La transgresión como método para aprender las normas

A los niños, en general, les cuesta obedecer: intentan oponerse a las normas que les imponen los padres, pretenden imponer su criterio y se ponen más o menos agresivos cuando los padres no les comprenden o no aceptan sus deseos.

En la consulta del psicólogo infantil, a menudo recibimos demandas de padres angustiados por estas conductas. Esta situación es también extrapolable al adolescente.

Sin embargo, éstas son actitudes normales, porque corresponden a etapas evolutivas en las que se adquiere una mayor autonomía y la oposición a los adultos es el mecanismo para consolidar su identidad. En el Manual de psicología clínica infantil y del adolescente de Vicente Caballo, podéis encontrar información detallada sobre este tema.

¿Qué son los trastornos de conducta?

En cambio, cuando hablamos de trastorno de la conducta o trastorno del comportamiento en niños, estamos hablando de conductas que van mucho más allá de lo que pudiéramos considerar “normal” por su frecuencia, su intensidad o por su repercusión en el día a día del niño y su entorno.

Tipos de trastornos de conducta

El DSM-V (actual guía de referencia que utilizamos los psicólogos para catalogar los diferentes trastornos psicológicos) establece los siguientes trastornos de conducta de inicio en la infancia:

Trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH)

El trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) se caracteriza por un patrón persistente de inatención y/o hiperactividad-impulsividad y del que ya hablamos extensamente en este blog.

Trastorno negativista desafiante

El trastorno negativista desafiante establece un patrón de conducta basado en el enfado o la irritabilidad, discusiones, actitud desafiante o vengativa que se manifiesta por lo menos con cuatro síntomas de cualquiera de las categorías siguientes y siempre que no sea exclusivamente en la interacción con un hermano:

Síntomas del trastorno negativista desafiante

  • A menudo pierde la calma.
  • A menudo está susceptible o se molesta con facilidad.
  • A menudo está enfadado y resentido.
  • Discute a menudo con la autoridad o con los adultos, en el caso de los niños y los adolescentes.
  • A menudo desafía activamente o rechaza satisfacer la petición por parte de figuras de autoridad o normas.
  • A menudo molesta a los demás deliberadamente.
  • A menudo culpa a los demás por sus errores o su mal comportamiento.
  • Ha sido rencoroso o vengativo por lo menos dos veces en los últimos seis meses.

Trastorno explosivo intermitente

Cuando en consulta contáis al psicólogo que vuestro hijo muestra un patrón de arrebatos recurrentes en el comportamiento que reflejan una falta de control de los impulsos de agresividad, manifestada por agresiones verbales (por ejemplo berrinches, diatribas, disputas verbales o peleas) o agresión física contra la propiedad, los animales u otros individuos que pueden provocar o no lesiones físicas… podemos estar ante un trastorno explosivo intermitente.

La magnitud de la agresividad expresada durante los arrebatos recurrentes es desproporcionada con respecto a la provocación o cualquier factor estresante psicosocial desencadenante y no son premeditados (es decir, son impulsivos o provocados por la ira) ni persiguen ningún objetivo tangible (por ejemplo dinero, poder, intimidación).

Trastorno de la conducta

El trastorno de la conducta, conocido anteriormente por los psicólogos como trastorno disocial, se caracteriza por un patrón repetitivo y persistente de comportamiento en el que no se respetan los derechos básicos de otros, las normas o reglas sociales propias de la edad, lo que se manifiesta por la presencia en los doce últimos meses de por lo menos tres de los quince criterios siguientes en cualquier de las categorías siguientes, existiendo por lo menos uno en los últimos seis meses:

Síntomas del trastorno de la conducta

  • A menudo acosa, amenaza o intimada a otros. Inicia peleas.
  • Ha usado un arma que puede provocar serios daños a terceros (p. ej., un bastón, un ladrillo, una botella rota, un cuchillo, un arma).
  • Ha ejercido la crueldad física contra personas o animales.
  • Ha robado enfrentándose a una víctima (en un atraco, robo de un monedero, extorsión, atraco a mano armada).
  • Ha violado sexualmente a alguien.
  • Ha prendido fuego deliberadamente con la intención de provocar daños graves.
  • Ha destruido deliberadamente la propiedad de alguien (pero no por medio del fuego).
  • Ha invadido la casa, edificio o automóvil de alguien.
  • A menudo miente para obtener objetos o favores, o para evitar obligaciones (p. ej. “engaña” a otros)
  • Ha robado objetos de valor no triviales sin enfrentarse a la víctima (p. ej., hurto en una tienda sin violencia ni invasión; falsificación).
  • A menudo sale por la noche a pesar de la prohibición de sus padres, empezando antes de los 13 años.
  • Ha pasado una noche fuera de casa sin permiso mientras vivía con sus padres o en un hogar de acogida, por lo menos dos veces o una vez sí estuvo ausente durante un tiempo prolongado.
  • A menudo falta en la escuela, empezando antes de los 13 años.

Diagnóstico de los trastornos de la conducta

Lo que hacemos los psicólogos para distinguir lo que es un trastorno de conducta de lo que no lo es, es atender a la persistencia y la frecuencia de estos comportamientos. También el que vaya asociado a un malestar en el individuo o en otras personas de su entorno social inmediato (es decir, familia, grupo de amigos, compañeros de trabajo) o tenga un impacto negativo en las áreas social, educativa, profesional u otras importantes.

Es decir, que el comportamiento, por su frecuencia y/o intensidad se sitúa fuera de los límites de la rebeldía “normal” de la que hablábamos al principio del artículo y que este comportamiento esté generando problemas en el día a día del niño y de su entorno.

Evaluación psicológica

En la evaluación de un psicólogo se deberá tener en cuenta, además, qué causas externas están “alimentando” estos comportamientos, cuáles son los estímulos que con mayor frecuencia los desencadenan, si se producen en todos los entornos o sólo en algunos, que mecanismos ponen en marcha la familia y el propio niño para hacer frente a esta conducta, etc.

Sólo tras una cuidadosa evaluación el psicólogo infantil estará en disposición de dotar de las pautas lo más ajustadas posibles a cada caso tanto a la familia, como al niño, como a otros entornos en los que este comportamiento esté presente.

Aroa Albert

Psicóloga infanto-juvenil en Valencia

También te puede interesar

Claves para que tu hij@ se adapte bien al cole

Durante el mes de septiembre y octubre una de las expresiones que más se escucha es “Periodo de Adaptación Escolar”. La finalidad de este intervalo de tiempo es ayudar al niño a que estos días sean lo menos duros posibles para toda la familia.

Cómo conseguir un verano sin problemas de pareja

  Cómo utilizar la comunicación sana en la pareja En ocasiones nos vemos inmersos en un estilo de comunicación parco, recriminatorio o impaciente con nuestra pareja. No se sabe bien quién empezó pero el otro reaccionó de la misma manera y estamos metidos en una...

Adolescencia, sentirse parte de algo

La adolescencia supone ese periodo de tránsito vital que discurre entre la infancia y la edad adulta.
Es un periodo de cambios evidentes a nivel biológico, pero también desde un punto de vista psicológico, emocional y relacional.

 

Psicólogos en Valencia APAI

Plaça de l´Ajuntament, 8, 3, 46002 València
Teléfono: 963 94 47 95
Email: info@apai-psicologos.com

Gabinete de psicología en Valencia capital

 

Psicólogas Valencia

Somos cinco psicólogas, una nutricionista, una dietista y un coach.

Ocho mentes piensan mejor que una. Creemos en la sinergia de un gran equipo especializado. Pero, sobretodo, ya creemos en ti.

Llámanos
Como llegar