La comunicación no violenta

Comunicar, comunicarse, es mucho más que hablar. Te comunicas cuando te ríes, cuando resoplas, cuando retiras la mirada, cuando abrazas. Te comunicas con los demás, ya sea para acercarlos o para rechazarlos; te comunicas contigo mismo, ya sea para aceptarte o para criticarte.

Con la comunicación, a menudo, sin ser conscientes, se hiere a otro ser humano, o se hiere uno a sí mismo. Por ese motivo, hoy, queremos hablar de la comunicación no violenta.

El conocimiento de uno mismo:
clave de la comunicación no violenta

La comunicación no violenta se basa en un proceso fundamental: el conocimiento de uno mismo y del otro, porque, en este tipo de comunicación, se tienen en cuenta nuestras necesidades emocionales más profundas, así como las de los demás. Si yo sé lo que deseo realmente, si yo sé lo que necesito o lo que realmente espero de una situación, o de otra persona, podré ser eficaz y directo a la hora de solicitarlo. Si yo no sé muy bien lo que quiero, si estoy confuso, si no tengo claro mis objetivos, es probable que me exprese de manera contradictoria o poco fructífera. Nos puede ayudar esta guía: observo detenidamente (y sin juzgar) lo que está ocurriendo, tomo consciencia de lo que siento (aceptándolo), conecto con mis necesidades más profundas (validándolas) y solicito a la otra persona algo en base a todo lo anterior.

El conocimiento de los demás

La otra cara de la moneda en la comunicación no violenta es el conocimiento del otro. Este conocimiento se basa en la empatía, en la escucha atenta. La otra persona, en ocasiones, no tiene claro sus objetivos a la hora de hablar o comportarse, puede ser que esté confuso, que tenga conflicto y que, por ese motivo, haga cosas que no nos gustan. Es importante entender esta dificultad o esta falta de habilidad del otro, no para aceptarla sin más y someterse a una forma de relación que no nos gusta, sino para pedir el cambio desde el respeto a sus dificultades.

Cómo expresarnos no violentamente: la emisión del mensaje

Existen pequeños trucos, muy efectivos, para expresarnos de forma asertiva, no violenta. La comunicación no violenta es una comunicación asertiva, las comunicaciones pasiva o dominante, por el contrario, son violentas, hacia uno mismo o hacia los demás.

Expresarse de modo positivo y concreto

Esto, que funciona tan bien con los niños, resulta igual de efectivo con los adultos. Si quieres algo, una vez que lo tengas identificado, busca la forma de expresarlo eliminando la palabra NO, y exprésalo de la forma más concreta posible. Por ejemplo, funciona mejor decir me gustaría celebrar mi cumpleaños este año con los amigos que decir, a mí no me metas en los líos familiares de siempre en mi cumpleaños.

Pedir sin exigir

Cuando exigimos algo a otra persona, las dos reacciones típicas que puede tener son: la rebelión o la sumisión. Plantéate si tu objetivo, cuando pides, es conseguir alguna de estas dos cosas, y porqué. Para identificar si estás pidiendo o exigiendo, hazte la siguiente pregunta: ¿cómo voy a reaccionar si el otro dice que no? Si la respuesta es: no me gustaría pero lo aceptaré, entonces estabas pidiendo; si la respuesta es: ya lo sabía yo, se va a enterar, entonces estabas exigiendo

Cómo reaccionar no violentamente: la recepción del mensaje

Para atender adecuadamente a lo que nos dice o hace otra persona, en primer lugar, hay que escuchar, estar ahí. Esto, te habrá pasado, no es tan fácil. A menudo, no escuchamos, sino que reaccionamos automáticamente en base a los prejuicios que tenemos sobre esa persona, en base a las interpretaciones que hacemos de su conducta. Para detener este proceso y realmente escuchar, hemos de recurrir a la empatía. Con la adecuada observación del otro, con un verdadero intento de entender por qué reacciona cómo reacciona, nos liberaremos de la etiqueta que solemos ponerle, esa etiqueta que es la que hace que nos sintamos mal y desconectemos de él. Si nos sentimos muy incómodos, violentados, asaltados, es importante también que desarrollemos empatía hacia nosotros mismos y nos retiremos para analizar con calma qué es lo que ha pasado, qué necesidades nuestras han sido vulneradas o creemos que han sido vulneradas, y cuál es la mejor manera de solucionarlo.

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María José Miguel

Psicóloga de adultos

Eva Monteagudo

Psicóloga de adultos y parejas

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