MINDFULNESS
6 febrero 2017


Algo nuevo muy antiguo: la compasión

Antes de leer este post, te animamos a descartar cualquier concepto previo que puedas tener sobre la compasión y, más aún, sobre la auto-compasión. Los prejuicios que, en nuestra cultura, existen sobre estos conceptos, y las asociaciones negativas que probablemente tendrás en torno a ellos, pueden despertar en ti un rechazo. Y sería una lástima, porque te aseguramos que el contenido de este artículo merece la pena. Y mucho. De hecho, puede cambiar la vida de algunas personas.

Qué es la compasión

La compasión no es empatía, o no es sólo empatía. Tampoco es piedad. Es, más bien, una forma de estar presente junto a alguien que lo pasa mal, una forma de acoger a alguien que atraviesa dificultades, esa forma es un tú a tú desde la igualdad.

Pero, ¿por qué constituye el núcleo mismo de los acercamientos más novedosos en psicoterapia? Resulta desconcertante que, en occidente, hayamos tardado miles de años en comprender que un sentimiento humano tan noble como la compasión puede estar en el núcleo de la superación de muchos de los problemas psicológicos que nos acosan.

Compasión no es empatía

Podría parecer que la compasión tiene mucho que ver con la empatía. La empatía, ese gran sentimiento sobre el que tanto se ha hablado en las últimas dos décadas, sobre todo a raíz de los descubrimientos en torno a las neuronas espejo, tiene, sin embargo, áreas cerebrales diferentes a las de la compasión. Y no sólo eso, se ha descubierto que la empatía puede hacer que nos sintamos peor cuando vemos sufrir a otros, es decir, incrementa nuestros afectos negativos. Esto, creednos, es de gran importancia para un psicólogo, que desea conectar con la experiencia emocional de las personas a las que atiende durante todo el día.

La cosa cambia cuando hablamos de compasión, que fortalece la salud, reduce el dolor y aumenta las emociones positivas de las personas que la experimentan. Todo un descubrimiento para quien se dedica a profesiones como la psicología, la psiquiatría, la medicina de urgencias, es decir, para profesionales que están en contacto diario con personas que sufren, y a las que desean ayudar con todas sus fuerzas. Encontrar una forma de comprender al otro, de conectar profundamente con él, de ayudarle, pero sin salir dañado, es de vital importancia para un psicólogo. La compasión nos entrega la llave de esta puerta.

Compasión no es ni piedad ni lástima

La piedad o la lástima implican una forma de acercarse al sufrimiento de otra persona basada en una desigualdad. Una persona que se cree o siente por encima de otra y que la compadece desde arriba. Seguramente, esto es lo que genera rechazo a mucha gente cuando confunde compasión con piedad o lástima.

La compasión no es piedad ni tampoco lástima, porque no parte de un supuesto de desigualdad, dado que todos somos humanos y que nadie está exento de dificultades y sufrimientos, ningún psicólogo, ni psiquiatra ni médico está por encima del dolor o de los automatismos de su mente. Un psicólogo compasivo, frente a un paciente que sufre, es un ser humano conectando profundamente con otro, deseando ayudar con los recursos que tiene a su disposición. Un psicólogocompasivo se esfuerza por estar emocionalmente presente en esa relación especial que se está dando en ese momento con otro ser humano.

Un paso más allá del mindfulness

Habrás oído hablar del mindfulness, esa potentísima herramienta psicoterapéutica que está enriqueciendo la forma de hacer psicología. Mindfulness es la habilidad para aceptar lo que pensamos y sentimos con la suficiente perspectiva como para discriminar qué es lo que esa experiencia está significando para nosotros. Esta perspectiva nos ayuda a no reaccionar de nuestra manera automática habitual ante las cosas de la vida. Si evitamos estos automatismos inconscientes, ganamos libertad de actuación y se nos presentan nuevas vías de resolver nuestros retos.

Bien, pues la compasión es una actitud emocional muy particular que acompaña al Mindfulness cuando una persona sufre. De este modo, si el objetivo del Mindfulness es aceptar la experiencia interna que se tiene en un determinado momento, para contemplarla y discernir lo que significa, el objetivo de la compasión es reconfortar a la persona que está teniendo una experiencia emocional dolorosa, ya sea ésta enfado, sensación de culpa, ansiedad, angustia, etc…

Las terapias de ¿cuarta? generación

El punto de inflexión que ha permitido incluir la compasión en la psicología es descubrir que se trata también de una habilidad que se puede entrenar y que, además, puede ser dirigida a uno mismo. El potencial terapéutico de este giro es inmenso, sobre todo para personas muy autocríticas, para personas muy autoexigentes, para personas que se dirigen a sí mismas con mucha dureza. También para personas que, en un intento de aliviar su malestar, evitan hacer, pensar o sentir, y cada vez tienen más malestar, más ansiedad. Si las terapias centradas en Mindfulness constituyeron en giro hacia la 3ª generación de terapias psicológicas, las centradas en Compasión se postulan ya como las terapias de cuarta generación.

La auto-compasión

La auto-compasión es esa sana, potente y liberadora compasión, pero dirigida hacia una mismo. Debido a determinados aspectos de nuestra cultura, la auto-compasión es un oasis en nuestro desierto de crítica, de exigencia, de competición. Por exigirnos, nos exigimos hasta estar felices todo el tiempo. Por criticarnos, nos criticamos hasta estar tristes, hasta estar ansiosos, hasta estar enfadados. La auto-compasión es esa habilidad que podemos entrenar en una terapia psicológica para volver a hablarnos con cariño y respeto… o para comenzar a hacerlo por primera vez.

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Eva Monteagudo

Psicóloga de adultos y parejas

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