Doble excepcionalidad: cuando el talento y la dificultad conviven en la misma persona

Doble excepcionalidad: cuando el talento y la dificultad conviven en la misma persona

Por qué a tantos niños, adolescentes y adultos con altas capacidades y TDAH o autismo se les escapa entre los dedos de la detección: la doble excepcionalidad.


Llega una persona a consulta —a veces un niño, a veces un adolescente, a veces un adulto que «por fin viene a entender qué le pasa»— que en algunas áreas destaca claramente por encima de la media, pero que al mismo tiempo arrastra dificultades escolares, laborales, sociales o atencionales que no terminan de encajarle del todo.

Este fenómeno muchas veces responde a una doble excepcionalidad (en inglés, twice-exceptionality o 2e): la coexistencia de altas capacidades intelectuales con uno o varios trastornos del neurodesarrollo —TDAH, TEA, dislexia, discalculia, entre otros—. No es una etiqueta diagnóstica en sí misma, sino la descripción de un perfil funcional complejo. Aunque el concepto se ha investigado sobre todo en el ámbito escolar, la evidencia reciente deja claro que no es exclusivo de la infancia: este perfil neurodivergente atraviesa la adolescencia y llega hasta la vida adulta.

doble excepcionalidad en niños en valencia

Enmascaramiento: el problema central de la doble excepcionalidad.

Un concepto que atraviesa toda la investigación reciente es el de enmascaramiento (masking), que puede producirse en dos direcciones y a cualquier edad: las altas capacidades pueden ocultar las otras condiciones o las dificultades ocultan las altas capacidades. Este doble enmascaramiento explica por qué una proporción importante de personas 2e —especialmente mujeres— no reciben ningún diagnóstico hasta la adolescencia tardía o la edad adulta, tras años de sentirse «muy listas para algunas cosas, y muy torpes para otras».

Infancia: perfiles heterogéneos, no un patrón único

No existe «un» perfil único de doble excepcionalidad infantil. Cada niño o niña combina sus altas capacidades y su trastorno de una forma distinta, y eso es precisamente lo que más dificulta detectarlo: no hay una plantilla clara con la que comparar.

Lo que sí parece repetirse es un patrón de fondo: en lugar de un rendimiento uniforme, aparece una gran irregularidad entre áreas. Un niño puede tener un razonamiento muy por encima de su edad y, a la vez, una memoria de trabajo o una velocidad de procesamiento notablemente más lentas de lo esperable —picos y valles muy pronunciados, en lugar de una línea plana—.

Esta combinación no es una rareza clínica. Cuando se revisan los casos de menores remitidos por sospecha de trastorno de aprendizaje o TDAH, aparece con cierta regularidad un subgrupo que además cumple criterios de altas capacidades. Es algo que vemos con frecuencia en nuestra consulta de psicología en Valencia: familias que llegan preguntando por una cosa y descubren, al hacer una evaluación completa, que había otra capa del perfil que nadie había mirado.

adolescentes con 2e<br />

Adolescencia: identidad, presión y vulnerabilidad emocional

La adolescencia añade una capa propia de complejidad: se intensifican las exigencias académicas y sociales, se consolida la identidad, y las discrepancias entre potencial y rendimiento —si no se han abordado antes— se vuelven más visibles y dolorosas.

Algo que se repite en esta etapa es la sensación de vivir dos identidades a la vez: sentirse «el más capaz» en algunas cosas y «el que no encaja» en otras. Esa contradicción constante genera un desgaste propio: no es solo sumar la presión de «ser el listo de la clase» a la dificultad del trastorno, sino la tensión de no poder apoyarse del todo en ninguna de las dos etiquetas, porque ninguna explica completamente cómo funcionan.

Esto suele traducirse en un rendimiento muy desigual entre asignaturas, cansancio escolar acumulado, perfeccionismo excesivo, intereses muy intensos en unos temas y nulos en otros, aislamiento social, y algo que muchas familias reconocen bien: llegar a casa y «explotar» emocionalmente, como si todo el día se hubiera contenido algo que finalmente encuentra salida en un entorno seguro. El bienestar emocional de este grupo —autoestima, ansiedad, relación con los iguales— sigue siendo un aspecto poco estudiado en comparación con lo académico, pese a ser probablemente el que más condiciona su día a día.

La transición hacia estudios superiores es un punto especialmente delicado. Muchos jóvenes con doble excepcionalidad llegan a la universidad sin ningún apoyo formal, porque el diagnóstico —si lo hay— se quedó «archivado» en la etapa escolar. El desajuste entre potencial y apoyos no desaparece al terminar el instituto: cambia de forma y, muchas veces, se vuelve más difícil de detectar porque ya no hay un tutor pendiente de esa discrepancia.

Edad adulta: diagnósticos tardíos y el techo invisible

Durante mucho tiempo la investigación se centró casi por completo en el ámbito escolar, dejando un vacío sobre qué ocurre con estas personas una vez terminada su etapa formativa. El panorama que empieza a emerger es consistente con lo que observamos en consulta: el enmascaramiento mutuo no desaparece en la vida adulta, simplemente cambia de escenario, del aula al puesto de trabajo o a la vida cotidiana.

Ese «potencial oculto» y esas «dificultades disimuladas» propias de la infancia no se resuelven solos con el paso de los años: se trasladan a la vida laboral, y ahí condicionan tanto el acceso a un empleo como la capacidad de mantenerlo. Es habitual encontrar personas con una competencia real y demostrable en su campo —ingeniería, investigación, artes, tecnología— que conviven con dificultades persistentes de organización, regulación emocional, sobrecarga sensorial o gestión de las expectativas implícitas del entorno laboral, sin que ninguna de las dos caras del perfil llegue a nombrarse del todo.

Hay un patrón que se repite mucho, especialmente en mujeres y en adultos de alta capacidad: cuanto mejor consigue alguien disimular su dificultad, menos probable es que reciba ayuda. La propia inteligencia se convierte, sin quererlo, en un obstáculo para el diagnóstico. Muchas personas llegan a terapia tras una crisis —un agotamiento profesional, una ruptura, un cambio vital— que finalmente pone de manifiesto un patrón gestionado, con mucho esfuerzo invisible, desde la infancia. Recibir un diagnóstico tardío suele describirse como una experiencia ambivalente: alivio por entender por fin el propio funcionamiento, y duelo por los años vividos sin ese marco de comprensión.

Doble excepcionalidad en la mujer: un caso particular.

La doble excepcionalidad está especialmente infradiagnosticada en población femenina. Los rasgos autistas suelen expresarse de forma más sutil en las mujeres, y existe una mayor tendencia al camuflaje social: aprender, muchas veces sin ser conscientes de ello, a imitar comportamientos sociales para pasar desapercibidas. Esto hace que sean interpretadas, según la etapa vital, como «alumnas superdotadas con dificultades emocionales», adolescentes «muy maduras pero ansiosas», o adultas «muy competentes pero que no dan la talla en la gestión del día a día». A esto se suma que las mujeres autistas tienen más probabilidad de recibir diagnósticos erróneos de trastornos de personalidad u otras condiciones de salud mental a lo largo de la vida adulta, lo que las aleja todavía más del diagnóstico o los apoyos que realmente necesitan.

Por qué es tan difícil de identificar bien

Una revisión sistemática de 2026 que analizó 22 estudios centrados en la identificación del alumnado 2e encontró algo revelador: la mayoría (13 de 22) se basan únicamente en evaluación formal —tests estandarizados—, mientras que solo 9 combinan métodos formales e informales. Ningún criterio aislado —ni un test de CI, ni una prueba de rendimiento académico— es suficiente por sí solo; hace falta una aproximación multimétodo que combine pruebas estandarizadas, observación clínica, información de terceros (familia, docentes, pareja o entorno laboral, según la edad) y un análisis fino de las discrepancias entre distintas áreas de funcionamiento de una misma persona (Ozturk y Tan, 2026).

La doble excepcionalidad no es una rareza estadística marginal ni un fenómeno exclusivamente escolar: es un recordatorio de que «capacidad» y «dificultad» no son categorías excluyentes, sino dimensiones que pueden convivir —con mucha más frecuencia de la que solemos suponer— en la misma persona, a lo largo de toda su vida. La investigación de los últimos dos años empieza, por fin, a mirar más allá de la infancia y a reconocer que este perfil acompaña a muchas personas hasta la adolescencia y la vida adulta, a menudo sin nombre y sin apoyo formal. A quienes trabajamos en clínica, en la escuela o en el ámbito organizacional nos toca mirar más allá del promedio y preguntarnos, ante cada historia «que no encaja del todo», si no estaremos precisamente ante uno de estos casos.

APAI PSICÓLOGOS, equipo de psicólogas en Valencia, cuenta con un área especializada en altas capacidades y doble excepcionalidad en niños, adolescentes y adultos.

Referencias
  • Kranz, K. et al. (2024). Twice-exceptionality unmasked: A systematic narrative review of the literature on identifying dyslexia in the gifted child. Dyslexia. https://doi.org/10.1002/dys.1763
  • Jolly, J. L., y Barnard-Brak, L. (2024). Special education status and under identification of twice-exceptional students: insights from ECLS-K data. Education Sciences, 14(10), 1048. https://doi.org/10.3390/educsci14101048
  • Rizzo, L., Pinnelli, S., y Minnaert, A. (2025). Twice-exceptional students: a systematic review to outline the distinctive characteristics through a multidimensional lens. Frontiers in Education, 10, 1696805. https://doi.org/10.3389/feduc.2025.1696805
  • Romano, S. et al. (2024). Giftedness and Twice-Exceptionality in Children Suspected of ADHD or Specific Learning Disorders: A Retrospective Study. Sci, 6(2), 23. https://doi.org/10.3390/sci6020023
  • Ozturk, B., y Tan, S. (2026). Identifying Twice-Exceptional Students: A Systematic Research Review. Journal for the Education of the Gifted / SAGE. https://doi.org/10.1177/1932202X251387416
  • Desvaux, T., Danna, J., Velay, J. L., y Frey, A. (2024). From gifted to high potential and twice exceptional: A state-of-the-art meta-review. Applied Neuropsychology: Child, 13(2), 165–179. https://doi.org/10.1080/21622965.2023.2252950
  • Heuving, R., Exalto, J., y Minnaert, A. (2025). Masked potentials, hidden struggles? A scoping review of twice-exceptional individuals’ transition to employment. Social Sciences, 14(4), 212. https://doi.org/10.3390/socsci14040212
  • Sandoval-Rodríguez, K., y Conejeros-Solar, M. L. (2024). Trajectories of twice-exceptional students during their first year of higher education. Gifted and Talented International.
  • Gierczyk, M., y Hornby, G. (2021). Twice-Exceptional Students: Review of Implications for Special and Inclusive Education. Education Sciences, 11(2), 85. https://doi.org/10.3390/educsci11020085
  • The Social and Emotional Factors Affecting the Mental Health of Gifted Students with ADHD: A Systematic Review (2025). Education Sciences, 15(12), 1671. https://doi.org/10.3390/educsci15121671
  • Estudio cualitativo sobre vulnerabilidades, factores de estrés y afrontamiento en alumnado superdotado de un instituto de alto rendimiento (2025). Adolescents (PMC).
  • Estudio de prevalencia AC–TDAH y AC–dificultades de aprendizaje en escolares ecuatorianos (2024/2025). Revista de investigación educativa (portal Amelica).
Nota: algunas referencias corresponden a estudios muy recientes (2025–2026); se recomienda verificar el estado de publicación definitivo (preprint vs. versión final) antes de citarlas en un contexto académico formal. La investigación específica sobre doble excepcionalidad en la edad adulta es todavía escasa en comparación con la centrada en población infantil y adolescente.

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¿Depresión o crisis existencial? Cómo distinguirlas en personas con altas capacidades.

¿Depresión o crisis existencial? Cómo distinguirlas en personas con altas capacidades.

Las crisis existenciales en las altas capacidades

Hay personas que, desde fuera, parecen tenerlo todo bajo control. Cumplen con sus responsabilidades, funcionan, se adaptan y siguen adelante. En apariencia, todo está bien. Sin embargo, por dentro puede existir un peso difícil de explicar.

No se trata de tristeza constante, debilidad ni de una personalidad complicada. Es otra cosa: profundidad, lucidez y una sensibilidad elevada. Y cuando una persona piensa y siente con mayor intensidad, también puede experimentar un malestar profundo.

Duele no encajar del todo. Duele no encontrar espacios donde la forma de pensar tenga lugar. Duele sentir que la vida “funciona”, pero no se vive como auténtica. Ese malestar silencioso —el que aparece cuando nadie mira— no siempre es depresión. En muchos casos, es el inicio de una crisis existencial en personas con altas capacidades.

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QUÉ ES UNA CRISIS EXISTENCIAL

Una crisis existencial no es un colapso visible ni una caída repentina. Tampoco implica “tocar fondo”. Es una pregunta interna persistente: ¿quién soy y por qué estoy viviendo de esta manera?

Se trata de una tensión entre la vida interior y la vida cotidiana, entre lo que la persona es y lo que muestra hacia fuera. No implica deseos de dejar de vivir, sino de dejar de vivir de una forma que ya no encaja.

Altas capacidades y malestar emocional en la vida adulta

En las personas con altas capacidades, este tipo de crisis es relativamente frecuente. Suelen sentir más, pensar más y observar con mayor profundidad. Perciben matices que otras personas no registran y necesitan coherencia entre lo que sienten y la forma en que viven.

Muchas veces, la crisis aparece en la edad adulta, a menudo entre los 35 y los 40 años. Para entonces, la persona ya ha hecho lo que se esperaba de ella: estudiar, trabajar, establecer vínculos, mantener rutinas. Y, aun así, aparece un vacío persistente.

Ese vacío no es apatía ni falta de motivación. Es la sensación de que la vida no se siente verdaderamente propia.

La adaptación temprana y la desconexión personal

Gran parte de este malestar tiene que ver con la adaptación temprana. Muchas personas con alto potencial aprendieron desde jóvenes a adaptarse más que a escucharse. Priorizaron lo que era adecuado sobre lo que deseaban.

Con el tiempo, funcionar en piloto automático se volvió habitual y el contacto con la intuición y el deseo personal se fue debilitando. La vida sigue adelante, pero algo interno empieza a desajustarse.

 

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¿SEÑALES DE UNA CRISIS EXISTENCIAL

La crisis existencial no comienza con dramatismo. Aparece de forma silenciosa, pero profunda. Algunas señales habituales son:

  • Sensación persistente de vacío, sin tristeza clara.
  • Falta de sentido o coherencia interna.
  • Preguntas frecuentes como “¿para qué hago todo esto?” o “¿esto es realmente vivir?”.
  • Desconexión con proyectos o actividades que antes parecían adecuados.
  • Rechazo a lo superficial y necesidad de conversaciones con significado.
  • Sensación de vivir una vida correcta, pero no auténtica.

Estas señales no indican fragilidad emocional ni un trastorno psicológico. Indican una necesidad profunda de autenticidad.

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CRISIS EXISTENCIAL Y DEPRESIÓN: DIFERENCIAS IMPORTANTES

Cuando una persona se siente vacía o desconectada, lo habitual es pensar en depresión. Sin embargo, la crisis existencial en personas con altas capacidades no encaja del todo en los criterios de la depresión clínica.

No suele haber pérdida generalizada de interés, deterioro funcional significativo ni bloqueo emocional. Lo que aparece es lucidez, inquietud, cuestionamiento interno y una fuerte necesidad de vivir de forma coherente con la propia identidad.

Por falta de información específica, este proceso puede confundirse con depresión, aunque se trate de experiencias diferentes.

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LA CRISIS EXISTENCIAL COMO OPORTUNIDAD DE CAMBIO

Aunque es un proceso doloroso, la crisis existencial también puede convertirse en un punto de inflexión. Obliga a detenerse, mirarse con honestidad y revisar decisiones que quizá ya no representan a la persona. No destruye la identidad. La revela. Permite dejar de sobrevivir para empezar a vivir con mayor sentido y autenticidad.

Si al leer este texto sientes que algo conecta contigo, buscar apoyo profesional puede ser un paso importante. No porque haya algo mal en ti, sino porque atravesar este tipo de procesos en soledad suele resultar más difícil.

Un acompañamiento adecuado puede ayudarte a comprender lo que te ocurre, ordenar lo que sientes y reconectar con una forma de vida más alineada contigo mismo. A veces, entender lo que pasa por dentro es el primer paso para volver a sentirte en casa.

Altas capacidades en niños y neurodiversidad: una mirada desde la psicología actual

Altas capacidades en niños y neurodiversidad: una mirada desde la psicología actual

Multidimensionalidad

Cuando hablamos de Altas Capacidades en niños (AACC) nos referimos a una potencialidad intelectual elevada que está configurada multidimensionalmente, es decir, no puede ser reducida a un Coeficiente Intelectual (CI) alto, sino que también se consideran medidas de creatividad, actitudinales y de respuesta educativa que sobresalen de la media.

Si bien a lo largo de la Unión Europea la terminología utilizada y los criterios de clasificación van variando, el consenso actual sostiene que la Alta Capacidad tiene distintas formas de expresión. La superdotación es entendida como una alta capacidad intelectual global, que involucra capacidades cognitivas, aptitudes intelectuales y alta creatividad, ubicándose en su totalidad por encima del percentil 75.  El talento simple, refiere a aquellos sujetos con una muy elevada aptitud o competencia en un ámbito específico, pero no en todos los ámbitos. Esta área se ubica por encima del percentil 90. Puede ser simple (p. ej., el talento creativo) o múltiple (p. ej., lógico, creativo y verbal). El genio supone una alta capacidad intelectual (superdotación o talento), una alta creatividad y alta productividad.

altas capacidades en los niños
Perfil neuropsicológico

Algunos aspectos clave para entender el funcionamiento de los niños con Altas Capacidades incluyen características destacables en las diferentes áreas:

💬  Lenguaje

Su vocabulario suele ser avanzado para su edad, gran facilidad para narrar experiencias o eventos y habilidad para comprender explicaciones.

🎨 Creatividad y pensamiento divergente

Demuestran una gran imaginación y originalidad en sus creaciones, interés en investigar y experimentar, y flexibilidad para encontrar estrategias de resolución alternativas.

🧩 Cognitivo

Comprenden a temprana edad los problemas y muestran mayor capacidad de resolución de problemas complejos. A su vez, evidencian una mayor resistencia a la interferencia y un mejor funcionamiento ejecutivo en la planificación/resolución de la actividad.

🫂 Social

Pueden sentirse diferentes a los niños de su edad, por no compartir intereses o formas de pensamiento. Con la intención de encajar, pueden ocultar sus capacidades para evitar celos, competencias o destacar frente a su grupo.

❤️‍🩹 Emocional

Experimentan emociones fuertes y pueden poseer gran sentido de la justicia social, mostrándose muy empáticos con los demás. Por otro lado, suelen tener tendencias perfeccionistas que resultan extenuantes y miedo al fracaso que deriva en evitar exponerse a situaciones o decisiones en las que podrían fallar. En consecuencia, pueden ser excesivamente autocríticos y con falta de confianza en sí mismos.

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¿Por qué hablamos de neurodiversidad?

Las investigaciones han demostrado que en la alta capacidad intelectual se evidencia un funcionamiento neurológico que difiere a lo observado en individuos tipo (el resto de la población). Es decir, el funcionamiento neurológico en las altas capacidades en niños demuestra características diferenciadas respecto a la media.

Por medio de técnicas de neuroimagen, la investigación neurológica ha demostrado que la inteligencia superior se relaciona con una actividad más específica y simultánea de las redes selectivamente activadas y un menor uso de redes neuronales no específicas. Los cerebros más eficientes funcionan con mayor eficacia y menor consumo de energía durante la resolución de tareas, es decir, la inteligencia no está correlacionada a un mayor trabajo del cerebro, por el contrario, su eficacia se debe a la inhibición de las áreas irrelevantes para la resolución y la activación focalizada de las más relacionadas. En pocas palabras: El cerebro no trabaja más, trabaja menos, pero de forma más eficiente.

 niños soperdotados
Importancia de la detección temprana

El principal objetivo de cualquier evaluación psicológica de las altas capacidades en niños es conocer en profundidad el perfil individual, para poder entender con qué recursos intelectuales cuenta, su estilo de aprendizaje, aptitudes, nivel de rendimiento, intereses propios, características personales, emocionales y su visión de futuro.

Esto nos permitirá responder de la forma más adecuada a sus necesidades, desde temprana edad. A su vez, evidenciará más fácilmente las barreras para el aprendizaje y la participación que puedan aparecer. Favorecerá el desarrollo emocional del niño y permitirá potenciar sus competencias y habilidades y facilitará una evolución natural que permita un mayor bienestar en su desarrollo.

Bibliografía sobre las altas capacidades en niños:

García-Ron, A., & Sierra-Vázquez, J. (2011). Niños con altas capacidades intelectuales. Signos de alarma, perfil neuropsicológico y sus dificultades académicas. Anales de Pediatría Continuada, 9(1), 69-72. https://doi.org/10.1016/S1696-2818(11)70010-5 (produccioncientifica.ucm.es

García-Ron, A., & Sierra-Vázquez, J. (2008). Niños con altas capacidades y su funcionamiento cognitivo diferencial.Revista de Neurología, 46(S1), S35–S39. https://doi.org/10.33588/rn.46S01.2008008

Ramos Santana, G., & Chiva Sanchis, I. (Coords.). (2018). Altas capacidades: identificación-detección, diagnóstico e intervención. Valencia: Editorial Brief. ISBN 978-84-15204-68-8. (dialnet.unirioja.es

¿Y si tengo TDAH? Implicaciones del TDAH en adultos

¿Y si tengo TDAH? Implicaciones del TDAH en adultos

Implicaciones del TDAH en adultos

“Siempre me costó concentrarme”, «soy terriblemente impuntual», «me gustaría ser menos impulsivo, pero me cuesta», «me resulta difícil organizarme»…

Muchas personas adultas viven con una sensación persistente de “no encajar del todo”: dificultades para concentrarse, olvidos frecuentes, cambios bruscos de motivación, impulsividad, problemas laborales o académicos, sensación de caos interno… Todo esto puede haber sido atribuido a estrés o ansiedad. Sin embargo, para algunos, la verdadera explicación es otra: un TDAH que no se ha detectado.

¿Qué es el TDAH en adultos?

El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) no es solo cosa de niños. Aunque sus manifestaciones cambian con el tiempo, muchas personas continúan presentando síntomas en la edad adulta, especialmente relacionados con la atención, la organización, la impulsividad y la regulación emocional.

La diferencia es que, en los adultos, el TDAH suele estar oculto entre mecanismos compensatorios, exigencias sociales o diagnósticos erróneos. Por eso, muchas veces no se detecta hasta los 30, 40 o incluso 50 años.

Las consecuencias de un diagnóstico tardío

Descubrir que se tiene TDAH en la edad adulta puede provocar una mezcla de emociones: alivio, confusión, duelo y esperanza. Pero también invita a revisar muchos aspectos del pasado personal.

1. Autoimagen distorsionada
Muchos adultos con TDAH han crecido con etiquetas como “perezoso”, “despistado”, “irresponsable” o “exagerado”. Al no haber recibido una explicación adecuada a su forma de funcionar, han interiorizado una narrativa negativa sobre sí mismos.

2. Trayectorias académicas o laborales truncadas
La dificultad para organizarse, planificar o sostener la atención puede haber interferido en estudios superiores o en mantener empleos estables, generando frustración y baja autoestima.

3. Problemas en las relaciones
La impulsividad, la desregulación emocional o el olvido de compromisos pueden haber generado tensiones en vínculos personales y de pareja, sin que la persona entendiera del todo por qué le cuesta tanto mantener ciertas dinámicas.

4. Diagnósticos previos incompletos
Es frecuente que adultos con TDAH hayan sido tratados previamente por ansiedad, depresión o trastornos de personalidad, sin abordar la raíz neurocognitiva del problema.

¿Por qué es importante detectarlo el TDAH en adultos?

Recibir un diagnóstico de TDAH en la adultez no solo ayuda a entender el pasado: permite construir un futuro con más claridad, estrategias personalizadas y una relación más amable con uno mismo.

  • Permite desarrollar herramientas específicas para mejorar la planificación, la gestión del tiempo y la concentración.

  • Favorece tratamientos adecuados, ya sea desde el ámbito psicológico, farmacológico o ambos.

  • Ayuda a resignificar la historia personal, dejando de lado la culpa o la sensación de “fracaso”.

  • Mejora las relaciones al comprender mejor las propias reacciones y poder explicarlas a los demás.

Un punto de partida, no un final

Lejos de ser una etiqueta limitante, un diagnóstico tardío de TDAH puede ser un punto de inflexión. Muchas personas relatan que, por primera vez, sienten que su vida “encaja” y que tienen recursos reales para gestionarla de manera más saludable y efectiva.

El diagnóstico no borra las dificultades, pero ofrece una brújula. Y con ella, se puede empezar a caminar con más dirección, menos culpa, y mucha más comprensión.


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Desde nuestra clínica realizamos evaluaciones especializadas en adultos, con un enfoque profesional, riguroso y humano. Conoce más sobre nuestro proceso de evaluación del TDAH.

¿Y si los indicadores ya están ahí? Señales autismo en la infancia

¿Y si los indicadores ya están ahí? Señales autismo en la infancia

Un niño que no responde cuando lo llaman por su nombre. Otro que parece evitar el contacto visual o juega de forma extraña con sus juguetes. Muchas veces, estos comportamientos pueden pasar desapercibidos o considerarse «etapas», pero en algunos casos podrían ser señales de autismo en la infancia, indicadores tempranos del Trastorno del Espectro Autista (TEA).

La detección precoz es clave. Cuanto antes se identifiquen las señales, antes se podrá intervenir para acompañar de forma adecuada el desarrollo del niño.

¿Qué es el autismo?

El TEA forma parte de los trastornos del neurodesarrollo, lo que significa que sus manifestaciones suelen aparecer en los primeros años de vida, a menudo incluso antes del ingreso a la escuela primaria. Este trastorno se caracteriza por:

  • Dificultades persistentes en la comunicación e interacción social

  • Patrones de comportamiento repetitivos o intereses restringidos

Estos desafíos pueden influir significativamente en la vida personal, social y académica del niño.

¿Cómo se detecta?

Aunque aún no existen marcadores biológicos específicos para diagnosticar el autismo, su identificación se basa en conductas observables. En casos más evidentes, los signos pueden notarse antes del año; en otros, se hacen visibles hacia los 2 años o más.

Señales de autismo en la infancia: ¿qué observar en el primer año?

Algunas de las primeras manifestaciones del TEA tienen que ver con la forma en que el niño se relaciona con su entorno. Por ejemplo:

  • Poco o nulo contacto ocular

  • Dificultad para seguir con la mirada

  • No responde al oír su nombre

  • Rechaza el contacto físico

  • Muestra poco interés ante estímulos visuales novedosos

Estas señales de autismo en la infancia suelen relacionarse con aspectos sensoriales y sociales de la comunicación.

¿Qué ocurre durante la infancia?

Cuando los niños comienzan a interactuar con pares, muchas conductas asociadas al TEA se vuelven más visibles. Algunas señales de autismo en la infancia a tener en cuenta son:

  • Llevar a alguien de la mano sin buscar contacto visual

  • Usar los objetos de forma repetitiva o sin un fin simbólico

  • Conocer el abecedario, pero no responder a su nombre

  • Dificultad para jugar “como si” o seguir reglas sociales flexibles

  • Preferencia por rutinas rígidas o patrones de juego inflexibles

Dificultades en la reciprocidad socioemocional

Uno de los núcleos del autismo está en cómo se comparte el mundo con otros. Algunas señales de autismo en la infancia que son frecuentes son:

  • No señalar objetos ni compartir intereses

  • Dificultad para iniciar una interacción social

  • No imitar, no hacer juegos de simulación

  • Uso limitado del lenguaje, enfocado solo en pedir

  • Escasa o nula expresión de emociones a través del rostro o el lenguaje

  • Apego inusual a objetos poco comunes

  • Dificultad para interpretar gestos sociales básicos

¿Qué hacer si se observan estas señales de autismo en la infancia?

La presencia de uno o más de estos signos no implica necesariamente un diagnóstico de TEA, pero sí es una invitación a observar más de cerca y, ante la duda, consultar con un profesional especializado en salud mental infantil que tenga formación en autismo para realizar la evaluación. La detección temprana permite una intervención más eficaz y un acompañamiento más sensible.


Paula Victoria Gamallo
Psicóloga clínica infantojuvenil – CV 19434


Bibliografía:

  • American Psychiatric Association. (2014). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales: DSM-5 (5.ª ed.). Editorial Médica Panamericana.

  • Palomo, Belinchón y López (2004). La investigación del autismo en los primeros dos años de vida (I): Indicadores Tempranos. Comunicación enviada al XII Congreso Nacional de AETAPI, Las Palmas de Gran Canaria.

Sentir diferente: ¿Qué es el perfil sensorial y por qué es tan importante conocerlo?

Sentir diferente: ¿Qué es el perfil sensorial y por qué es tan importante conocerlo?

¿Alguna vez has sentido que un sonido “normal” te molesta muchísimo? ¿Que una prenda te resulta insoportable aunque a nadie más le pase? ¿O que necesitas moverte o tocar cosas para concentrarte o calmarte?
Nada de eso es raro. Simplemente tiene que ver con cómo tu cuerpo y tu cerebro perciben y procesan los estímulos del mundo que te rodea. Y eso es, justamente, de lo que habla el perfil sensorial.

En este artículo queremos explicarte qué es el perfil sensorial, cómo se manifiestan sus distintas formas y por qué conocerlo puede marcar una gran diferencia —especialmente en personas dentro del espectro autista.


¿Qué es el perfil sensorial?

El perfil sensorial es una especie de «mapa personal» que describe cómo responde cada persona a estímulos sensoriales: sonidos, luces, olores, sabores, movimiento, texturas, presión, temperatura… Todos esos estímulos forman parte de nuestra vida diaria, pero no todos los sentimos igual.

Conocer tu perfil sensorial no es poner una etiqueta, sino descubrir cómo funciona tu cuerpo por dentro para poder cuidarte mejor.


Formas de sentir el mundo

Cada persona tiene su manera única de sentir, pero a grandes rasgos existen algunas tendencias comunes en la forma en que respondemos a los estímulos. Vamos a verlas una por una:

🔊 Hipersensibilidad

Es cuando los estímulos se perciben de forma muy intensa o invasiva. Por ejemplo:

  • Los ruidos fuertes o agudos pueden provocar incomodidad o ansiedad.

  • Las luces brillantes o parpadeantes pueden ser molestas o incluso dolorosas.

  • Algunas texturas, como etiquetas o costuras, pueden generar rechazo físico.

👉 Las personas con hipersensibilidad no están exagerando: simplemente su sistema nervioso percibe el mundo con más intensidad.


🔇 Hiposensibilidad

En este caso, el cuerpo necesita más estimulación para “sentir”. Algunas señales típicas son:

  • No notar dolor con facilidad.

  • No reaccionar a ciertos sonidos o luces.

  • Necesitar moverse, presionarse o buscar contacto para «activarse».

👉 No es que la persona no preste atención: es que su cerebro necesita más información sensorial para registrarla.


↕️ Búsqueda sensorial

Aquí, la persona busca activamente ciertos estímulos porque los necesita para autorregularse. Por ejemplo:

  • Balancearse, moverse constantemente, saltar.

  • Tocar superficies repetidamente.

  • Comer alimentos con texturas o sabores intensos.

👉 No es una “manía” o una “manera rara de comportarse”: es una estrategia corporal para sentirse bien.


❌ Evitación sensorial

Cuando los estímulos son demasiado abrumadores, algunas personas evitan ciertos entornos o situaciones:

  • Se tapan los oídos o los ojos.

  • No toleran ciertas comidas o ropa.

  • Evitan lugares ruidosos o con mucha gente.

👉 No es rechazo hacia otras personas o situaciones, sino una forma de protegerse del malestar sensorial.


¿Y qué tiene que ver todo esto con el autismo?

Estas diferencias sensoriales pueden estar presentes en cualquier persona, pero en muchas personas autistas son especialmente significativas.

De hecho, aunque no formen parte del diagnóstico clínico oficial, las particularidades sensoriales son uno de los aspectos más comunes en el espectro autista. Pueden influir en la conducta, el estado emocional, la comunicación y la forma de relacionarse con el entorno.

Por ejemplo:

  • Un niño que se tapa los oídos en clase no está desobedeciendo, sino protegiéndose del ruido.

  • Una persona adulta que evita ciertas reuniones no está siendo antisocial, sino que necesita un entorno menos abrumador.

  • Una niña que mastica su camiseta o se balancea constantemente no lo hace “porque sí”, sino porque su cuerpo se regula así.


¿Cómo se evalúa el perfil sensorial?

En muchos procesos de evaluación (como el diagnóstico del autismo), si se observa que las diferencias sensoriales interfieren en la vida diaria, puede realizarse una evaluación específica del perfil sensorial.

Esta evaluación se hace a través de cuestionarios estructurados y validados, adaptados a la edad:

  • En menores, lo rellenan los padres o cuidadores.

  • En adolescentes y adultos, se hace mediante autoevaluación.

A partir de ahí, se construye un perfil que muestra qué áreas sensoriales están afectadas (auditiva, visual, táctil, gustativa, olfativa, motora…) y cómo lo están (hipersensibilidad, hiposensibilidad, búsqueda o evitación).


¿Para qué sirve conocer tu perfil sensorial?

Tener esta información cambia muchas cosas:

  • Permite entender reacciones que antes parecían “inexplicables”.

  • Ayuda a crear entornos más cómodos en casa, el colegio o el trabajo.

  • Previene crisis, bloqueos o malestar.

  • Mejora la calidad de vida, el bienestar emocional y la autonomía.

  • En resumen, te ayuda a tomar decisiones basadas en el auto-cuidado.

En resumen…

Todas las personas sentimos diferente. Y eso no es un problema: es parte de quiénes somos.
Conocer tu perfil sensorial —o el de tu hijo o hija— es una forma de cuidarse con más ternura, de entenderse sin juicios, y de construir una vida más tranquila, amable y respetuosa.

Porque cuando sentimos el mundo de forma distinta, necesitamos que el mundo también se adapte un poquito a nosotras y nosotros. Y eso empieza con comprensión y acompañamiento.

💙

APAI Psicólogos - Nutriemoción
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