Cómo gestionar tu irritabilidad o enfado con los niñ@s

Según se alarga el periodo de confinamiento los ánimos en casa están más caldeados. Compaginar teletrabajo con las labores de  cocina, limpieza, escuela y parque de atracciones no ha sido fácil desde un principio y día a día la sensación de sobrecarga está yendo en aumento.

Espacios reducidos

Es difícil mantenerse centrado cuando, a la ya exigente tarea de organizar la logística familiar, se une la preocupación por la salud y la economía o la incertidumbre de cuándo y cómo acabará todo esto. Y todo ello en el espacio reducido de un domicilio que ahora percibimos repleto de gente y en el que encontrar un momento para nosotros mismos pasa por encerrarse en el baño y cerrar el pestillo

No siempre lo ponen fácil

Con este panorama no es sorprendente que de vez en cuando, bastante más a menudo de lo que nos gustaría, las explosiones de enfado vayan dirigidas a los más pequeños de la casa. A ver, que ganárselo se lo ganan… No paran de hablar, parecen estar en las nubes, nunca hacen caso a la primera, disfrutan chinchándose entre ellos y por allá por donde pasan siembran el caos.

Explotar… y sentirse culpable

Y cuando ya has hablado, explicado, razonado, repetido y vuelto a repetir una y otra vez lo mismo sin, aparentemente, ningún resultado, llega el grito, la bronca, el portazo o el súper-castigo. Y eres un volcán en erupción sin ningún tipo de control. Y al rato, claro, reconoces que te has pasado, que no era para tanto, pero es que… y llega la culpa. La sensación de que tendrías que estar haciéndolo mejor pero que no te sale.

Así que voy a proponerte algunas pautas para intentar manejar los conflictos de una manera algo más saludable.

Admite el problema

Lo primero de todo es convocar reunión familiar y explicar de forma tranquila el problema: la situación se está alargando, todos estáis cansados, nerviosos y algo tristes y últimamente sientes que el ambiente en casa es de película de vaqueros en el momento de duelo al sol. No busques culpables, no entres en detalles. Habla de cómo te sientes y de cómo piensas que los demás se sienten (cansados, frustrados, aburridos, hartos…). Anuncia que a partir de este momento lo importante para ti va a ser mantener la calma, no tener la comida a tiempo, ni los baños limpios, ni que los deberes estén hechos. Haz una foto mental de ese momento. Repítelo cada mañana ante el espejo. Escríbelo en un papel y cuélgalo en la nevera.

El lugar de la calma

Vas a prepararte un lugar de contención en casa. Tu habitación, el balcón, el baño… Cuando sientas que vas a explotar anúncialo de forma breve: “esta situación me desborda, tengo ganas de explotar, necesito calmarme”, sueltas todo lo que tengas en las manos y te vas sin mirar atrás. Reclúyete, respira hondo tres veces y repítete esas cosas que a veces se te olvidan: “todo esto pasará” “no lo han hecho a posta” “lo importante es calmarse”. Plantéate de forma serena qué ha pasado, puntúa su gravedad del 1 al 10. No es lo mismo que tu hijo derrame  un vaso de agua por descuido a que le lance un tenedor a su hermana. Piensa en una consecuencia natural a este comportamiento: si se ha ensuciado se limpia, si los hermanos no son capaces de convivir juegan cada uno en su cuarto, si no cumple su obligación no tiene su recompensa…Utiliza este recurso con moderación. Por mucho que a veces apetezca la solución no está en pasarse el día aislada.

Céntrate en las emociones

Describe lo que has visto y cómo crees que se siente. Ponte en su lugar, pero de verdad: “entiendo que estás harto de hacer estas fichas del colegio que te parecen estúpidas. No parece tener mucho sentido hacerlas desde casa”. Invitále a que hable de cómo se siente. No juzgues ni digas lo que tiene que hacer. Mira y escucha. Habla de qué cosas te hacen sentir de forma parecida para que sepa que le entiendes o recuerda alguna situación parecida que acabó bien “¿recuerdas cuando tuviste que hacer aquel trabajo de sociales…? mira que fue duro, pero al final estabas súper-orgullosa del resultado”. Enuncia la norma y busca una solución de consenso (si es posible) o dale una salida airosa.

Valora los éxitos y los avances

No es el momento de ponernos exquisitas. Celebra las pequeñas victorias de forma explícita: saca el chocolate del cajón para celebrar que tus hijos han montado un lego sin discutir, propón una ola por acabar los deberes en un tiempo récord, guiña el ojo a quien te eche una mano a poner la mesa, inventad un baile de la victoria para cuando la habitación está ordenada…

Y cuando acabe el día repasa todos aquellos momentos en los que has sido capaz de no utilizar a tu familia como válvula de escape. Vuelve a sacar el chocolate y ponte esa canción que te gusta o esa serie que te hace reír. Has superado un nuevo día.

Si la situación te desborda de continuo y habéis entrado en una dinámica de tensión en casa puedes consultar con nosotras a través de videoconferencia, te daremos indicaciones personalizadas a tu familia y situación.

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Ana Borja Royo

Psicóloga infanto-juvenil

 

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