ADICCIONES

15 de agosto de 2019


Tus pequeñas adicciones cotidianas

Adicciones del día a día

Reconozcámoslo, nos levantamos y no podemos vivir sin ese café o sin comprobar las últimas publicaciones de Facebook, llegamos a casa y deseamos esa cervecita o esa copa de vino para relajarnos después de ese día de trabajo, cogemos el móvil en cuanto suena el aviso de un whatsapp… Si te incomoda, motivo de más para seguir leyendo.

El piloto automático

Sea cual sea nuestra adicción, cuando la tenemos vivimos inmersos en lo que los psicólogos llamamos “piloto automático”, nos hacemos expertos en salir de nuestras sensaciones desagradables, en evitarlas a toda costa. No soporto la soledad y me fumo un cigarrillo para acompañarme. Me incomoda el cansancio a fin de día y suavizo mi cuerpo con una cerveza. Me angustia el enfado que llevo con mi madre y me voy de compras. Y así para todas: me incomoda cómo se expresa en mi cuerpo una emoción, una sensación, un pensamiento… y busco la manera de anestesiarlo o de eliminarlo. Por eso, los enfoques para tratar las adicciones que nos ayuden a manejarnos mejor con las sensaciones desagradables que, inevitablemente, no depara la vida, son un buen punto de partida, por ejemplo, el mindfulness.

El freno de emergencia

Existen muchos frenos de emergencia para las adicciones: la reducción de daños, la aproximación liberal, el cambio social, el enfoque médico, el mindfulness con un psicólogo… Ninguno de ellos es una panacea, no hay ninguno que funcione para todas las personas en todas las fases de su adicción. Cada uno de ellos puede ayudar a algunas personas, en algunas fases, por ello lo importante siempre es: seguir probando, seguir intentándolo. En algún momento, la semilla de alguno de ellos comienza a germinar dentro de nosotros.

El círculo vicioso

La cosa suele ser así: me sumerjo en una situación que es mi disparador (por ejemplo: el comienzo de una fiesta con unos amigos), y en esa situación comienzo a tener sensaciones corporales, al principio sutiles, que no detecto (cosquilleo en el pecho) y que me van conduciendo a un tono emocional determinado (me pongo en “modo fiesta”); entonces aparecen los pensamientos (venga, por qué no, una y no más, total, la vida son dos días) y las emociones (ilusión, ganas) que provocan más pensamientos y nos llevan a la acción (hacerme una raya). Esa acción nos provoca una ganancia a corto plazo (sensación muy buena en el cuerpo) pero también provoca un coste (estar de muy mal humor al día siguiente, ponerme agresivo, riñas con gente querida, gasto de dinero). Y aquí es donde empieza el círculo vicioso: ese coste, esas sensaciones, esos problemas, actúan como otro disparador…y la rueda vuelve a ponerse en marcha, una rueda que va cada vez más rápida y que tiene cada vez una ganancia más corta, menos intensa (la sensación buena es cada vez menor) y un coste más alto. El lío ya está armado, y se necesita la ayuda de un psicólogo para salir de él.

La importancia de las sensaciones sutiles y los disparadores

 

Las personas con adicción están acostumbradas a fijarse en las sensaciones fuertes del cuerpo, por eso pasan por alto señales corporales o físicas, sutiles, que, de detectarlas, podrían frenar consumos posteriores. La pregunta sería: ¿cuál es la primera señal en tu cuerpo de que te están entrando ganas de hacer algo relacionado con tu adicción? ¿Qué sucesos disparadores te predisponen  sentirte así? Aprender a detectar las sensaciones físicas y los disparadores es fundamental: Mindfulness es una herramienta muy interesante para ello, por este motivo ha comenzado a utilizarse también en el tratamiento de las adiciones.

Adicciones de mayor impacto

Luego están las adicciones que se han ido extremando y agravando en el tiempo, resbalando por un tobogán que, al principio, iba frenado pero que, al final estaba tan resbaladizo que, a temporadas, era absolutamente imposible no avanzar en caída libre por él. Son adicciones en las que se va perdiendo poco a poca la libertad de actuación, en las que la vida gira cada vez más en torno a pensar o hacer cosas para conseguir aquello a los que estamos enganchados, en las que una parte importante de nuestro día a día, o fin de semana, está de algún modo girando en torno a ello. Los psicólogos clasificamos las adicciones en dos tipos.

Adicciones a una sustancia

Las adicciones a una sustancia, también llamadas adicciones tóxicas, son las que la mayoría de las personas identificaría como adicción. Al tabaco, a los porros, al alcohol, a la cocaína, etc… Pero también a medicamentos: hay gente que inicio un tratamiento farmacológico para la ansiedad o la depresión pero, en algún momento, en lugar de seguir las indicaciones del médico, comienza a administrárselas a voluntad para manejar su malestar en cada momento, y ese es un momento peligroso, pues identifica la pastilla como única herramienta posible para reducir su inquietud, otorgándole un poder que luego va a costar mucho arrebatarle. Esto ocurre a veces cuando el tratamiento para ansiedad o depresión no incluye a un psicólogo.

Adicciones comportamentales

Pero también están las adicciones comportamentales. Comprar pequeñas o grandes cosas para alejar el malestar emocional o premiarnos; soñar despierto compulsivamente para compensar un vacío en nuestra vida o en nuestras relaciones; estar literalmente esclavizado al móvil; y también adicciones a la pornografía, al sexo, al trabajo… Tantas que sería imposible enumerar. Un número cada vez mayor de personas que acuden al psicólogo tienen alguna que otra adicción: a una pareja, a un juego, a tantas cosas.

Mª José Miguel Quilis

Psicóloga de adultos en Valencia

Directora Apai Psicólogos

Psicólogos en Valencia

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