¿Tener una buena familia o venir de buena familia?

Las familias funcionales

Características de las familias funcionales

  • Se escuchan unos a los otros, hablando claro.
  • Se aceptan las diferencias, los desacuerdos y los errores de cada quien, con juicio crítico.
  • Se acepta la individualidad.
  • Se promueve la madurez.
  • Todos se miran cara a cara cuando hablan.
  • Hay armonía en las relaciones.
  • Se demuestran y manifiestan mucho contacto físico entre unos y otros.
  • Se hacen planes juntos y todos disfrutan el compartir juntos.
  • Todos son honestos y sinceros entre ellos.

Las familias funcionales deben ser capaz de satisfacer las necesidades básicas materiales y espirituales de sus miembros, actuando como sistema de apoyo. Y el funcionamiento familiar debe verse de manera circular, lo que es causa puede pasar a ser efecto o consecuencia de, y viceversa. Eso es lo que puede permitir llegar al centro de los conflictos familiares en la terapia familiar o por sus propios medios y por tanto a las causas de la disfunción familiar, y juntos lograr que funcione.

¿Qué puedo hacer como padre o madre para promover que mi familia sea funcional?

Cada familia es un mundo distinto y tiene un lenguaje único.

Conocer, proteger y dialogar

  1. Conocer y entender a los niños y las niñas: cómo sienten, piensan y reaccionan según su etapa de desarrollo
  2. Ofrecer seguridad y estabilidad: los niños y las niñas tienen que confiar en sus padres, sentirse protegidos y guiados
  3. Optar por la resolución de los problemas de manera positiva: sin recurrir a castigos físicos, gritos, amenazas o insultos.

El vínculo afectivo es determinante

Los vínculos afectivos son lazos invisibles, pero de gran intensidad emocional que se crean entre el niño o la niña y sus padres o cuidadores, desde el momento mismo del nacimiento. Definen la relación entre ambos y tienen una influencia decisiva en el desarrollo de los niños y las niñas, en su personalidad y su autoestima. En las familias funcionales ese vínculo es el que proporciona al niño o a la niña seguridad y es a lo que los psicólogos llamamos vínculo de apego.

El afecto debe demostrarse abiertamente para que los niños y las niñas se sientan queridos

Los niños y las niñas no dan por hecho que son queridos, necesitan verlo y sentirlo para sentirse seguros. Las familias funcionales son buenas en demostrándoselo.

Las demostraciones expresas de amor son importantes: besos, abrazos, halagos, sonrisas. No hay nada más gratificante para un niño o una niña que sentir que es importante para sus padres y que estos están orgullos de él o ella. El afecto se manifiesta también mostrando interés por lo que los niños y las niñas sienten y piensan, dedicándoles tiempo.

Las normas y límites son importante: les dan seguridad

Las normas y límites son tan necesarias para el desarrollo emocional, cognitivo y social como el afecto. Las familias funcionales saben cómo poner estas normas y límites desde el respeto pero con firmeza.

El niño y la niña necesita un entorno predecible y saber qué esperan de él o ella sus padres, les aporta seguridad. Las normas deben ser claras, sencillas y estables, y servir para facilitar la convivencia familiar y la vida en sociedad. Es necesario que se acompañen de una explicación coherente, que el niño o la niña pueda comprender: no vale el “porque lo digo yo”.

Los niños y las niñas deben participar en el proceso de tomar decisiones y sentirse responsables

Si se implica a los niños y las niñas en el establecimiento de las normas es más fácil que las comprendan y acepten. Todos los miembros de la familia están más motivados a la hora de cumplir las normas si estas han sido habladas y consensuadas. Se pueden conseguir así decisiones más creativas y que sean percibidas como justas. Los niños y las niñas desarrollan una buena autoestima, confianza en sí mismos y sentido de la responsabilidad. Si no sabes cómo hacerlo, nuestras psicólogas expertas en familia e infancia y adolescencia pueden ayudarte.

Se les puede sancionar cuando se portan mal, pero no de cualquier forma

Cuando los niños y las niñas incumplen una norma o tienen una rabieta, no es porque sean malos o quieran amargarnos la vida. Al igual que nos pasa muchas veces a los adultos, a los niños y las niñas les cuesta controlar sus emociones y tolerar la frustración. Cuando no se respeten las normas y el niño o la niña se exceda en su reacción ante prohibiciones u órdenes (rompan cosas, peguen a otros niños, se tiren al suelo y pataleen), pueden aplicarse sanciones que sirvan para que repare el daño causado o para que entienda que lo que ha hecho no está bien y no debe volver a hacerlo. En las familias funcionales las sanciones son proporcionadas y claras, y se aplican rápidamente y de manera firme, pero tranquila y respetuosa. Las sanciones tienen que mantenerse, por eso deben ser proporcionadas, ser realistas y no durar demasiado tiempo.

El cachete, el insulto, la amenaza o los gritos no son eficaces ni adecuados para educar a los niños y niñas

¿Por qué? Porque el niño o la niña aprende que amor y violencia pueden ir de la mano, que cuando alguien me molesta y soy más fuerte puedo ejercer mi poder sobre otro para imponer mi voluntad.

Aprende que la inmediatez de la fuerza es más útil a la opción del diálogo y al establecimiento de normas y límites. Cuando se pega a un niño o una niña o se le insulta por algo que ha hecho mal se siente profundamente mal, indefenso y rechazado por sus padres, estas emociones no le permiten recapacitar sobre el motivo por el que se le castiga. La corrección sin violencia, acompañada de una explicación clara, con ejemplos, alternativas y compromisos ayuda al niño o la niña a interiorizar las normas y a respetarlas de manera responsable y es propia de familias funcionales.

Los conflictos pueden resolverse sin violencia

Los conflictos dentro de las relaciones afectivas pueden estrechar los lazos de esta unión si se resuelven de manera pacífica.Solucionar problemas sin violencia o agresividad, física o verbal, exige un ejercicio de autocrítica, de explorar nuestras motivaciones y de respeto al otro.

Requiere desplegar herramientas de comunicación y negociación, como:

  • La escucha activa. Tratar de entender lo que el otro quiere decirnos (aunque no compartamos su punto de vista).
  • Ponerse en el lugar del otro: ¿qué siente? Es importante mostrar empatía.
  • No emplear actitudes agresivas como insultos, reproches, chantajes o amenazas. Extreman las posturas de las personas enfrentadas y crean un clima muy desfavorable.
  • Negociar salidas al problema, cediendo en algunas cosas y asumiendo compromisos.

Si no sabéis cómo hacerlo, nuestro departamento de terapia familiar puede ayudaros. A veces es más fácil de lo que se piensa.

Para que la familia esté bien, los padres tienen que estar bien

Las madres y los padres deben enfrentarse diariamente a muchas situaciones y reaccionar de manera inmediata, sin pararse a pensar. Algunas situaciones pueden ser fuentes de preocupación, como la educación o la salud de los hijos y las hijas.

Es natural sentirse a veces desbordado, triste o frustrado, pero es necesario evitar que este estado se generalice o se alargue en el tiempo. Asumir una maternidad o paternidad responsable y positiva implica también cuidarse a uno mismo, buscar momentos de relax y disfrute personal que proporcionen descanso y fuerza para poder “tirar del carro” de la familia. Así que ya sabes, ¡cuídate y quiérete tú también!

Aroa Albert

Psicóloga infanto-juvenil en Valencia

 

Psicólogos infantiles en Valencia

 

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