ADOLESCENTES
28 marzo 2016


Ciberbullying

Qué es el bullying

Los psicólogos definimos el bullying como un tipo de acoso escolar consistente en cualquier tipo de maltrato a nivel verbal, físico o psicológico que ejerce un escolar, o un grupo de escolares, sobre otro. Este maltrato se produce de forma continua, no consiste en un hecho aislado.

En ocasiones los psicólogos recibimos en consulta a familiares de niños angustiados porque el hijo no quiere ir al colegio, en algunos casos incluso se presenta una fobia escolar. No siempre, pero en ocasiones, detrás de esta negativa a ir a clase, detrás de este miedo intenso, hay un acoso escolar.

Ciberbullying

Hasta hace poco, el psicólogo observaba que el bullying o acoso escolar se producía en forma de intimidaciones verbales presenciales, insultos a la cara, empujones, dejar de lado en los juegos durante el horario escolar. Pero, con la entrada de las nuevas tecnologías en nuestras vidas, el bullying ha sofisticado sus mecanismos de acción, ampliando su alcance a través del lo que los psicólogos llamamos ciberbullying.

El cyberbullying es el acoso escolar de siempre, pero realizado a través de internet y de los teléfonos móviles, cobrando especial importancia las redes sociales, debido a su alcance rápido y exponencial y a la pérdida inmediata de intimidad. Sigue siendo bullying, sigue siendo maltrato entre iguales, pero con un alcance mayor.

El objetivo del ciberbullying

El objetivo de todo acoso es siempre el mismo: socavar la dignidad de la víctima. Los niños o adolescentes que intervienen en procesos de acoso a iguales, ya sea de bullying o, más específicamente, de ciberbullying, no han interiorizado referentes morales adecuados que les ayuden a situarse en lo que está bien y lo que está mal, en lo que se siente cuando te agreden, en el daño que puedes causar.

Por este motivo, al margen de las medidas correctoras, los psicólogos opinamos que la prevención es fundamental. De ahí la importancia de la educación en valores.

Especificidades del ciberbullying

El cyberbullying tiene unas especificidades que agravan el impacto en la víctima y, al mismo tiempo, unas ventajas para el acosador. En este tipo de acoso escolar o bullying la víctima está localizable en todo momento, ya no hace falta que esté en clase, pues puede recibir un whatsapp, una email o un mensaje en su buzón de voz en todo momento.

La angustia se agrava, la alerta es constante, no hay ningún lugar en el que esté seguro. Además, la difamación y al ataque a su dignidad puede tomar dimensiones gigantescas a través de las redes sociales: el insulto, la vejación, la agresión, puede ser difundida por Youtube, Facebook, Instagram, etc.

La víctima está expuesta frente al mundo. En cuanto al agresor, puede ejercer su acoso escolar o bullying con mayor impunidad, no hace falta que se exponga en clase o en el entorno escolar a la reprimenda de un adulto o la desaprobación o reprobación de compañeros, pues puede acosar desde la intimidad de su domicilio. Esto favorece que el acosador sea más difícil de desenmascarar, pues puede incluso tener buena imagen social en la escuela, dado que no ejerce su violencia en ella.

Dificultades en detectar el ciberbullying

Estas características provocan que a los papás y profesores les sea más difícil darse cuenta de que el alumno o el hijo está sufriendo acoso escolar. Desde la psicología se ofrecen una serie de indicadores que puede ayudaros a detectar que vuestro hijo sufre acoso escolar, ya sea bullying o, más específicamente, ciberbullying. Aunque no olvides que algunos de estos indicadores se pueden deber también a otras razones por lo que, ante la duda, consultad con un psicólogo para que os oriente:

  • problemas de rendimiento escolar a partir de un momento determinado,
  • problemas para concentrarse en los deberes y estudio,
  • verbalizaciones de sentimientos de culpabilidad,
  • desmotivación y apatia general,
  • agresividad, irritabilidad extrema,
  • absentismo escolar,
  • aislamiento,
  • síntomas de ansiedad: insomnio, pesadillas, pérdida del apetito, mareos, dolor de cabeza, – inquietud, nervios…
  • faltas de asistencia a clase, ya sean alternativas o en forma de absentismo grave,
  • negación de hecho o incongruencias a la hora de contar hechos relacionados con amigos y escuela,
  • llanto descontrolado.

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Aroa Albert

Psicóloga infanto-juvenil

Apai Psicólogos

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