El Covid-19 ha traído consigo consecuencias económicas y sociales que han afectado psicológicamente a niños, niñas y adolescentes de todo el mundo. Los efectos del confinamiento y del aislamiento han provocado en esta población sentimientos de tristeza, estrés… y en casos más graves, trastornos de conducta alimentaria, autolesiones e ideas de suicidio.

 

Los adolescentes son más vulnerables a sufrir enfermedades mentales, y si estas enfermedades empiezan en esta época de su desarrollo, pueden ser más peligrosas. Por eso es muy importante la prevención y la observación de su estado de ánimo en esta etapa tan complicada. Las peticiones de ayuda y de atención psicológica han aumentado mucho en la población adolescente durante los últimos meses, y muchas de estas peticiones de ayuda están relacionadas con autoagresiones o autolesiones. Por eso, creemos que es importante contaros qué son, por qué se producen, cómo detectarlas y qué podéis hacer como padres y madres para ayudar a vuestros hijos e hijas.

¿Qué son las autolesiones?

Las autolesiones también se conocen como síndrome de cutting y son cualquier conducta, intencional y autodirigida, que implica algún tipo de daño, destrucción inmediata de tejidos corporales y la formación de heridas.
Es decir, hacerse daño a uno mismo de forma deliberada, ya sea mediante cortes, marcas en la piel, quemaduras, mutilaciones o golpes, asociados a una amplia variedad de problemas psicológicos.

 

La mayoría de las veces, las autolesiones no pretenden ser un intento de suicidio, aunque esto no quiere decir que no haya pensamientos o ideaciones sobre el suicidio, por lo que habrá que valorar este aspecto. Aun así, normalmente se trata de una forma dañina y poco adaptativa de enfrentarse al dolor emocional.

 

Mi hijo se hace daño a sí mismo, ¿por qué?

Los adolescentes se autolesionan por muchos motivos, pero la mayoría intenta parar o interrumpir una emoción muy intensa, incontrolable y muy difícil de tolerar.
Autolesionarse es para muchos y muchas una forma de control para su malestar. Sin embargo, aunque las autolesiones pueden concluir en una sensación de calma momentánea, luego reaparecen sentimientos como la culpa o la vergüenza, por lo que el malestar vuelve y, a veces, con mayor intensidad.
La mayoría de las veces, las autolesiones son fruto de una mala regulación emocional. Los adolescentes no han aprendido a regular sus emociones de una manera adecuada y no tienen herramientas para afrontar esos sentimientos de una forma más adaptativa. Su malestar puede estar causado por: sentimientos de rechazo en clase, por la pérdida de una relación amorosa o de amistad, por estar muy presionados por su entorno, o incluso otros pueden haber sufrido algún trauma que no se han atrevido a contar, como pueden ser los malos tratos o los abusos sexuales.
En otras ocasiones los adolescentes ni siquiera saben de dónde viene todo ese malestar y tienen dificultades para localizarlo y expresar qué les sucede. Sin embargo, cuando se autolesionan el dolor se vuelve específico, controlable, se sabe dónde está. Se ha trasformado algo psíquico y más abstracto en algo físico. Este dolor es mucho más visible, y más fácil de soportar, produciendo así la sensación de calma momentánea de la que hemos hablado anteriormente.
La sensación de alivio que describen los adolescentes se produce por la liberación de endorfinas u hormonas del “placer” que se liberan cuando se produce un esfuerzo físico intenso y que también pueden liberarse cuando se produce una lesión o un corte. Es decir, procesamos de formas muy parecidas el dolor y el placer.

Por todo esto, cortarse o autolesionarse de otras formas puede crear una adicción, y esta conducta puede convertirse en un hábito difícil de frenar. El cerebro comienza a relacionar la sensación momentánea de alivio de las emociones desagradables con la acción de cortarse o autolesionarse. Cada vez que surge dicho dolor, el cerebro busca ese alivio y lleva al adolescente a repetir esta conducta.

 

¿Cómo y dónde se autolesionan los adolescentes?

Las autolesiones se pueden producir en cualquier parte del cuerpo, situándose sobre todo en los antebrazos, los muslos y el abdomen. No olvidemos que intentan ocultar estas conductas a la vista de los demás y sienten una profunda vergüenza, por lo que algunos adolescentes se realizan los cortes o las quemaduras en partes del cuerpo más escondidas.

Normalmente vemos estas formas de hacerse daño:
-Cortes: se pueden hacer con todo tipo de objeto afilado, como cuchillos, cutters, hilos, agujas, cuchillas de afeitar o incluso las uñas.
-Rozaduras y quemaduras: usan fuego, mecheros calientes, cigarrillos encendidos, cerillas… se pueden realizar heridas profundas y muy dolorosas.
-Darse golpes, puñetazos o golpearse la cabeza: hay muchos adolescentes que pegan puñetazos hasta ver que sus nudillos sangran, se dan golpes en el pecho o en la cabeza e incluso les piden a otros que les hagan daño.
-Tricotilomanía: es un impulso por arrancarse cabellos, tanto del cuero cabelludo como cejas, bigote, barba, nariz u otras partes del cuerpo. Puede pasar de un hábito a una adicción, siendo una conducta presente en el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC).
-Dermatilomanía: es la conducta autolesiva de reabrirse las heridas, arrancándose la costra o la piel nueva, quitándose los puntos o las tiritas.

¿Cómo puedo detectar si mi hijo o hija se autolesiona?

Como ya hemos explicado al principio del artículo, el COVID-19 ha traído una época de incertidumbre, de reglas que cambian casi semanalmente, de aislamiento… haciendo que los niños, niñas y adolescentes estén más nerviosos, estresados, sensibles, tristes y muy frustrados.

No siempre es fácil detectar las autolesiones, ya que los adolescentes no hacen patente su situación y les cuesta mucho pedir ayuda. Esconden su situación por vergüenza y por culpabilidad.

Aun así podemos marcar algunas señales que os pueden poner en alarma:
– Que sufran heridas inexplicables, quemaduras, golpes, que haya manchas de sangre en la ropa o en la cama, encontrar objetos punzantes escondidos como cuchillos, agujas, cuchillas…
– Ir siempre ocultando su cuerpo, manteniendo la manga larga haga el tiempo que haga, tanto en invierno como en verano.
– Pueden estar irritables y preferir aislarse de los demás. Prefieren evitar las situaciones sociales ya que “tienen que fingir estar bien” y les cuesta mucho mantener esa imagen.

¿Qué hacemos si conseguimos detectarlas?

Algunas de las veces son los adolescentes los que piden ayuda a un profesional de la psicología, y, si bien intentan ocultar el motivo de consulta, al final acaban sincerándose y hablando sobre lo que realmente está sucediendo.

Otras veces consiguen hablar con algún amigo o amiga que al final los convence para hablar con algún adulto de confianza.

Pero, si sois vosotros los que detectáis que vuestros hijos o vuestras hijas se han autolesionado y ellos no han sido capaces de pedir ayuda, la tenéis que pedir vosotros como padres y madres. Cuanto antes mejor, ya que tienen que encontrar nuevas técnicas de afrontamiento para el malestar, tendrán que aprender herramientas nuevas y más adaptativas, e ir fortaleciendo su autoestima poco a poco.

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Aroa Albert

Psicóloga infanto-juvenil

Apai Psicólogos

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