El confinamiento prolongado les protege

Pero, ¿cuál va a ser el coste emocional?

Ayudémosles a prevenir las secuelas psicológicas.

 

 

Repercusiones psicológicas del aislamiento prolongado en mayores

 

 

 

Sentimientos de soledad y sintomatología depresiva

Aunque la población mayor está acostumbrada a tener momentos de soledad y, por ello, tienen una tolerancia mayor al confinamiento, su capacidad de adaptación también tiene un límite. En las primeras semanas nos comentaban que se encontraban bastante bien porque mantenían muchas de sus rutinas en casa: aseo personal, limpieza, cocina, ejercicio físico recomendado por el médico, llamadas constantes de familiares, amigos y vecinos, etc… Sin embargo, la noticia de que el confinamiento de mayores puede prolongarse durante meses ha caído como un mazazo sobre esta población que ya se estaba resintiendo en los últimos diez días. La imposibilidad de salir a la calle siquiera para ir a comprar al mercado, la disminución en la frecuencia de las llamadas de teléfono una vez adaptada la sociedad a la situación de confinamiento y la falta de contacto físico suponen una disminución drástica de las gratificaciones esenciales de las personas mayores para mantener un estado de ánimo estable. Por ello ya hemos empezado a recibir peticiones de ayuda por sentimiento fuertes de soledad, abatimiento, apatía, pensamientos recurrentes y tristeza.

Sensación continúa de miedo y anticipación catastrófica

Al ser la principal población de riesgo, los mayores pueden adquirir una percepción altamente negativa de la situación y de un posible final trágico en soledad. Las noticias sobre mayores falleciendo solos y viéndose privados de una despedida social les angustia. En estas condiciones no resulta extraño que aparezcan síntomas de ansiedad cognitiva como preocupaciones, rumiaciones, pensamientos catastrofistas, etc.. También nos hablan de síntomas físicos de ansiedad como quejas somáticas, taquicardia y ahogos.

Desorientación y deterioro cognitivo

La pérdida de rutinas básicas fuera de casa supone un descenso brusco en la estimulación cognitiva de los mayores: hablar con la cajera del banco, saludar a la farmacéutica, intercambiar impresiones con el tendero. Hablar, intercambiar miradas, soltar una broma o una queja, hacer la lista de la compra, sacar dinero del banco… nos ayuda a estar activos mentalmente. La desaparición prolongada de estas actividades, si no se ven sustituidas por otras, puede tener consecuencias. Si se instauran la apatía y la falta de energía también corren peligro las rutinas dentro de casa, disminuyendo aún más las probabilidades de estimulación mental.

Recomendaciones psicológicas para prevenir problemas emocionales en mayores

Comunicación orientada y estructurada

Aunque el resto de la sociedad ya nos hayamos ido adaptando a esta situación y, por lo tanto, tengamos menos necesidad de llamar, compartir contenido en redes o buscar iniciativas de desahogo en casa, para los mayores es fundamental seguir recibiendo una atención constante. Si tenéis a un mayor confinado en soledad, os animamos a preparar la conversación para que mantengan la mente activa. Programad llamadas constantes. Es útil recordar anécdotas, viajes o conversaciones pasadas y dialogar sobre ellas, no sólo preguntarles cómo les ha ido el día. Buscad modos de que estén cognitivamente activos, hablad de vecinos, preguntad qué han comido o limpiado ese día, o que tienen previsto para mañana.

Derrochad paciencia y empatía

Todos tenemos nuestros problemas y estamos sobrecargados por preocupaciones económicas, inquietudes personales o tensión en casa. Esto puede llevarnos a desconectar emocionalmente de nuestros mayores confinados en sus hogares. Os recomendamos mucha empatía: ¿cómo me sentiría yo si formará parte de la población más vulnerable con una posible consecuencia letal?, ¿cómo me sentiría si hubiera escuchado que probablemente no saldré de casa en meses?, ¿cómo afrontaría yo una soledad de esta envergadura

Distanciamiento físico, no distanciamiento social

Tenemos que conseguir que sientan que no están solos. Pongamos todo de nuestra parte para intentar contrarrestar el sentimiento de soledad. Que aunque estén solos a nivel físico, no se lleguen a sentir abandonados a nivel social. Ayudémosles a manejar la tecnología para que estén más conectados, contactemos frecuentemente con ellos, animemos a amigos, vecinos o familiares a llamarles o mandarles vídeos y fotografías. Que vean que siguen siendo importantes. Hacerles partícipes en nuestras decisiones, pedirles opinión o recordarles planes pendientes a realizar juntos.

Vigilancia de su salud

Nos estamos encontrando también con casos de mayores que están teniendo problemas de salud por los que no solicitan atención médica. Algunos incluso han sufrido caídas en casa que no han reportado por miedo a tener que desplazarse a un ambulatorio. Estemos pendientes de su salud, informémosles que los médicos prestan atención online y desplazamientos domiciliares en condiciones seguras cuando es necesario. Evitemos que el miedo a coronavirus ponga en riesgo su salud.

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María José Miguel

Psicóloga de adultos

Eva Monteagudo

Psicóloga de adultos y parejas

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