Los 4 errores que cometemos al afrontar el miedo

Los 4 errores que cometemos al afrontar el miedo

Los 4 errores que cometemos al afrontar el miedo

Tener miedo es una experiencia compleja. Nos paraliza o nos hace huir desesperadamente. En algunas ocasiones es útil y quedarse quieto o escapar nos ayuda a salir del peligro, pero en otras los miedos dominan nuestro día a día, no son beneficiosos y reducen nuestra calidad de vida.

Qué es el miedo

Es una emoción que se activa cuando nuestro cerebro detecta (o cree) que una situación es amenazante y peligrosa para nosotros. Al detectar la amenaza real o percibida aparece el temor, que consiste en una serie de cambios internos que nos llevan a buscar la mejor salida para la situación: quedarse quieto y hacerse invisible o huir y alejarse del peligro. Para hacer este análisis de si algo es peligroso o no y elegir la mejor actuación se produce un complejo intercambio de información en algunas partes de nuestro cerebro.Si te interesan las bases neurobiológicas del miedo, aquí tienes más información.

 

Ventajas del miedo cuando la amenaza es real

Si la amenaza era real, el miedo nos ayudará a protegernos. Por ejemplo, si vamos a cruzar por un paso de peatones pero por el rabillo del ojo percibimos un coche que viene rápido y no tendrá tiempo de frenar, el hecho de llevarnos un susto hará que lancemos nuestro cuerpo rápidamente hacia atrás, lo que puede salvarnos la vida.

Desventajas del miedo cuando no hay peligro

Sin embargo, en ocasiones hemos aprendido a tener miedo ante situaciones que no son habitualmente peligrosas. Puede ser que hayamos experimentado una situación alarmante o peligrosa en el pasado, por ejemplo que hayan intentado atracarnos en un supermercado, y que por ello sintamos mucha ansiedad cuando vamos a realizar una compra. También puede ocurrir que no seamos nosotros los que hemos tenido una situación angustiosa sino alguien cercano que nos lo ha contado, o que lo hayamos visto en la televisión. También puede ocurrir que alguna persona en nuestra infancia reaccionara con miedo o nos advirtiera constantemente de algún peligro. Sea como sea, en ocasiones podemos coger miedo a conducir, volar, subir en un ascensor, hablar en público, pedir a alguien que salga con nosotros, etc… y esto provoca que evitemos esas situaciones y nuestra calidad de vida y autoestima empeore. Cuando las evitaciones se extreman e interfieren en nuestra vida alcanzan la categoría de fobia.

 

Los errores que cometemos cuando tenemos miedo infundado

Huir de la situación

Aunque es una respuesta lógica frente al miedo, sólo es eficaz ante el miedo fundado. Cuando el miedo es infundado, huir nos relajará momentáneamente pero provocará un efecto en cadena que aumentará el nivel del miedo posterior hacia aquello de lo que hemos huido. En pocas palabras, huir al ascensor hará que tengamos luego más miedo al ascensor.

Evitar la situación

De nuevo es una respuesta normal cuando algo es peligroso: evitar una situacion peligrosa es saludable. Pero ante miedos infundados, la evitación, aunque de nuevo reduce el malestar momentáneamente, aumenta el problema que tenemos con el miedo, lo fortalece, además de disminuir nuestra autoestima y recortar las posibilidades de nuestro estilo de vida.

Posponer la situación

Posponer una situación que nos genera miedo sólo provocará un aumento de la ansiedad anticipatoria, un incremento del malestar y redundará en más probabilidad de evitación, lo que nos llevaría al punto anterior.

Obtener beneficios secundarios por el miedo

Cuando tenemos miedo y nos encontramos mal, de modo saludable las personas que nos rodean tienden a atendernos, a consolarnos y prestarnos atención. Estos beneficios sociales pueden favorecer el aumento de respuestas de miedo.

 

Estretegias eficaces para superar tus miedos

Para superar tus miedos es mejor coger el toro por los cuernos.

Si estás dispuesto a pasar un poco de ansiedad, este esfuerzo se verá recompensando. Enfréntate a lo que te da miedo, no lo pospongas, quédate en la situación sin huir y no aceptes ganancias por el miedo. Al principio la ansiedad subirá, pero si eres sistemático y empiezas primero por retos pequeños, con constancia verás que poco a poco tus esfuerzos darán resultado.

No sólo superarás tu miedo, sino que mejorará tu autoestima y recuperarás calidad de vida.

El esfuerzo en aguantar la ansiedad al enfrentarte a tu miedo, te compensará.

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De inteligencia emocional, ¿cómo vas?

De inteligencia emocional, ¿cómo vas?

PSICOLOGÍA ADULTOS

3 junio 2019

De inteligencia emocional, ¿cómo vas?

¿Inteligente? Sí, emocionalmente.

Durante mucho tiempo, el concepto de inteligencia y el concepto de emoción fueron separados en el ámbito de la psicología. Cuando se intentaba medir la capacidad intelectual de una persona, el esfuerzo iba dirigido meramente a las capacidades cognitivas y no se contemplaba incluir las capacidades emocionales como parte de la inteligencia. Todo esto cambió a finales del siglo pasado cuando quedó claro que el coeficiente intelectual al uso no predecía ni el éxito en la vida ni el éxito académico. Algo se nos estaba escapando.

El nacimiento de la inteligencia emocional

Aunque durante las décadas de los 70 y 80 el concepto de emoción cobró relevancia, no fue hasta principios de los 90 cuando se produjo la revolución de la inteligencia emocional. Fue una verdadera revolución porque el concepto salió de los círculos académicos para extenderse entre la población general. Goleman dio en el clavo con su libro Inteligencia Emocional, sabiendo hacer atractivo para el gran público un concepto que otros autores estaban estudiando ya en el ámbito científico.

Beneficios de la inteligencia emocional

Las personas con buena inteligencia emocional tienen mejor autoestima y mejor estado de ánimo. Las personas que la tienen suelen vivir con bienestar emocional y suelen tener una mejor perspectiva sobre la vida. Por tanto, los niveles de depresión son menores en personas con buena inteligencia emocional y el nivel de motivación suele ser mayor.

Inconvenientes de no desarrollar la inteligencia emocional

Una menor inteligencia emocional se asocia a mayores niveles de estrés. Esto es así porque las personas con menor inteligencia emocional identifican los problemas como una amenaza. Al identificar los problemas como una amenaza suelen responder impulsivamente o evitan enfrentarse a la situación. También se enredan en pensamientos rumiativos poco objetivos. Como resultado, sus intentos de solución de los conflictos tienen menos probabilidades de éxito, lo cual retroalimenta el estrés. Por este motivo, en nuestro equipo de psicólogos en Valencia, realizamos talleres de inteligencia emocional para niños: aprender estas habilidades en la infancia es garantía de felicidad futura.

¿Qué es exactamente la inteligencia emocional?

Aunque existen muchas definiciones, la inteligencia emocional vendría a ser algo así como un conjunto de habilidades y capacidades relacionadas con las emociones. Una de esas habilidades es la de reconocer las propias emociones, otra la de conocer las de los demás, pero la inteligencia emocional también implica saber regular esas emociones y saber resolver problemas utilizándolas bien.

Reconocer las propias emociones: la auto-conciencia emocional

La auto-conciencia emocional implica reconocer las propias emociones, saber ponerles un nombre preciso, identificar en qué parte del cuerpo se están expresando, etc… pero también conocer los antecedentes, es decir, saber qué sucesos son los que han disparado esa emoción.

Reconocer las emociones de los demás: competencias interpersonales

Las personas con buena inteligencia emocional son buenas leyendo las emociones de los demás, las comprenden e identifican bien. Pero no sólo eso, la inteligencia emocional también implica tener empatía, mostrar interés en dar y recibir afecto y tener capacidad de ser un miembro constructivo de la sociedad.

Saber gestionar las propias emociones: auto-regulación emocional

La regulación de las propias emociones es un punto clave de la inteligencia emocional ya que conocer las emociones propias y ajenas no sirve de nada si no sabemos regularlas para que nos ayuden. La regulación de las emociones busca encontrar el equilibrio emocional. ¿Cómo lograr ese balance? Desde luego no suprimiendo las emociones negativas como algunas personas piensan, sino seleccionando bien las situaciones, modificándolas cuando es conveniente, eligiendo los aspectos más importantes de la situación, seleccionando las interpretaciones de la situación más objetivas y beneficiosas y modulando, finalmente, nuestra propia respuesta emocional.

Resolución de problemas cotidianos

Todas las habilidades anteriores, que son propias de la inteligencia emocional, nos pueden servir para fines prácticos. La inteligencia emocional puede ayudarnos a ser conscientes de los problemas que tenemos pero a sentirnos seguros sobre nuestra capacidad para afrontarlos. Para ello nos puede ayudar hacer un esfuerzo por definir el problema claramente y generar tantas soluciones como sea posible. Una vez llegado a este punto, la inteligencia emocional nos ayudará con la motivación para poner en práctica las herramientas para intentar dar el mejore enfoque al problema.

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Si salimos a la calle y preguntamos, al azar, a las personas que circulan por ella, si alguna vez han tenido ansiedad, seguramente una gran mayoría nos responderán afirmativamente. Esto es así porque la ansiedad, como cualquier otra emoción de las comúnmente etiquetadas como negativas, es un patrimonio humano universal. Pero no todas son iguales, existen diversos tipos de ansiedad.

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La rumiación mental es un tipo de pensamiento repetitivo y pasivo sobre un asunto que nos preocupa. Habitualmente se rumia sobre por qué ocurre lo que nos preocupa, de dónde viene, qué consecuencias tiene, etc… generándose un pensamiento circular que no nos lleva a “encontrar la punta de la madeja” sino a enredarnos cada vez más en ella.

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Plaça de l´Ajuntament, 8, 3, 46002 València
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¿Cómo hacer que tus propósitos de Año Nuevo cuajen?

¿Cómo hacer que tus propósitos de Año Nuevo cuajen?

PSICOLOGIA ADULTOS
21 diciembre 2018

La psicología de los propósitos de Año Nuevo

Ya estamos en esas fechas simbólicas en las que muchos de nosotros nos proponemos cambios importantes en nuestra vida. El inicio de algo, en este caso del año nuevo, parece ponernos en contacto con la posibilidad de cambiar algo en nuestras vidas. Son símbolos, ritos, corrientes de motivación que podemos aprovechar para subirnos al tren. Pero, ¿por qué es más fácil proponerse que cumplir?, ¿qué hace que algunos buenos propósitos se queden en nada? Ten en cuenta los siguientes factores que nos enseña la psicología para, este año sí, triunfar.

Primera reflexión:

¿Por qué o por quién quiero cambiar?

Lo primero que puede ayudarte a no embarcarte en proyectos que no vas a poder cumplir es una reflexión seria sobre los propósitos. Plantéate, exactamente, por qué quieres dejar de fumar, comer mejor, hacer deporte… o lo que sea que te has propuesto. Piensa cuál es el objetivo, qué ventajas esperas tener. Escríbelas. Y, sobre todo, plantéate si el cambio lo quieres hacer por ti o por presiones externas.

Hacer una cambio personal sólo por los demás no suele funcionar, aunque puedes aprovecharlo para – a raíz de las presiones – plantearte qué beneficios puedes tener tú por iniciar el cambio.

Segunda reflexión:

¿Son realistas mis objetivos?

Cualquier cambio que te propongas, aunque parezca obvio, deber ser realista. La psicología te aconseja que pienses si tienes los medios apropiados para conseguirlo, si es factible dentro de tu agenda u obligaciones. Embarcarse de buenas a primeras en algo con implicaciones que no habíamos previsto, lleva a un abandono temprano.

Tercera reflexión:

Planificación

En esto, no vale un “pensat i fet”. Siéntate y diseña un plan de cómo vas a hacerlo. Los psicólogos sabemos que suele funcionar el cambio progresivo, el incorporar poco a poco rutinas nuevas a tu vida, rutinas realistas y que se vayan intensificando poco a poco. Por supuesto, rutinas que puedas mantener a largo plazo y que te dejen tiempo y energía para el resto de cosas de tu vida.

Cuarta reflexión:

Anticipa los obstáculos

No hay mayor punto fuerte que conocer el punto débil. Analiza las razonas que te va na dificultar continuar: ansiedad, pensamientos del tipo “por una vez no pasa nada”, tentaciones externas… Si conoces el enemigo, puedes desarrollar estrategias para hacerle frente. Si no, te cogerá por sorpresa y no podrás reaccionar.

Quinta reflexión:

Si no funciona, pide ayuda

Si es objetivo es muy importante para ti pero sientes que es ambicioso o no estás seguro de poder conseguirlo tú solo: involucra a alguien, comprométete con alguien. Y si, aún así no funciona, un psicólogo puede ayudarte a detectar los aspectos emocionales, motivacionales, etc. que no te dejan conseguir lo que te propones.

¡Feliz año nuevo!

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Cómo funciona tu cerebro

Cómo funciona tu cerebro

PSICOLOGIA ADULTOS

18 diciembre 2017

Cómo funciona tu cerebro

¿A veces piensas una cosa pero acabas haciendo otra? Es un fenómeno bastante molesto y, en ocasiones, hace que nos sintamos culpables. Pero entendiendo cómo funciona nuestro cerebro por dentro podremos comprendernos y manejarnos un poco mejor. Según la teoría del cerebro triuno de Paul MacLean nuestro cerebro está compuesto por «tres cerebros» que funcionan, o intentan funcionar, como uno único.

Tres formas de funcionar en nuestro cerebro

Cada uno de estos sistemas cerebrales funciona de manera diferente, habla de un modo diferente y quiere tomar el derecho a decidir sobre nosotros enfrentándose a los otros dos. Ahora entenderás porque el ser humano puede estar lleno de contradicciones. Estos tres sistemas cerebrales son: el reptiliano, el límbico y el neocórtex.

El cerebro reptiliano

Al cerebro reptiliano lo único que le importa es que tú sobrevivas “ahora”, es decir, que tu cuerpo pueda realizar las operaciones básicas para estar vivo: regula tu temperatura, vela por tu ritmo cardíaco, etc… Este cerebro funciona de forma muy estereotipada o impulsiva: responde automáticamente en función del estado en que esté tu organismo. De entre los tres cerebros, el reptiliano está localizado en la parte más baja de nuestro cerebro, incluyendo los ganglios basales y el tronco del encéfalo.

El sistema límbico

La segunda parte de nuestro cerebro, el llamado sistema límbico, se sitúa directamente encima del cerebro reptiliano. Este cerebro es mucho más complejo que el reptiliano, porque está basado en nuestra capacidad de aprender a través de las emociones y es de enorme trascendencia para los psicólogos, pues una parte del trabajo importante que se hace a diario en una consulta de psicólogo es trabajar con el sistema límbico, deshaciendo respuestas emocionales automáticas que se han creado ante determinadas situaciones e intentando crear nuevas asociaciones más productivas y saludables.

Si haces algo que te hace sentir bien, tu sistema límbico intentará repetirla o generar las condiciones para que ese bienestar vuelva a ocurrir: piensa el papel que esta estructura puede tener en las adicciones, por ejemplo. Si haces algo que te provoca malestar, tu sistema límbico inhibirá esa conducta o te alejará de los entornos en los que es más probable que vuelvas a sentirte de esa manera: piensa el papel que esto puede tener en la creación y mantenimiento de las fobias o los trastornos obsesivo-compulsivos.

El neocórtex

Al final de todo, y por el momento, de nuestros tres cerebros, el cerebro más reciente que tenemos es el neocórtex, es decir, nuestra corteza cerebral.

Este cerebro es mucho más sutil que los otros dos, es muy complejo, tiene capacidad para trazar proyectos a largo plazo y para detectar matices que los otros dos cerebros no captan. Es el responsable también de que podamos revisar nuestro propio comportamiento para analizarlo y decidir qué tal hemos estado en un momento dado. Todo pensamiento sistemático, toda capacidad lógica, todo lenguaje organizado. Por eso es tan importante para la terapia cognitivaque llevan a cabo los psicólogos. Aunque ahora viene lo realmente interesante.

La interconexión entre los tres cerebros

Los últimos avances en neurociencia han demostrado que estos tres cerebros no son como unas piezas de lego montadas las unas sobre las otras. Lógicamente, ésta es una abstracción y una simplificación, aunque nos ayuda a entender los conflictos y los problemas que presentamos los seres humanos. La realidad es que la aparición de cada uno de estos tres cerebros ha ido modificando en cierta medida a los otros y que el cerebro quiere responder de un modo global, interconectado, para dar mejor salida a nuestras decisiones y respuestas; al menos lo intenta, aunque no siempre lo consigue.

La importancia del sistema límbico en las emociones

Una emoción es un proceso mental no consciente que crea un estado de predisposición a actuar de una manera determinada. Aunque no se reduce a estas dos estructuras, dentro del sistema límbico del que hemos hablado anteriormente sobresalen dos estructuras de gran importancia a nivel emocional: la amígdala y el hipocampo. Si has acudido alguna vez al psicólogo, de la primera, la amígdala, seguro que habrás escuchado hablar. La amígdala (que no tiene nada que ver con las amígdalas), es una estructura fascinante, pues hace todo esto por ti: interpreta rápidamente la cara de la persona que tienes enfrente para detectar su estado emocional; te mantiene vivo y protegido, pues hace que huyas cuando sientes miedo, pues se percata muy rápidamente de los peligros.

El problema viene en que también genera falsas alarmas y que se puede quedar “encendida” cuando ya ha pasado el peligro (como en el trauma) o cuando no ha habido peligro pero ella así lo ha interpretado (como en el trastorno de pánico, en las fobias, etc…) Del hipocampo, los psicólogos en consulta hablamos menos, pero es una estructura fundamental con la que también trabajamos, pues puede ayudarnos a frenar las falsas alarmar de la amígdala, dándoles un contexto y un lugar. Nos puede ayudar mucho porque sí tiene capacidad de procesar y codificar a nivel lingüístico y por lo tanto puede servir de puente entre la amígdala y la corteza cerebral.

Conclusiones de los tres cerebros

Ahora que conoces como nuestro cerebro ha ido complejizándose a lo largo de nuestra evolución con la aparición de diferentes estructuras, entenderás que sigue en proceso de evolución, intentando ayudarte en tu día a día del modo en que mejor puede. Por supuesto que comete errores, que se engancha (es normal), el mundo ha cambiado mucho desde que aparecieron cada una de sus estructuras, pero siempre intenta protegerte. Si ves que tu cerebro no encuentra la salida para ayudarte en tu día a día, si tienes una fobia, una adicción, un trastorno obsesivo, un trastorno alimentario…. Sea lo que sea, acude a un psicólogo, él te ayudará a salir del atolladero.

Por cierto, que se está investigando mucho sobre cómo el mindfulness puede ayudar a integrar esos tres cerebros para que funcionen de manera más globalizada y eficaz.

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La comparación: esa forma sutil de agresión

La comparación: esa forma sutil de agresión

PSICOLOGIA ADULTOS
24 abril 2017


La comparación: esa forma sutil de agresión

Comparar, o compararse, es una forma de juicio moralista. Un juicio moralista, en términos de comunicación, supone una clasificación moral de nuestra propia conducta o la conducta de otra persona, basada en la premisa de que algo falla en esa conducta o que tras ella se esconde una mala intención, lo que acaba haciendo más probable una agresión verbal o física contra esa persona. Lo que desoye la comparación, lo que ignora el juicio moral, son las necesidades del ser humano que hay bajo esa conducta, la historia personal que arrastra. Es, pues, una forma de comunicación violenta.

La comparación hacia los niños

“Mira Joel qué bien lee ya, y tú no”
“María ya no lleva pañal, tienes que hacer como ella”
“Tu hermano sacaba mejores notas a tu edad”

Entendemos los motivos que llevan a los padres a emitir estos comentarios: quieren conseguir de sus hijos alguna cosa que piensas que es buena para ellos: que se esfuerce en leer, que aprenda a controlar esfínteres, que estudie y mejore sus notas. No compartimos, sin embargo, la forma. Detrás de estas comparaciones, él niño lee un “no soy lo suficientemente bueno, los demás son mejores que yo, si no consigo lo que consiguen los demás decepcionaré a las personas que me importan”. Esto, además de doler y estresar, sienta las bases para una comunicación exigente y dura con uno mismo cuando el niño se haga mayor. Ha aprendido que, para mejorar, debe hablarse mal, debe exigirse, debe ser duro consigo mismo. La forma de comunicación que reciben los niños en la infancia, influye en como se hablan a sí mismos de adultos.

La comparación hacia nosotros mismos como adultos

“Debería ir al gimnasio”
“Debería ser más ordenado”
“Debería ser más sociable”

Estas frases son formas interiorizadas, en la adultez, de los juicios morales y las  comparaciones de nuestra infancia, aquellas que recibimos de nuestros padres, de nuestros profesores, de la gente de la calle. En algún lugar del camino aprendimos que nos somos lo suficientemente buenos, que hacemos las cosas mal, que merecemos hablarnos así. Esto genera baja autoestima, frustración y decepción con nosotros mismos.

Otras formas de comunicación violenta: exigir nuestros deseos

Las exigencias amenazan, tanto explícita como implícitamente a la persona a la que se las hacemos. ¿Por qué? Porque le informan de que les echaremos la culpa o las castigaremos si no nos satisfacen, lo que genera presión emocional y merma sus derechos de libre actuación, sus derechos asertivos.

La comunicación no violenta: comunicación basada en la compasión

Es un tipo de comunicación muy importante, que nos ayuda a expresarnos con sinceridad y claridad, al tiempo que prestamos una atención respetuosa y empática a los demás. Le dedicaremos un post en las próximas semanas.

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Cómo regula el cerebro nuestras emociones

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PSICOLOGIA GENERAL
17 abril 2017


Cómo regula el cerebro nuestras emociones

Las neurociencias son fundamentales, hoy en día, para entender cómo se regulan las emociones en las personas. Una de las investigaciones más interesantes a este respecto es el sistema de regulación de los afectos de Paul Gilbert.

El sistema de regulación de los afectos


Según Gilbert (2009) existen tres sistemas neurológicos básicos, conectados entre sí, que regulan nuestras emociones. Estos sistemas, pulidos y refinados en el devenir de nuestra evolución como especie, se van activando en nuestra propia vida individual, en especial en los primeros años de vida, según nuestros seres queridos reaccionan ante nosotros, ante nuestras conductas.

El primer sistema: la amenaza y la protección

Este sistema se activa cuando se detecta una posible amenaza. Su función es detener las amenazas o los riesgos para nuestra integridad y nos ayuda a elegir una respuesta rápida para enfrentarnos a ese potencial peligro; genera emociones como la ansiedad, la ira o el disgusto y es regulado principalmente por las hormonas adrenalina y cortisol. También es el responsable de la sumisión. Para que se ponga en funcionamiento ese sistema no hace falta que la amenaza sea real, un simple estimulo asociado a un recuerdo amenazante puede hacer que dispare este sistema. Con todo, este sistema, aunque extremadamente adaptativo y útil, no es perfecto. Por ejemplo: a veces entramos en conflicto cuando este sistema se activa pero no somos capaces de decantarnos una sola respuesta: ¿debo huir?, ¿o aquí es mejor someterme?, ¿o tal vez lo que toca ahora es luchar? Por otro lado, este sistema no se desactiva hasta que se activa alguno de los otros dos, por lo que puede llevar a la sobrecarga

El segundo sistema: la activación para la búsqueda de incentivos y recursos

La función de este sistema es motivarnos para la acción, para la búsqueda de recursos que necesitamos para sobrevivir y que nos produzcan recompensa o nos hagan sentir la sensación de logro. Este sistema nos anima a encaminarnos hacia nuestros objetivos vitales, generando emociones que nos conduzcan a ello. Es principalmente un sistema activador o reforzante y se activa a través del neurotransmisor dopamina, que genera el sexo, las drogas o la búsqueda de sensaciones. También puede activarse sólo al recordar logros pasados o imaginando el cumplimiento de objetivos futuros. Pese a que este sistema supone un importante elemento motivador para conseguir nuestros objetivos, no está exento de problemas, dado que una excesiva motivación de logro provoca visión túnel y puede conducir a que no tengamos en cuenta que estamos haciendo daño a otros, o a otras áreas de nosotros mismos, por conseguir nuestros objetivos: por ejemplo, una anoréxica que se siente triunfal cuando baja de peso, o una persona con una adicción. De hecho, este sistema es bastante adictivo y es uno de los más fomentados en el mundo occidental.

El tercer sistema: el confortamiento, la satisfacción y la seguridad

Aporta calma y tranquilidad, una sensación de satisfacción, donde uno no desea ni evita nada. Es muy diferente a la euforia o a la sensación de logro. Las endorfinas y la oxitocina (la hormona que se segrega cuando nos dan un abrazo) están implicadas en este sistema, generando emociones que nos hacen sentir valiosos y seguros. Este sistema se activa cuando recibimos conductas de cuidado, de afiliación, de vínculo, de amabilidad. Cuando se activa, al sentirnos seguros, aumentan nuestras capacidades creativas y nuestro deseo de explorar el entorno.

El delicado baile entre los tres sistemas

Como hemos dicho antes, estos tres sistemas están conectados y se relacionan entre sí. Por ejemplo, el sistema de amenaza es prioritario: si se activa, los otros dos se inhiben; al fin y al cabo, lo primero es vivir, y luego ya viene todo lo demás. Otro ejemplo sería cómo, cuando queremos y esperamos conseguir algo y esto se frustra (se frustra nuestro sistema de recursos e incentivos), se activa el sistema de amenaza y protección para movilizar la energía suficiente como para resolver la amenaza que impide que se cumplan nuestros planes. Otro aspecto interesante es que el sistema de bienestar es una especie de regulador interno de los otros dos sistemas.

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