ADOLESCENTES

24 mayo 2019

Adolescencia, sentirse parte de algo

La adolescencia supone ese periodo de tránsito vital que discurre entre la infancia y la edad adulta.

Es un periodo de cambios evidentes a nivel biológico, pero también desde un punto de vista psicológico, emocional y relacional.

La adolescencia no es una enfermedad

Todos sabemos que la adolescencia es un periodo de tránsito que discurre entre la infancia y la edad adulta. También comprendemos que es una etapa de grandes cambios a nivel biológico, emocional y relacional. Pero, ¿por qué tendemos a tener una visión tan negativa de la adolescencia? Empecemos a mirar la adolescencia con otros ojos: es una etapa vital, no es ninguna enfermedad.

La propia identidad

La característica fundamental de la adolescencia es la necesidad de formar una identidad propia, de lograr cierta independencia dentro del núcleo familiar y de buscar referentes externos con los que identificarse. En el proceso de construir la propia identidad, el adolescente querrá formar parte de un grupo elegido por él mismo, querrá sentirse parte de algo nuevo, de un grupo social no elegido por los padres. No hay nada negativo en esto. Puede ser algo duro o desconcertante para algunos padres, pero es un proceso legítimo y bonito: el de crecer.

La separación emocional del nido

La búsqueda de referentes externos hace que, en contraste, las posiciones familiares sean vistas como anticuadas y sobreprotectoras. Los padres pueden ser cuestionados por imponer límites que al adolescente pueden parecerle absurdos o desconsiderados. Los adolescentes suelen tener fuertes sentimientos de frustración ante las injusticias y algunos límites familiares pueden ser calificados así: “no es justo”, “los demás sí lo hacen”, “tú no me entiendes”… Esa capacidad de reflexionar sobre lo justo o injusto, esa energía y motivación, es propia de la edad. ¿Cuándo la van a tener si no es ahora? Su mente se amplía y es capaz de pensar en conceptos más abstractos, más universales.

La necesidad de experimentar


A la necesidad de lograr la aprobación de los demás, de gustar a los amigos, se une la necesidad de experimentar, de probar diferentes comportamientos y looks, de transgredir normas y curiosear. Es cierto que estas conductas se gestionan desde un cerebro todavía en formación. El córtex pre-frontal, encargado de la toma de decisiones y del control de impulsos está todavía en desarrollo, por este motivo la demanda cada vez mayor de autonomía no siempre va acompañada de una asunción de responsabilidades por parte del adolescente. Como en toda convivencia, esto puede provocar tensiones y la agresividad, como forma de respuesta, puede formar parte de este escenario, dado que las emociones aún son intensas, bruscas, variables.

Si aparece agresividad

Ante la necesidad de autonomía y la frustración, el adolescente puede mostrarse a veces agresivo. La agresividad por parte del adolescente no es sólo la que se manifiesta de forma física (portazos, lanzamiento de objetos, empujones…) sino también de forma verbal (amenazas, insultos, comentarios despectivos…) Como siempre, dependiendo de la intensidad y la frecuencia de estos comportamientos estaremos hablando de un comportamiento que se engloba dentro de la “normalidad” o, por el contrario, de una situación de pérdida de control que debe ser tratada por un psicólogo especialista en psicología infantil y adolescente. En nuestro centro de psicología en Valencia ofrecemos, además del tratamiento individual para estos problemas, un entrenamiento grupal en habilidades sociales para adolescentes: las habilidades sociales ayudan a que el adolescente aprenda formas no agresivas de resolver sus conflictos y frustraciones y de realizar sus peticiones y demandas.

Conectar con un hijo adolescente

Si quieres acompañar a tu hijo en el maravilloso proceso de hacerse mayor, las reglas cambian al pasar a esta etapa. Bueno, algunas son siempre las mismas, pero a continuación te hacemos una lista que puede ayudarte.

  • Déjale hablar y expresar su punto de vista. Es importante que sientan que, realmente, estamos intentando entenderle.
    Ponte en su lugar, recuerda tu propia adolescencia, lo importante que te parecían cosas que más tarde calificaste de insignificantes.
  • Trata de que busque sus propias soluciones con preguntas abiertas del tipo “¿y qué piensas hacer” “¿cómo podemos solucionarlo?” en vez de ofrecerle nuestra solución “tú lo que tienes que hacer…”
  • Negocia límites asociándolos a responsabilidades. Demuéstrale que confías que será capaz de “ganarse” esos privilegios con su trabajo y su esfuerzo (ya sea en el ámbito familiar o escolar)
  • Estate en contacto con otros padres para hacerte una idea de cuáles son las “normas sociales” en cuanto a horarios, costumbres… para poder contrastar la información que te ofrece tu adolescente.
  • Nunca juzgues su aspecto: “vaya pintas tienes”, ni a sus amigos, “ese amigo tuyo es un vago”, ya que esto es interpretado como un ataque directo a su identidad.
  • En el momento que haya una agresión: párala. Para ello utiliza “mensajes yo”: cuando me dices que soy tonta y no me entero de nada me haces sentir muy herida” y demuestra que no vas a admitir ese comportamiento: “no estoy dispuesta a seguir hablando con alguien que me hiere, me voy al comedor y cuando estemos más tranquilos seguimos la conversación”.
  • Valora de forma positiva y agradece la comunicación, aunque haya sido sobre un hecho negativo: “a pesar de lo enfadado que estoy por cómo te has comportado en este tema, te agradezco que hayas sido sincero y me lo hayas contado”.

Reflexiona sobre tu modelo de conducta

Ten presente que, en la adolescencia, como en el resto de etapas de nuestros hijos, tu modelo de conducta es el que realmente le va a enseñar cómo comportarse. Es importante hacer un esfuerzo por mantener la calma, no ser despectivo o hiriente, asumir errores cuando nos equivocamos y recordarle que les queremos.

Aroa Albert

Psicóloga infanto-juvenil

Apai Psicólogos

 

Psicólogos de adolescentes en Valencia

 

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