NIÑOS
17 DE MARZO DE 2020

Para ti la cuarentena no es ese tiempo de reflexión y sosiego para leer libros atrasados, ponerte al día con las series de moda, experimentar recetas u ordenar las fotos de los últimos años… Es más bien una ginkana de hacer manualidades, de evitar traumatismos craneoencefálicos por salto en plancha desde el sofá, de mediaciones de paz de alto nivel entre hermanos y de mirar noticias a escondidas disimulando la cara de preocupación.

Te proponemos algunas medidas de urgencia para que este periodo de convivencia sea lo más agradable posible.

Marcaros un horario familiar

Es importante seguir cierta “rutina” en el día a día. Para empezar, las rutinas básicas: es fundamental que no nos pasemos todo el día en pijama sin lavarnos la cara… Este momento es perfecto para practicar con los más pequeños las pautas básicas de aseo, vestirse solos, anudar cordones de las zapatillas…

En la rutina debe incluirse algo de actividad física: podemos hacer estiramientos sencillos, tablas de ejercicios… Echa mano de Youtube o de la Wii, hay mil propuestas para todas las edades.

También las obligaciones, tanto domésticas como académicas, deben tener un tiempo establecido de antemano (si no será complicado encontrar el momento idóneo para que se pongan de cara a unos libros que parecen de otro mundo).

Evidentemente, el ocio debe tener su lugar privilegiado: aprovechad este tiempo para desempolvar los legos, los juegos de mesa y los blocs de dibujo. Saca ese artista que llevas dentro y organizad obras de teatro, coreografías o montajes de fotos. Pero sin agobiarse, esto no es una competición a ver quién hace cosas más molonas con sus hijos. Date tiempo y observa qué les interesa, las ideas irán surgiendo.

Escribe este horario, cuélgalo en un sitio visible y déjalo abierto a cambios. Es una guía, no una cárcel.

Relaja las normas, pero no dejes que desaparezcan

Es evidente que hay normas de casa que vamos a tener que flexibilizar. Una de ellas es el tiempo de exposición a las pantallas. Para que este tema no sea una lucha constante siéntate con tu hija y negocia con ella cuánto tiempo, en qué momentos y en qué dispositivos. Llega a un acuerdo y cúmplelo a rajatabla, al menos la primera semana. Si todo va bien, más adelante podrás hacer “la vista gorda” algún día y hacer como que no te enteras de que se está pasando de la hora establecida mientras tú aprovechas para darte un baño tranquilamente.

Repite conmigo: “no lo está haciendo aposta”

Lo sé, parece que sí, que su único objetivo es hacer todo aquello que le has dicho que no haga. Especialmente con los más pequeños es esencial tener en cuenta que no habla a gritos, salta como un poseso o se mueve como un torbellino para volverte loco. No controlan su tono de voz y necesitan movimiento. Estamos confinando entre cuatro paredes un cuerpo en expansión. Date cuenta que es una necesidad y dale salida: sube a la terraza comunitaria a jugar a fútbol, aprovecha el papel para reciclar y haz una competición de basket-silla con una papelera, practica volteretas en la cama (recuerda lo de flexibilizar normas…). Introduce momentos de relajación o meditación en tus rutinas.  Aquí tienes algunos ejemplos:

http://www.auladeelena.com/2016/09/cuentame-un-cuento-respira.html

Método sándwich para las cosas que más les cuestan

Distribuye la rutina de forma que tras algo que les supone un esfuerzo (recoger su habitación, hacer deberes, ducharse…) le siga algo que les guste (un capítulo de su serie de dibujos, jugar contigo, un taller de masaje…). De esta forma podrás animarle a que lo acabe: “voy preparando el Lego para cuando acabes con las sumas”

Comparte las tareas domésticas

Este es un momento perfecto para que niños y niñas sean conscientes de todo el trabajo que se hace en casa y para que se impliquen en él. Debemos introducir una norma básica y fundamental: antes de empezar una actividad finalizamos la anterior. Y finalizar implica recoger las cosas que hemos utilizado y guardarlas antes de sacar cosas nuevas. Sigue esta regla a rajatabla, de una forma firme y decidida. Aplícala también a los adultos. Es la que os salvará del caos. Facilítala al principio: “ay, que se te ha olvidado guardar el puzle antes de ponerte a pintar, venga, que te ayudo”. Mantente firme a la hora de pedirle a tu hijo que recoja las migas y guarde el fiambre después de hacerse un bocadillo.

En la medida de sus capacidades (que son muchas con un poco de práctica y paciencia), implícalos en el trabajo doméstico: los más pequeños pueden quitar el polvo con un trapo, limpiar cristales les encanta, ayudar a cocinar es una fiesta… Ahora tienes tiempo para acompañarlos y enseñarles cómo hacerlo de forma tranquila… total, nadie va a venir a casa de visita, da igual que las ventanas se queden llenas de chorritones.

Con los más mayores haz un trabajo previo de concienciación y luego introduce el elemento lúdico: distribuye las tareas en random y que cada día se ocupe uno, ponlas en papelitos dentro de una bolsa y el que le saque le toca hacerlo… No olvides valorar lo bien que lo han hecho cuando acaben (mantén bajas tus expectativas, eso sí, están aprendiendo).

Descomprime: tiempo para ti

Si estás trabajando desde casa blíndate unas horas al día. Si puedes, enciérrate en una habitación y pon un cartel en la puerta que indique a partir de qué hora podrás atenderles. Es mejor que sean bloques de horas espaciadas a lo largo del día. Utilizar las primeras o las últimas horas del día cuando ellos todavía duermen  puede ser una buena estrategia. El resto pueden estar distribuidas por la mañana o por la tarde. No te sientas culpable por utilizar las pantallas como botón de “off”. Recuérdate a ti mismo que son momentos excepcionales.

Túrnate con tu pareja si puedes. No dejéis que sea uno en exclusiva el que se “ocupe de los niños” porque se le da mejor o porque tiene más paciencia. Todo se aprende, en gran medida es cuestión de práctica.

Y… ¿recuerdas ese horario familiar del que hemos hablado al principio? Deja un espacio pequeño al día para estar contigo misma: para leer, darte un baño, salir al balcón, ver un capítulo de una serie o comer un trozo de chocolate mirando Facebook. Cuídate para seguir cuidándoles.

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Ana Borja Royo

Psicóloga infanto-juvenil

 

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