PSICOLOGIA ADULTOS

18 diciembre 2017

Tenemos tres cerebros, para bien… y para mal

Seguramente te sorprende leer que tienes tres cerebros. Pues sí, según Paul MacLean, nuestro cerebro está compuesto por tres cerebros que funcionan, o intentan, funcionar, como uno único. Es lo que este neurocientífico llama el cerebro triúnico. Esta idea, y toda la investigación posterior sobre ella en neurociencia, es una de las bases fundamentales con la que debemos trabajar los psicólogos.

Tres cerebros en uno

La idea del cerebro triúnico es fácil de entender si contemplamos que nuestra especie tiene una larga tradición evolutiva. Vamos, que no nacimos ayer. No somos los mismos que hace millones de años, ni hemos de adaptarnos a entornos parecidos a los que hemos debido adaptarnos en ciertos momentos de nuestra evolución. Lo que ha ido ocurriendo es que, poco a poco, conforme íbamos evolucionando y el entorno iba cambiando, se desarrollaban un cerebro sobre otro, de manera secuencial, a lo largo de nuestra historia.

Cada uno de estos cerebros funciona de una manera diferente, habla de un modo diferente y quiere tomar el derecho a decidir sobre nosotros enfrentándose a los otros dos. Ahora entenderás porque el ser humano puede estar lleno de contradicciones. De más antiguo a más reciente, nuestros cerebros son: el reptiliano, el límbico y el neocórtex.

El cerebro reptiliano

Al cerebro reptiliano lo único que le importa es que tú sobrevivas “ahora”, es decir, que tu cuerpo pueda realizar las operaciones básicas para estar vivo: regula tu temperatura, vela por tu ritmo cardíaco, etc… Este cerebro funciona de forma muy estereotipada o impulsiva: responde automáticamente en función del estado en que esté tu organismo. De entre los tres cerebros, el reptiliano está localizado en la parte más baja de nuestro cerebro, incluyendo los ganglios basales y el tronco del encéfalo.

El sistema límbico

La segunda parte de nuestro cerebro, el llamado sistema límbico, apareció después, cuando aparecieron los primeros mamíferos, directamente encima del cerebro reptiliano. Este cerebro es mucho más complejo que el reptiliano, porque está basado en nuestra capacidad de aprender a través de las emociones, y es de enorme trascendencia para los psicólogos, pues una parte del trabajo importante que se hace a diario en una consulta de psicólogo es trabajar con el sistema límbico, deshaciendo asociaciones inadecuadas que se han creado, e intentando crear nuevas asociaciones más productivas y saludables.

Si haces algo que te hace sentir bien, tu sistema límbico intentará repetirla o generar las condiciones para que ese bienestar vuelva a ocurrir: piensa el papel que esta estructura puede tener en las adicciones, por ejemplo. Si haces algo que te provoca malestar, tu sistema límbico inhibirá esa conducta o te alejará de los entornos en los que es más probable que vuelvas a sentirte de esa manera: piensa el papel que esto puede tener en la creación y mantenimiento de las fobias o los trastornos obsesivo-compulsivos.

El neocórtex

Al final de todo, y por el momento, de nuestros tres cerebros, el cerebro más reciente que tenemos es el neocórtex, es decir, nuestra corteza cerebral.

Este cerebro es mucho más sutil que los otros dos, es muy complejo, tiene capacidad para trazar proyectos a largo plazo y para detectar matices que los otros dos cerebros no captan. Es el responsable también de que podamos revisar nuestro propio comportamiento para analizarlo y decidir qué tal hemos estado en un momento dado. Todo pensamiento sistemático, toda capacidad lógica, todo lenguaje organizado. Por eso es tan importante para la terapia cognitivaque llevan a cabo los psicólogos. Aunque ahora viene lo realmente interesante.

La interconexión entre los tres cerebros

Los últimos avances en neurociencia han demostrado que estos tres cerebros nos son como unas piezas de lego montadas las unas sobre las otras. Lógicamente, ésta es una abstracción y una simplificación, aunque nos ayuda a entender los conflictos y los problemas que presentamos los seres humanos. La realidad es que la aparición de cada uno de estos tres cerebros ha ido modificando en cierta medida a los otros y que el cerebro quiere responder de un modo global, interconectado, para dar mejor salida a nuestras decisiones y respuestas; al menos lo intenta, aunque no siempre lo consigue.

La importancia del sistema límbico en las emociones

Una emoción es un proceso mental no consciente que crea un estado de predisposición a actuar de una manera determinada. Aunque no se reduce a estas dos estructuras, dentro del sistema límbico del que hemos hablado anteriormente sobresalen dos estructuras de gran importancia a nivel emocional: la amígdala y el hipocampo. Si has acudido alguna vez al psicólogo, de la primera, la amígdala, seguro que habrás escuchado hablar. La amígdala (que no tiene nada que ver con las amígdalas), es una estructura fascinante, pues hace todo esto por ti: interpreta rápidamente la cara de la persona que tienes enfrente para detectar su estado emocional; te mantiene vivo y protegido, pues hace que huyas cuando sientes miedo, pues se percata muy rápidamente de los peligros.

El problema viene en que también genera falsas alarmas y que se puede quedar “encendida” cuando ya ha pasado el peligro (como en el trauma) o cuando no ha habido peligro pero ella así lo ha interpretado (como en el trastorno de pánico, en las fobias, etc…) Del hipocampo, los psicólogos en consulta hablamos menos, pero es una estructura fundamental con la que también trabajamos, pues puede ayudarnos a frenar las falsas alarmar de la amígdala, dándoles un contexto y un lugar. Nos puede ayudar mucho porque sí tiene capacidad de procesar y codificar a nivel lingüístico y por lo tanto puede servir de puente entre la amígdala y la corteza cerebral.

Conclusiones de los tres cerebros

Ahora que conoces como nuestro cerebro ha ido complejizándose a lo largo de nuestra evolución con la aparición de diferentes estructuras, entenderás que sigue en proceso de evolución, intentando ayudarte en tu día a día del modo en que mejor puede. Por supuesto que comete errores, que se engancha (es normal), el mundo ha cambiado mucho desde que aparecieron cada una de sus estructuras, pero siempre intenta protegerte. Si ves que tu cerebro no encuentra la salida para ayudarte en tu día a día, si tienes una fobia, una adicción, un trastorno obsesivo, un trastorno alimentario…. Sea lo que sea, acude a un psicólogo, él te ayudará a salir del atolladero.

Por cierto, que se está investigando mucho sobre cómo el mindfulness puede ayudar a integrar esos tres cerebros para que funcionen de manera más globalizada y eficaz.

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María José Miguel

Psicóloga de adultos

Eva Monteagudo

Psicóloga de adultos y parejas

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