ADOLESCENTES
20 noviembre 2017


Adolescentes que agreden a sus padres

La violencia dentro de la familia

Hasta hace unas décadas, nadie se metía en lo que ocurría dentro de una familia. La familia se consideraba un ámbito privado en el que el mundo exterior no debía inmiscuirse. Dentro de las familias existían unas reglas definidas de cómo corregir comportamientos entre unos y otros. Hasta hace relativamente poco, se usaba la violencia física y verbal contra la mujer o contra los hijos como modo de control de su conducta. Estos métodos, que se han demostrados perjudiciales para la estabilidad emocional posterior del menor y para su conducta futura por parte de estudios llevados a cabo por psicólogos, o que favorecían relaciones de dominancia entre hombre y mujer, han ido abandonándose poco a poco como comportamiento aceptable.

Otra cosa es que haya familias en las que se siga haciendo. Pero existe un contexto social sobre la condena hacia este tipo de relaciones, y evidencia científica psicológica del por qué.

Maltrato de hijos a padres

El maltrato de hijos a padres, es un tema que ha sido dejado de lado, un tema del que no se hablaba tanto. Hubo un pico de atención cuando salió el programa “Hermano Mayor” cuando se habló de la Generación Ni-Ni, pero en general es un tema que tiene una visibilidad social mucho menor que los dos anteriores: el maltrato hacia los hijos y el maltrato hacia la mujer. El hecho de ser tan reciente dificulta la definición del término y el separarlo de otras conductas habituales en la adolescencia como sería, por ejemplo, la rebeldía.

La clave está en el abuso

Un maltrato de hijos a padres, que no entraría dentro de la rebeldía propia de un adolescente sería, si nos basáramos en la definición de Cottrell (2001), en una serie reiterada de comportamientos claramente abusivos de un adolescente hacia sus padres con una intención clara de dominarles y hacerles daño a base de humillarles, acosarles o desafiar su autoridad en todo momento. No se trataría de un comportamiento aislado por un conflicto puntual, ni tampoco sería maltrato si el adolescente mostrara este comportamiento en el curso de haber ingerido una sustancia o de tener un problema mental. Se trata más bien de una actitud mantenida en el tiempo, fría, con escasa empatía hacia los padres y, por tanto, con muestras de crueldad y sin sentimiento de remordimiento.

El silencio de las familias

¿Por qué callan los padres situaciones situaciones mantenidas de maltrato de hijos a padres? Si uno es padre o madre, es fácil de comprender. En primer lugar, quieren creer que será una etapa pasajera, que cambiará, que madurará, les cuesta aceptar que la situación se ha ido de las manos. En segundo lugar, en ocasiones, hacen recaer las culpas sobre ellos mismos: “es que no le he sabido educar”, “algo hemos hecho mal”; en tercer lugar, no saben qué es lo que deben hacer, no quieren dañar a su hijo pues, pese al alto nivel del conflicto, le quieren y se sienten responsables de tomar las mejores decisiones, tienen miedo que una denuncia no haga más que agravar la violencia, no saben qué ayuda psicológica buscar.

El caldo de cultivo

Las raíces del maltrato de hijos a padres son complejas y no se deben casi nunca a un único motivo. En ocasiones, este maltrato se produce en familias donde un progenitor trata mal a otro u otros, interiorizándose esta conducta como aceptable cuando uno, posteriormente, se siente adulto. En otras ocasiones, las familias no saben enfrentarse a situaciones vitales estresantes de un modo productivo y positivo, como por ejemplo cuando hay problemas económicos, pérdida de empleo, conflictos con la familia política, enfrentándose de un modo que aumenta el estrés en casa. Suelen darse también pautas educativas poco aconsejables a lo largo de la crianza de estos niños: o bien por haber cedido constantemente ante los deseos del niño por miedo a sus rabietas, o bien por haber humillado y agredido al niño a lo largo de su crecimiento.

Los tipos de violencia

Violencia física

Dentro del maltrato físico, los psicólogos hablamos de hablamos de pegar, empujar, romper objetos o golpear partes de la casa, agarrar por el cuello o los brazos, amenazar con dar un puñetazo, o lanzar objetos. También inmovilizar contra una pared, por ejemplo.

Violencia emocional

La violencia emocional es mucho más sutil; en ella se recurre a los chantajes, mentiras, manipulaciones o juegos perversos con los padres.

Violencia psicológica

La violencia psicológica se expresa más en lo verbal, aunque no siempre. Un componente importante de esta violencia es la humillación. Humillación a través de comentarios, de revelación de intimidades a otras personas, de ridiculizaciones. Intimidar a los padres o agredirles verbalmente insultándoles, también sería violencia psicológica.

Violencia financiera

No debemos olvidarnos de la violencia financiera. Se trata de cuando los hijos, por ejemplo, venden, sin su consentimiento, propiedades de los padres, o les roban. También cuando incurren en deudas de las que no se responsabilizan y que deben asumir sus padres.

La primera solución: la prevención

Existen algunas señales de alarma muchos años antes de que esta situación de maltrato se produzca. Si los padres son capaces de detectarlas y acuden a un psicólogo infanto-juvenil pueden prevenir esta situación. No siempre que aparezcan estas señales acabarán en un maltrato de hijos a padres , sólo en un tercio de los casos, pero es un porcentaje lo suficientemente importante como para tenerlo en cuenta. Resumiendo las conclusiones de Vicente Garrido sobre este tema, las señales de alarma son las siguientes: niños que no muestran la capacidad de ponerse en lugar de otro niño, que no muestran empatía en algún momento de su desarrollo; niños que no expresan compasión cuando un compañero, un animal o alguien indefenso siente daño o lo pasa mal; niños que no muestran sentimientos de culpa cuando ha hecho cosas que han dañado a otras personas; niños que actúan constantemente y a lo largo de todo su ciclo vital de manera egoísta, buscando únicamente satisfacer su propio interés; y, por último, niños que, para salirse con la suya, recurren siempre a la mentirla, amenaza, etc… Si observas que tu hijo o hija actúa de esta manera de modo habitual incluso cuando va creciendo y pasando ciclos, conviene prevenir y pedir el asesoramiento de un psicólogo.

La segunda solución: la intervención

La segunda solución, el tratamiento psicológico familiar, cuanto antes mejor. Los padres suelen ser más permisivos cuando estas conductas aparecen alrededor de los 12 años, sin embargo, es el mejor momento de intervenir, pues cuando se llegue la franja de 16-17 años, la situación puede complicarse considerablemente. Existen terapias psicológicas estructuradas y diseñadas específicamente para el maltrato de hijos a padres, terapias en las que se entrevistará y trabajará tanto a padres como a hijos, pues el trabajo conjunto será fundamental.

Aroa Albert

Psicóloga infanto-juvenil

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