Cómo regula el cerebro nuestras emociones

Cómo regula el cerebro nuestras emociones

PSICOLOGIA GENERAL
17 abril 2017


Cómo regula el cerebro nuestras emociones

Las neurociencias son fundamentales, hoy en día, para entender cómo se regulan las emociones en las personas. Una de las investigaciones más interesantes a este respecto es el sistema de regulación de los afectos de Paul Gilbert.

El sistema de regulación de los afectos


Según Gilbert (2009) existen tres sistemas neurológicos básicos, conectados entre sí, que regulan nuestras emociones. Estos sistemas, pulidos y refinados en el devenir de nuestra evolución como especie, se van activando en nuestra propia vida individual, en especial en los primeros años de vida, según nuestros seres queridos reaccionan ante nosotros, ante nuestras conductas.

El primer sistema: la amenaza y la protección

Este sistema se activa cuando se detecta una posible amenaza. Su función es detener las amenazas o los riesgos para nuestra integridad y nos ayuda a elegir una respuesta rápida para enfrentarnos a ese potencial peligro; genera emociones como la ansiedad, la ira o el disgusto y es regulado principalmente por las hormonas adrenalina y cortisol. También es el responsable de la sumisión. Para que se ponga en funcionamiento ese sistema no hace falta que la amenaza sea real, un simple estimulo asociado a un recuerdo amenazante puede hacer que dispare este sistema. Con todo, este sistema, aunque extremadamente adaptativo y útil, no es perfecto. Por ejemplo: a veces entramos en conflicto cuando este sistema se activa pero no somos capaces de decantarnos una sola respuesta: ¿debo huir?, ¿o aquí es mejor someterme?, ¿o tal vez lo que toca ahora es luchar? Por otro lado, este sistema no se desactiva hasta que se activa alguno de los otros dos, por lo que puede llevar a la sobrecarga

El segundo sistema: la activación para la búsqueda de incentivos y recursos

La función de este sistema es motivarnos para la acción, para la búsqueda de recursos que necesitamos para sobrevivir y que nos produzcan recompensa o nos hagan sentir la sensación de logro. Este sistema nos anima a encaminarnos hacia nuestros objetivos vitales, generando emociones que nos conduzcan a ello. Es principalmente un sistema activador o reforzante y se activa a través del neurotransmisor dopamina, que genera el sexo, las drogas o la búsqueda de sensaciones. También puede activarse sólo al recordar logros pasados o imaginando el cumplimiento de objetivos futuros. Pese a que este sistema supone un importante elemento motivador para conseguir nuestros objetivos, no está exento de problemas, dado que una excesiva motivación de logro provoca visión túnel y puede conducir a que no tengamos en cuenta que estamos haciendo daño a otros, o a otras áreas de nosotros mismos, por conseguir nuestros objetivos: por ejemplo, una anoréxica que se siente triunfal cuando baja de peso, o una persona con una adicción. De hecho, este sistema es bastante adictivo y es uno de los más fomentados en el mundo occidental.

El tercer sistema: el confortamiento, la satisfacción y la seguridad

Aporta calma y tranquilidad, una sensación de satisfacción, donde uno no desea ni evita nada. Es muy diferente a la euforia o a la sensación de logro. Las endorfinas y la oxitocina (la hormona que se segrega cuando nos dan un abrazo) están implicadas en este sistema, generando emociones que nos hacen sentir valiosos y seguros. Este sistema se activa cuando recibimos conductas de cuidado, de afiliación, de vínculo, de amabilidad. Cuando se activa, al sentirnos seguros, aumentan nuestras capacidades creativas y nuestro deseo de explorar el entorno.

El delicado baile entre los tres sistemas

Como hemos dicho antes, estos tres sistemas están conectados y se relacionan entre sí. Por ejemplo, el sistema de amenaza es prioritario: si se activa, los otros dos se inhiben; al fin y al cabo, lo primero es vivir, y luego ya viene todo lo demás. Otro ejemplo sería cómo, cuando queremos y esperamos conseguir algo y esto se frustra (se frustra nuestro sistema de recursos e incentivos), se activa el sistema de amenaza y protección para movilizar la energía suficiente como para resolver la amenaza que impide que se cumplan nuestros planes. Otro aspecto interesante es que el sistema de bienestar es una especie de regulador interno de los otros dos sistemas.

Mª José Miguel Quilis

Psicóloga de adultos en Valencia

Directora Apai Psicólogos

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¡Sácate los problemas de encima!

“La persona no es el problema:

el problema, es el problema”

 

Esta preciosa frase vendría a definir el núcleo básico de las llamadas terapias narrativas,

y de cualquier otra terapia psicológica que utilice el sentido común.

La terapia narrativa, desarrollada por Michael White y David Epston en los años 70 y 80 del siglo pasado, es una terapia psicológica que considera los problemas que tienen las personas no como parte inmodificable de ellos mismos sino como algo que está afectando a su vida. De este modo, se crea una distancia entre el problema que tiene la persona y la propia persona, y este hecho libera, empodera y da más posibilidad de cambio.

La técnica de la externalización del problema

Por ello, una de las principales técnicas de la terapia psicológica narrativa es la técnica de la externalización del problema. Al aplicarla, es fundamental, apoyarnos en el lenguaje para “separar” los problemas de las personas. Si podemos observar el problema objetivamente, podremos observar las relaciones que este problema tiene con nosotros y nos sentiremos capaces de hacerle frente. Pero, si el problema soy yo, ¿cómo voy a usar mi yo para enfrentar el problema?

Si nos identificamos con el problema, se cortan las posibilidades de superarlo.

Etiquetas como “es un vago”, “soy una insociable” o “soy depresiva” son un punto de partida, no sólo doloroso, sino desventajoso para el cambio. Relacionarnos de otra manera con estos problemas, por ejemplo, “ la dichosa vaguería suele traerme suspensos”, “mi vida social se limita mucho por culpa del miedo a quedar en ridículo” o “ a veces, unos pensamientos muy tristes parecen dominarme”… suponen un punto de partida para la mejoría mucho más ventajoso.

Las ventajas de la narración en la terapia psicológica

Una vez que nos hemos situado fuera del problema, ya podemos comenzar a investigarlo, a través de las preguntas que nos haga nuestro psicólogo. Algunas preguntas que el psicólogo hará, y que son de utilidad, son: ¿cómo ha influido este problema en tu vida?, ¿cuándo no se produce este problema?, ¿qué personas están relacionadas con este problema?, ¿qué áreas de tu vida están libres de este problema?

Con estas y otras preguntas, la persona va recuperando datos que no suele contemplar, como las cosas que hace bien, los aspectos que le ayudan a luchar con su problema, los factores que estuvieron afectando a la aparición del problema y los que están presenten en el mantenimiento del mismo. La persona es la verdadera experta en su propia vida, el psicólogo simplemente le brinda una manera de contarla, a través de entrevistas, relatos e incluso cartas.

Mª José Miguel Quilis

Psicóloga de adultos en Valencia

Directora Apai Psicólogos

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Indefensión aprendida: cuando ya ni lo intentas

ADOLESCENTES

23 enero 2017

Indefensión aprendida:

cuando ya ni lo intentas

En nuestro post de la semana pasada os hablábamos de la reactancia y la psicología inversa, que son tendencias de las personas al incremento de nuestra acción.

Esta semana queremos hablaros del fenómeno opuesto, es decir, cuando las personas tendemos a reducir nuestra acción, como en la famosa indefensión aprendida.

Qué es la indefensión aprendida

Este término fue acuñado por primera vez por los psicólogos Seligman y Overnier. A raíz de sus experimentos, en primer lugar en perros, descubrieron que cuando un organismo se ve sometido a una situación desagradable y, haga lo que haga, la situación no mejora, en ocasiones tiende a generalizar la idea de que en otras situaciones desagradables tampoco servirá de nada actuar.

Por qué se producía la indefensión aprendida

Seligman lo explicó de esta manera: en ocasiones “aprendemos” que nuestra conducta no va a influir en los resultados, es decir, que no hay nada que podamos hacer, así que nos desanimamos y dejamos de intentar cosas.

Qué consecuencias tenía la indefensión aprendida en este modelo

La primera consecuencia es un descenso drástico en nuestra motivación. Pensamos, si no fui capaz entonces, tampoco lo seré ahora, y dejamos de buscar otras soluciones. La segunda es, consecuentemente a lo anterior, un descenso de la capacidad de aprender de los éxitos. Sin emprender acciones, los problemas tienden a persistir y ni damos la oportunidad de generar acciones útiles que nos hagan saber cada vez más. La tercera es la aparición de ansiedad que, mantenida, puede acabar en depresión.

Pongamos un ejemplo de este modelo de indefensión aprendida:

Imagina que alguien abusa de un niño pequeño y que, cuando este niño intenta, tímidamente, compartir su experiencia con gente de su entorno, éstos, fruto del shock por la noticia, reaccionan no creyéndole, minimizando lo que ocurre o culpabilizándole a él. Este niño puede aprender que no tiene sentido pedir ayuda cuando te pasa algo, porque la gente no te va ayudar y puede generar indefensión aprendida. Es un decremento en la acción de pedir ayuda cuando la necesitas.

Probablemente este niño experimente el triple déficit de la indefensión aprendida que hemos comentado antes:

  • El déficit motivacional: “¿para qué voy a pedir ayuda para mis problemas o contar a los demás las cosas que me ocurren si la gente nunca te ayuda?”.
  • El déficit cognitivo: como no vuelve a pedir ayudar para nada en su vida, se priva de aprender que la petición de ayuda a otras personas, en otras situaciones, puede traer consigo la solidaridad, el apoyo y la ayuda.
  • El déficit afectivo: este patrón de evitación de petición de ayuda y desmotivación a hacerlo, hace que la persona disminuya su capacidad de descarga emocional y vaya acumulando ansiedad que, mantenida, puede llevarle a la depresion.

Por qué no se cumple siempre esta predicción:

la diferencia en las atribuciones

El propio Seligman, junto a otros psicólogos, Abramson y Teasdale, descubrieron después que, dependiendo de a qué atribuyera la persona la incontrolabilidad, se producía o no la indefensión aprendida, o en diferente grado.

Por ejemplo, si yo pienso que es por culpa mía (atribución interna), que no sabré hacerlo nunca (atribución estable) y que además me pasará siempre (atribución global), la indefensión aprendida revestirá mayor gravedad y presdispondrá a mayor depresión. Si yo, por el contrario, pienso que ha sido una cuestión de azar (atribución externa), que no tiene por qué ser siempre así (atribución inestable) y que es una cosa de esta situación concreta (atribución específica), apenas se generará indefensión aprendida.

Mª José Miguel Quilis

Psicóloga de adultos en Valencia

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18 octubre 2016

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Cuando la dislexia se descubre en la edad adulta

En los anteriores artículos sobre esta serie de entradas relacionadas con la dislexia, hablábamos de la dislexia en niños y en adolescentes. Pero, ¿qué pasa cuando han fallado los medios de detección y el diagnóstico de dislexia llega en la edad adulta?

La historia personal de los adultos disléxicos

Los psicólogos observamos como los adultos con dislexia, en su historia personal, pueden haber sufrido dificultades en su vida laboral, vaivenes en su adaptación social y problemas en muchas tareas relacionadas con habilidades y conocimientos. De hecho, muchos adultos disléxicos te cuentan que la lectura les provoca esfuerzo, que tienen que prestar mucha atención a la ortografía o a los datos numéricos, pues les cuesta dominarlos.

Estos problemas, en ocasiones, les llevan a evitar actividades que tengan que ver con poner a prueba sus aptitudes académicas. De hecho, aprender nuevas habilidades y procesar información nueva, les cuesta. Por lo tanto, los adultos disléxicos sufren, porque sienten que son inteligentes pero no entienden por qué experimentan tantos errores o bloqueos mentales en estas áreas. Al no saber lo que les pasa, su autoestima se deteriora. No es extraño encontrar adultos con dislexia que experimentan ansiedad o comportamientos obsesivos.

¿Cuántos adultos disléxicos hay?

Los datos de prevalencia en adultos con dislexia son aproximados. Se calcula que afecta en torno al 4% de la población adulta. Aunque la buena noticia es que la educación continua para mejorar estas dificultades en la edad adulta, reduce la prevalencia, por lo menos de la dislexia en su forma más severa.

Investigaciones actuales sobre la dislexia en adultos

Se aprecia un incremento significativo de la investigación sobre la dislexia en adultos a partir de 2002. Los temas más habituales en la investigación actual de adultos disléxicos son: ¿cuáles son las dificultades que persisten en los adultos disléxicos exactamente?, ¿existen diferencias neurológicas en los adultos disléxicos?, ¿ son estas diferencias genéticas?, ¿qué procedimientos de intervención hay que poner en marcha para reducir la severidad de la dislexia en adultos?, y, sobre todo, ¿ cómo identificar y diagnosticar de forma eficaz a los adultos con dislexia?

Esperamos que la investigación sea fructífera en estos temas en los próximos años.

Maria Teresa López Ruiz

Psicóloga de adultos

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La hipnosis: qué es y qué no es

La hipnosis: qué es y qué no es

PSICOLOGIA ADULTOS | PSICOLOGIA GENERAL
11 julio 2016


La hipnosis: ¿qué es y qué no es?

DESCONOCIMIENTO GENERALIZADO SOBRE LA HIPNOSIS

Es muy probable que, como ciudadano de a pie, tengas una idea confusa sobre la aplicación de la hipnosis dentro de un tratamiento psicológico. No es de extrañar, es un técnica sobre la cual incluso algunos psicólogos manifiestan desconocimiento.

Gracias al Grupo de Trabajo de Hipnosis Psicológica de nuestro Colegio Oficial de Psicólogos en Valencia, psicólogos de Valencia hemos podido formarnos y profundizar en el uso de esta técnica para aplicarla dentro de algunos tratamientos psicológicos.


QUÉ NO ES LA HIPNOSIS

Las personas que son susceptibles de beneficiarse de la hipnosis dentro de su tratamiento psicológico no son personas ni crédulas ni ignorantes. Personas de todo tipo y formación pueden dominar la habilidad que requiere esta técnica, habilidad que también se puede entrenar en el caso de que sea baja.

NO es esoterismo.

Tal vez  te sorprenda saber que la hipnosis es objeto de estudio científico por parte de psicólogos y que forma parte de la materia propuesta por prestigiosas universidades de psicología a la ancho y largo del mundo. Es cierto que hay personas que difunden una visión de la hipnosis acientífica, mágica y espectacular, pero estamos seguros de que, cuando acabes de leer este artículo, sabrás diferenciar a estas personas de los verdaderos profesionales de la psicología.

NO es un trance involuntario.

Es decir, la persona no puede quedarse inmersa en un estado hipnótico ajeno a su voluntad tal y como, equivocadamente, se propone en muchas películas o shows televisivos. La persona no pierde la capacidad de decidir ni queda sometida a ningún designio externo. Las sensaciones que, voluntariamente, decides experimentar durante la hipnosis, puedes voluntariamente cortarlas en cualquier momento que así lo desees.

NO es entrar en una especie de sueño.

De hecho, no tienen nada que ver. Es cierto que, algunas veces, una persona puede quedarse dormida durante la hipnosis, del mismo modo que durante una relajación o un monótono trayecto en el metro cuando se tiene sueño. Durante la hipnosis los psicólogos podemos convenir dar sugestiones de somnolencia, si así lo hemos acordado contigo, igualmente que reacciones diametralmente opuestas, como vivacidad, energía, etc…

NO provoca reacciones mágicas, rápidas, espectaculares ni involuntarias.

Con la hipnosis no podrás conseguir nada que no puedas conseguir también por otros métodos, y no quedarás “ a merced” de la persona que aplique la técnica contigo, es decir, más bien lo que ocurre es que tú colaboras con el psicólogo, acuerdas unos objetivos y pones de tu parte para que éstos ocurran. ¿ Cómo?, creando tus propias fantasías para cumplir con las sugestiones que has acordado con el psicólogo. Eso sí, costará entrenamiento, trabajo y esfuerzo, la hipnosis hay que trabajársela.

NO es una terapia psicológica en sí.

Del mismo modo que la relajación no es una terapia en sí. La hipnosis es una especie de adjunto, un facilitador si se quiere, de tratamientos psicológicos debidamente elegidos tras la evaluación de la problemática de la persona.


QUÉ ES LA HIPNOSIS REALMENTE

La hipnosis, utilizada por psicólogos con la debida formación, es una técnica más dentro del bagaje de herramientas psicológicas de un psicólogo. Como la mayoría de las técnicas en los tratamientos psicológicos, esta técnica puede representar una parte dentro de una intervención más compleja, intervención que se ha elegido tras realizar una evaluación de la situación de la persona que necesita ayuda. La palabra más acertada sería, tal vez, que es un “facilitador”.

En próximos posts explicaremos cómo discurre habitualmente una terapia en la que se sume el componente de la hipnosis y para qué tratamientos el psicólogo puede elegir utilizarla.

Si deseas acceder a la lista de psicólogos en Valencia especializados en esta técnica del  Colegio Oficial de Psicólogos, entre los que nos encontramos, puedes seguir este enlace: profesionales cualificados.

Mª José Miguel Quilis

Psicóloga de adultos en Valencia

Directora Apai Psicólogos

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Es un periodo de cambios evidentes a nivel biológico, pero también desde un punto de vista psicológico, emocional y relacional.

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La personalidad, ¿está en el cerebro?

La personalidad, ¿está en el cerebro?

EXTRAVERSIÓN

APERTURA A LA EXPERIENCIA

RESPONSABILIDAD

AFABILIDAD

INESTABILIDAD EMOCIONAL

¿Qué te dicen estas palabras?

Intuitivamente la mayoría de las personas diríamos que la personalidad debe de residir en el cerebro. En algún sitio debe de estar… Pero hasta que las técnicas de neuroimagen no han sido lo suficientemente sofisticadas, no ha sido posible buscar qué estructuras cerebrales estaban a la base de determinados rasgos de personalidad. Pero el cerebro no es un órgano cerrado, fijo y predeterminado, sino que está en constante interacción con el ambiente que nos rodea, con las cosas que nos pasan, y cambia día a día en base a esta interacción.

Los cinco grandes factores de personalidad

Los psicólogos hemos utilizado diversas taxonomías para clasificar los rasgos de personalidad. Una de las más conocidas es el MODELO DE LOS “BIG FIVE” O CINCO GRANDES FACTORES DE PERSONALIDAD.

Extraversión

La extraversión implica que eres muy sociable, pues te gusta estar en compañía de otros. Tiendes a evitar la soledad y te muestras atrevido en situaciones sociales. Te gusta estar constantemente estimulado y hablar. Sueles estar lleno de energía y ser entusiasta. La introversión, por contra, te lleva a ser reservado y preferir moverte dentro de un mundo que conoces bien. Antes que estar en entornos muy animados y sociales, prefieres estar solo, aunque te puedes mostrar muy hablador y esponáneo con gente que conoces bien. Tiendes más a pensar que a actuar.

Apertura a la experiencia

Si eres una persona abierta a la experiencia, seguramente serás una persona muy curiosa, te gustará la variedad y serás imaginativo. Te interesarás por las ideas novedosas e incluso por valores poco convencionales. El polo opuesto indica que prefieres ser más convencional tanto en tu conducta como en tu apariencia, que te sientes más cómodo con lo que es tradicional que nuevo. Seguramente tendrás una mentalidad más conservadora.

Responsabilidad

En la tercera dimensión, tenemos la responsabilidad. Si eres responsable serás auto-controlado, planificarás y organizarás tus tareas. Probablemente serás persistente para lograr tus metas y tenderás a ser puntual y escrupuloso. Si te encuentrsa en el polo opuesto, serás más relajado e informal, en ocaciones puedes llegar a ser descuidado.

Afabilidad

La afabilidad es el cuarto factor de personalidad. Si eres afable, probablemente te comportarás de manera muy considerada con los demás, llegando a ser altruista y solidario. En general, tenderás a formar vínculos personales amistosos. Si estás en el extremo opuesto, probablemente serás más competitivo y escéptico con los demás, llegando a ser a veces un poco egocéntrico, aunque puedes llegar a tener mayor profundidad de pensamiento crítico.

Inestabilidad emocional

El quinto factor de personalidad se la llamado inestabilidad emocional ( o neuroticismo). Si está en este extremo, probablemente tiendas a preocuparte por muchas cosas y a estar ansioso a menudo. Esto es así porque sueles percibir y detenerte en las situaciones negativas, generando emociones negativa más a menudo, más mantenidas y más largas. El otro extremo te sitúas si tiendes a preocuparte menos y toleras bien el estrés.

Localización cerebral de los factores de personalidad

Pues bien, en la última década se ha ido acumulando evidencia a favor de que estos cinco rasgos se relacionan con localizaciones cerebrales muy concretas. Con cierta precisión, podría incluso empezar a trazarse un mapa cerebral relacionado con cada uno de estos cinco rasgos.

Esto es importante, porque hasta hace poco, estos rasgos eran constructos teóricos, taxonomías descriptivas. La localización del sustrato neurológico de cada una de ellas, es importante. Porque quiere decir que, de alguna manera, los rasgos de personalidad con “programas de comportamiento” que tienen una localización cerebral determinada. Hasta hace poco, el interés estaba más centrado en los neurotransmisores como la serotonina o la dopamina. Ahora nuestro interés puede centrarse en qué partes del cerebro, qué haces de fibras concretos del cerebro están relacionados con cada uno de los rasgos de personalidad observado.

Dotación genética y experiencias

No obstante, como decíamos al inicio del artículo, la predisposición genética no determina necesariamente una conducta, puesto que está de sobra probado que la influencia ambiental puede cambiar la expresión de esa carga genética, también en lo relacionado con la personalidad. Es decir, que las experiencias que vivimos desde que estamos en el útero interaccionan con la dotación genética particular de cada uno de nosotros mediante unos mecanismos que se llaman de plasticidad neuronal. Esto acaba construyendo una arquitectura cerebral que permite que formemos reglas de comportamiento: nuestro propio manual de intrucciones para comportarnos en la vida y reaccionar a ella.

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