusos sin contacto físico se refieren a las proposiciones de relación sexual, a la exhibición de los órganos sexuales al niño para obtener excitación al hacerlo, pero también tener una relación sexual o masturbarse delante del menor y, por supuesto, utilizar al niño para  confeccionar material pornográfico u obligarle a visionar material pornográfico a él mismo.

Más recientemente, cabe destacar el llamado abuso sexual online o grooming que está creciendo y sobre el que es importante que las familias estén alertas cuando sus hijos tienen libre acceso a internet: adultos que, haciéndose pasar por menores, consiguen establecer una relación online con la víctima a través de conversaciones, pero que puede ir escalando hacia petición de fotos o vídeos y acabar en una propuesta de encuentro en el mundo real.

Cuáles son los indicadores de abuso sexual infantil

Los indicadores son ya consecuencias iniciales o tempranas de un abuso sexual, que aparecen entre los dos primeros años posteriores al abuso. Entre ellas puede haber presencia de problemas emocionales (ansiedad, depresión, baja autoestima, sensación de culpa o de estigma, ideación suicida) pero también cognitivos (problemas de focalizar la atención, problemas de concentración, conductas hiperactivas y de rendimiento escolar).

Las secuelas tempranas también pueden tomar forma de indicadores de problemas de relación social tanto con iguales como con adultos, así como problemas funcionales (dificultad para dormirse, problemas para controlar esfínteres o problemas alimentarios). Y, por supuesto, pueden aparecer problemas de conducta (conductas erotizadas que llaman la atención, agresividad, etc.)

Secuelas psicológicas a largo plazo del abuso sexual infantil

Podemos decir con rotundidad que este abuso sexual puede ser considerada como una situación extrema, pese a que muchos entornos tiendan a silenciarlo o minusvalorar las posibles consecuencias. “Olvídalo ya, es parte del pasado, ya no pasará más”, es el mensaje que a veces han de escuchar por parte de conocidos o familiares que piensas que, simplemente, alejando al agresor de la víctima y evitando que la situación vuelva a suceder, es suficiente. Sin embargo, el abuso sexual infantil puede, y suele tener en gran mayoría de casos, secuelas, que pueden perdurar en la edad adulta (sólo entre un 20% y un 30% de las víctimas permanecen sin síntomas). Por este motivo, por duro que sea, no puede mirarse hacia otro lado

En un próximo post hablaremos de los métodos de evaluación psicológica para abuso sexual infantil que no son otra cosa qué peritajes psicológicos llevado a cabo por peritos psicólogos expertos en esta materia que, atendiendo a la evidencia científica actual sobre este tema y evaluando al menor, miden la presencia de indicadores emocionales, conductuales, cognitivos, etc. de abuso sexual infantil, así como valoran la coherencia interna de los testimonios. La realización de estos peritajes psicológicos por una persona experta es de extraordinaria importancia, puesto que las figuras no especializadas pueden inducir respuestas en el menor que contaminan el testimonio.

Ana Borja Royo

Perito psicóloga

 

 

Psicología jurídica en Valencia

 

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