2 abril 2018
Cómo funciona un proceso con un mediador familiar
Entendemos la mediación como un proceso en el que dos partes de una familia se decantan, de forma voluntaria, por iniciar un proceso con un profesional externo, neutro y cualificado -el mediador familiar-, en un ambiente de confidencialidad y respeto.
El mediador familiar ayudará a las dos partes a que se entiendan, saliendo de los círculos habituales de comunicación y visión del otro que habitualmente suelen estar pre-establecidos y rigen la relación.
El mediador familiar tiene una metodología de trabajo que se lleva a cabo a lo largo de las siguientes etapas:
El mediador familiar explica el contrato, las fases y las reglas de la mediación
Las reglas de comunicación
En toda comunicación efectiva y respetuosa existen unas reglas que la favorecen o dificultan. El mediador familiar explica estas reglas, que regirán el proceso: esforzarse por hablar con educación, respetar algún sistema de turno de palabra y escuchar activamente al otro cuando exponga sus sentimientos y hechos, aunque no compartamos lo dicho: habrá tiempo para dar nuestra visión y opinión.
El contrato que garantiza la confidencialidad
Para las personas que acuden a asesorarse con un mediador familiar resulta muy importante tener garantizada la confidencialidad de todo el proceso. Para ello se firma un documento de consentimiento para la mediación, que viene a ser un contrato en el que se detallan los temas sobre los que se desea mediar, se explicita que el mediador familiar no dará consejos, pues no es su función, que se buscará un clima de respeto mutuo y que el fin es llegar a acuerdos que sean satisfactorios para ambas partes. De hecho, y aunque muchas personas no lo sepan, todo lo que se hable durante las entrevistas en una mediación familiar es confidencial, de modo que no puede utilizarse como prueba ante un tribunal; incluso el mediador familiar puede firmar su renuncia a testificar ante el tribunal.
El mediador familiar recoge la información y se identifican los temas a mediar
Es una fase importante, en la que cada una de las partes hablará libremente durante unos diez minutos, con toda la atención tanto del mediador familiar como de la otra parte. La persona que escucha puede tomar notas de lo que considera importante, de lo que siente al escuchar, de los puntos de desacuerdo, para exponerlo posteriormente. En ocasiones hay consenso sobre quién comienza a hablar, en otras simplemente puede echarse a suertes. Lo importante es que, después de cada exposición de hechos, valoraciones y sentimientos, el mediador familiar, intentará resumir lo que ha escuchado, las emociones percibidas y se asegurará de que lo ha entendido perfectamente. El mediador familiar siempre procurará mantener un equilibrio exquisito entre ambas partes, para que puedan exponer con libertad e igualdad sus demandas. Se buscarán y señalarán zonas de acuerdo que las personas puedan no estar percibiendo y se preguntará por otros temas importantes a tratar.
El mediador familiar propone una agenda de trabajo
El profesional, en nuestro caso la psicóloga experta en mediación familiar, una vez recabados todos los puntos de vista y detectados a través de las conversaciones iniciales los puntos importantes sobre los que se va a hablar en la mediación, elabora una lista de los mismos que se entrega a las dos partes o se tiene siempre presente en una pizarra. Sobre casa uno de estos temas, el mediador familiar irá preguntando a ambas partes, según las normas de comunicación y turno de palabra que ha explicado previamente.
El mediador familiar propone una “lluvia de ideas” para desatascar los temas de conflicto
Nuestra psicóloga mediadora familiar ayuda a las partes a generar posibles soluciones creativas, novedosas, no contempladas anteriormente, a los puntos de conflicto. Cada parte puede aportar tantas opciones como quiera y estas opciones no son valoradas, ni criticadas en ese momento, ni tan sólo comentadas. En la etapa de generar ideas, la mente ha de esta abierta, carente de juicio. Una vez listadas las posibilidades, las partes, siempre en el clima de respeto y colaboración que propone el mediador familiar, expone sus pros y contras y se observa si se llega a algún acuerdo o no. Este proceso puede durar una o varias sesiones, con descansos entre ellas e incluso asesoramiento con expertos sobre la viabilidad o deseabilidad de las opciones planteadas, ya sean económicas, legales, etc… Si una de las partes no consigue mostrarse receptiva o colaboradora, el mediador familiar le ayudará en sesión aparte a detectar y resolver las emociones y pensamientos que bloquean el proceso.
Llega el momento de los acuerdos finales
Una vez consultados los expertos, si hubiera sido necesario, se recapitulan las soluciones consensuadas por ambas partes y se redactan y firman por todas las partes. Estas soluciones son muy concretas, sin margen a interpretación subjetiva, de modo que sea fácil a todas las partes cumplirlas. Este documento, a través de un abogado se pone a disposición de los órganos judiciales para su validación.
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