Ansiedad Infantil

Los niños, como los adultos, pueden tener ansiedad. Cuando estén ansiosos seguramente no sabrán identificar lo que les pasa, pero no se encontrarán bien. En ocasiones, la ansiedad infantil se muestra en forma de dolores de barriga o cefaleas, pueden sentir malestar en los músculos, experimentar dificultades para dormir, vomitar o ir de diarrea. En ocasiones vemos como se chupan las mangas de la camisa o el cuello de la camiseta, se muerden las uñas o no paran de moverse o golpear cosas.

niño con ansiedad

¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad es una respuesta natural de nuestro organismo para defenderse o huir de un peligro. En ocasiones las relaciones sociales en el colegio les superan, o sienten que no son capaces de hacer nada bien. Otras hay alguien que les está molestando. Tal vez tu hijo esté enfrentándose a situaciones que le angustian pero no sepa cómo decírtelo.

Tipos de ansiedad en los niños

Pero los niños, además de situaciones transitorias de ansiedad infantil como las que hemos descrito, situaciones sobre las que conviene estar atentos para averiguar si tiene alguna fuente de estrés que, como padres, debamos saber, también pueden tener trastornos de ansiedad propiamente dichos que necesitarán de ayuda psicológica. En los trastornos de ansiedad infantil, los síntomas son más evidentes, dado que son intensos, duraderos en el tiempo y acaban por interferir de modo importante en su funcionamiento cotidiano.

Trastorno de ansiedad generalizada

El trastorno de ansiedad infantil generalizada, por ejemplo, aunque suele ser de inicio en la adolescencia, también puede adelantar su edad de aparición. Consiste en estar constante y fuertemente preocupados por multitud de situaciones, sean estas reales o imaginarias. Estos niños sienten ansiedad por suspender, por no llevar los deberes bien hechos, por lo que piensen los profesores de ellos, por su ejecución en situaciones deportivas, o por la puntualidad. Suelen ser muy responsables y perfeccionistas y tienden a repetir varias veces los deberes hasta que les quedan bien, aunque a menudo no quedan del todo satisfecho. Son niños que experimentan gran estrés.

Fobia específica

Un niño también puede desarrollar otro trastorno de ansiedad infantil llamado fobia específica. La fobia específica es un miedo excesivo y perturbador durante un periodo de tiempo mayor a seis meses a una situación u objeto concreto, como un animal, ir a clase, hablar en público, las tormentas, etc… En ocasiones, las fobias infantiles se desarrollan por haber vivido un suceso impactante en alguna situación, o por haber visto o haber escuchado cómo lo ha sufrido otra persona, incluso por la televisión. Como consecuencia del impacto, comienzan a evitar cualquier situación relacionada con el temor, agravando el miedo. No obstante, si tu hijo presenta una fobia, no comiences a enfrentarle “a lo bruto” a lo que teme: acude a psicólogos especializados, porque una exposición hecha inadecuadamente puede agravar el cuadro.

Fobia social

Los niños también pueden tener ansiedad infantil social. Un niño con fobia social sentirá mucha angustia cuando tenga que hablar en clase, trabajar en grupo, ir a fiestas o acudir a actividades extraescolares, también puede darle mucha ansiedad salir al patio. Como consecuencia de esta ansiedad, lo más normal es que evite estas situaciones o se las apañe para huir del malestar en ellas (bajando la voz, intentando pasar desapercibido, etc…) teniendo como consecuencia problemas escolares o de socialización.

Fobia escolar

Los motivos por los que el niño puede sentir esta ansiedad y necesidad de evitación hacia el colegio pueden ser variados, pero en general suelen estar presentes miedos irracionales relacionados con algún aspecto de la vida en el colegio.
A la hora de realizar la evaluación, el psicólogo procede cuidadosamente, pues ha de descartar situaciones de abuso, acoso y dificultades de aprendizaje que el niño pueda tener como origen de la ansiedad.

Ansiedad de separación

La ansiedad de separación es otro problema de ansiedad infantil. Aunque la ansiedad de separación, como etapa, es una fase normal del desarrollo del bebé, si ésta se alarga excesivamente puede convertirse en un problema. Como fase normal de desarrollo la ansiedad de separación de produce cuando el bebé se da cuenta de que es un ser independiente de su cuidador. Como todavía no tiene la capacidad de entender que el cuidador va a volver o que está en otra habitación, se angustia y llora porque se siente vulnerable y solo.

Entre los 7 meses de edad y los 2 años, hemos de esperar que aparezca algún tipo de ansiedad de este tipo. Y más tarde, en contextos y situaciones determinadas, también. Pero si esta angustia es muy intensa o se prolonga en edad interfiriendo su adaptación, podemos hablar de ansiedad por separación a tratar.

Ataque de pánico

La ansiedad infantil también puede tomar forma de ataques de pánico o crisis de angustia, en las que el niño experimenta síntomas de ansiedad que no comprende y que le asustan; tanto le asustan que tiene miedo a que se repitan y también terror a que le pueda pasar algo. Si para un adulto, explicar qué le está ocurriendo durante un ataque de pánico es difícil, pongámonos en la piel del niño: es casi imposible de transmitir. Por este motivo, muchas veces pasa tiempo hasta que un profesional médico nos aconseja acudir a un psicólogo, pues lo habitual es que acudan de una consulta médica a otra en busca de una explicación médica a los síntomas.

Trastorno obsesivo compulsivo

El trastorno obsesivo compulsivo también puede darse como trastorno de ansiedad infantil: niños que se lavan constantemente las manos, que realizan conteos mentales o repetición de palabras obsesivos, o que ordenan compulsivamente. Generalmente con el pensamiento mágico de que así evitarán un daño. De todos modos, si observas estos síntomas, no te angusties, pues en cierta medida puede ser habitual en niños de 2 a 10 años. No obstante, no pierdes nada por consultar el caso concreto de tu hijo con un equipo de psicólogos, te sacarán de dudas.

Estrés post-traumático

Por último, los niños, en ocasiones, sufren desgraciadamente sucesos muy estresantes que pueden generarles posteriormente un estrés post-traumático, igual que los adultos. Si han estado expuestos a un desastre ambiental (riadas, terremotos, huracanes…) o catástrofes en medios de transporte, así como a un abuso sexual u otros actos de violencia, pueden procesar de modo inadecuado estas vivencias y presentar un cuadro de estrés post-traumático. La ayuda psicológica es fundamental.

 

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