23 enero 2017
Indefensión aprendida:
cuando ya ni lo intentas
En nuestro post de la semana pasada os hablábamos de la reactancia y la psicología inversa, que son tendencias de las personas al incremento de nuestra acción.
Esta semana queremos hablaros del fenómeno opuesto, es decir, cuando las personas tendemos a reducir nuestra acción, como en la famosa indefensión aprendida.
Qué es la indefensión aprendida
Este término fue acuñado por primera vez por los psicólogos Seligman y Overnier. A raíz de sus experimentos, en primer lugar en perros, descubrieron que cuando un organismo se ve sometido a una situación desagradable y, haga lo que haga, la situación no mejora, en ocasiones tiende a generalizar la idea de que en otras situaciones desagradables tampoco servirá de nada actuar.
Por qué se producía la indefensión aprendida
Seligman lo explicó de esta manera: en ocasiones “aprendemos” que nuestra conducta no va a influir en los resultados, es decir, que no hay nada que podamos hacer, así que nos desanimamos y dejamos de intentar cosas.
Qué consecuencias tenía la indefensión aprendida en este modelo
La primera consecuencia es un descenso drástico en nuestra motivación. Pensamos, si no fui capaz entonces, tampoco lo seré ahora, y dejamos de buscar otras soluciones. La segunda es, consecuentemente a lo anterior, un descenso de la capacidad de aprender de los éxitos. Sin emprender acciones, los problemas tienden a persistir y ni damos la oportunidad de generar acciones útiles que nos hagan saber cada vez más. La tercera es la aparición de ansiedad que, mantenida, puede acabar en depresión.
Pongamos un ejemplo de este modelo de indefensión aprendida:
Imagina que alguien abusa de un niño pequeño y que, cuando este niño intenta, tímidamente, compartir su experiencia con gente de su entorno, éstos, fruto del shock por la noticia, reaccionan no creyéndole, minimizando lo que ocurre o culpabilizándole a él. Este niño puede aprender que no tiene sentido pedir ayuda cuando te pasa algo, porque la gente no te va ayudar y puede generar indefensión aprendida. Es un decremento en la acción de pedir ayuda cuando la necesitas.
Probablemente este niño experimente el triple déficit de la indefensión aprendida que hemos comentado antes:
- El déficit motivacional: “¿para qué voy a pedir ayuda para mis problemas o contar a los demás las cosas que me ocurren si la gente nunca te ayuda?”.
- El déficit cognitivo: como no vuelve a pedir ayudar para nada en su vida, se priva de aprender que la petición de ayuda a otras personas, en otras situaciones, puede traer consigo la solidaridad, el apoyo y la ayuda.
- El déficit afectivo: este patrón de evitación de petición de ayuda y desmotivación a hacerlo, hace que la persona disminuya su capacidad de descarga emocional y vaya acumulando ansiedad que, mantenida, puede llevarle a la depresion.
Por qué no se cumple siempre esta predicción:
la diferencia en las atribuciones
El propio Seligman, junto a otros psicólogos, Abramson y Teasdale, descubrieron después que, dependiendo de a qué atribuyera la persona la incontrolabilidad, se producía o no la indefensión aprendida, o en diferente grado.
Por ejemplo, si yo pienso que es por culpa mía (atribución interna), que no sabré hacerlo nunca (atribución estable) y que además me pasará siempre (atribución global), la indefensión aprendida revestirá mayor gravedad y presdispondrá a mayor depresión. Si yo, por el contrario, pienso que ha sido una cuestión de azar (atribución externa), que no tiene por qué ser siempre así (atribución inestable) y que es una cosa de esta situación concreta (atribución específica), apenas se generará indefensión aprendida.
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