Ataque de pánico:
cuando es «solo» ansiedad
Un Valium y para casa
Encontrarse mal, muy mal. Tener miedo, miedo a morir, miedo a estar perdiendo la razón. Acudir al hospital y recibir por todo diagnóstico: “Es sólo ansiedad; un Valium y para casa”. Seguro que conoces a alguien a quien le haya pasado. Es un ataque de pánico.
El ataque de pánico
Pues sí, es sólo ansiedad. Por un lado, es tranquilizador. No te estás muriendo, no te está dando un ataque al corazón, no te estás volviendo loco. Pero, por otro lado, ¿cómo me quedo tranquilo de que es sólo ansiedad?, ¿cómo puedo estar seguro? ¿por qué se me repite?, ¿por qué tengo ansiedad si no tengo motivos?… Si no resuelves estas preguntas con un psicólogo, o por cualquier otro medio a tu alcance (comentarlo con un amigo a quien le haya pasado, leer un libro explicativo, etc…) es posible que la ansiedad no disminuya y que te metas en un espiral de malestar muy incómoda. Comprender el ataque de pánico es fundamental.
¿Por qué no se me va ya esta ansiedad?
Cuando se produce el primer ataque de pánico, se pasa tan mal, que nuestro sistema de alerta se pone en guardia. A partir de ese momento, somos más vulnerables a desencadenar de nuevo los síntomas porque nuestra ansiedad está a tope y cualquier cosa puede volver a desbordarla.
Al desbordarse de nuevo, erróneamente confirmamos que sí nos está pasando algo grave de verdad, con lo que la alerta aún aumenta más y los síntomas aparecen con más frecuencia. Incluso aunque ya hayas comprendido con ayuda de un psicólogo que lo que te ocurre es ansiedad, las “sacudidas” siguen produciéndose. Tal vez en menor medida, o en menor intensidad, o sabes cortarlas antes, pero aún se producen: esto es muy incómodo, ¿verdad? Estas cansado de tenerlas, no ves el momento de que cesen.
¿Qué puedo hacer para superar el ataque de pánico?
El proceso, entendiendo lo que te pasa, se invierte, y las crisis cada vez se dan menos o más flojas, pero siguen dándose porque el sistema de alerta de nuestra mente no está preparado para desactivarse de golpe, sino que tenemos que “ir convenciéndolo” de que no hay peligro, es como un terremoto que luego tiene “pequeñas réplicas”.
Lo mejor que puedes hacer para que se vayan antes es, paradójicamente, aceptarlas cuando aún se produzcan, dejarlas existir, decirte que poco a poco desaparecerán, que es normal. que aún se den. En ocasiones, al tratamiento del psicólogo combinado con una medicación suave de un psiquiatra es de utilidad, pues la medicación acelera un poco el proceso de bajar la alerta, lo cual es cómodo para algunas personas.
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